Más mujeres avanzan en política, mientras los hombres se rezagan en las aulas

Por Octavio Santos

La República Dominicana ha ampliado durante los últimos años la incorporación de la perspectiva de género en sus estadísticas oficiales, con el propósito de identificar las diferencias entre hombres y mujeres y utilizar esa información en el diseño y evaluación de las políticas públicas. Sin embargo, los indicadores más recientes muestran que los avances en la realidad siguen siendo desiguales.

La actualización de 2026 de los indicadores de género vinculados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), elaborada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), registra progresos en determinadas áreas, retrocesos en otras y brechas cuya evolución resulta difícil de establecer, porque los últimos datos disponibles tienen varios años de antigüedad.

La política de la ONE establece que el enfoque de género debe incorporarse a las distintas fases de la producción estadística y que esos datos deben servir para identificar diferencias y desigualdades entre hombres y mujeres como insumo para formular, dar seguimiento y evaluar políticas públicas.

El proyecto que sustenta la nueva medición busca aumentar la disponibilidad de información con perspectiva de género y producir indicadores relacionados con salud, educación, igualdad, trabajo e instituciones públicas.

Pero disponer de más información no significa necesariamente que las brechas estén desapareciendo.

La comparación entre las mediciones anteriores y la actualización de 2026 permite observarlo con claridad.

Cae la finalización escolar y aumenta la brecha entre hombres y mujeres

Uno de los cambios más pronunciados se registra en educación.

Durante el año escolar 2023-2024, el 80 % de los estudiantes había completado la primaria, el 69 % el primer ciclo de secundaria y el 62 % el segundo ciclo. En 2024-2025, esos porcentajes disminuyeron a 77 %, 55 % y 53 %, respectivamente.

La caída afectó a ambos sexos, pero fue mucho mayor entre los varones.

En primaria, la tasa de finalización de los hombres pasó de 79 % a 76 %, mientras entre las mujeres bajó de 83 % a 81 %.

La diferencia aumenta al avanzar en el sistema educativo.

En el primer ciclo de secundaria, la finalización entre los hombres cayó de 67 % a 49 %, mientras entre las mujeres disminuyó de 74 % a 64 %.

En el segundo ciclo, los varones pasaron de 60 % a 48 % y las mujeres de 65 % a 59 %.

El resultado es una reducción general de la finalización escolar acompañada de una mayor distancia entre ambos sexos.

El índice de paridad de género refleja el mismo fenómeno. La ONE establece que un valor de uno indica paridad; cuando supera esa cifra, la desigualdad afecta a los hombres, y cuando se sitúa por debajo, perjudica a las mujeres.

En primaria, ese índice pasó de 1.05 en 2023-2024 a 1.1 en 2024-2025. En el primer ciclo de secundaria aumentó de 1.10 a 1.3 y en el segundo, de 1.08 a 1.2.

Los datos muestran que la desigualdad educativa no desaparece, sino que en esos niveles se amplía en perjuicio de los hombres.

Más mujeres en el Congreso, pero menos en los gobiernos locales

La participación política presenta otra evolución desigual.

La proporción de escaños parlamentarios ocupados por mujeres era de 27.9 % en 2016. Disminuyó a 24.7 % en 2020 y aumentó a 36.8 % después de las elecciones de 2024.

El comportamiento en los gobiernos locales fue inverso.

La participación femenina pasó de 29.2 % en 2016 a 28.2 % en 2020 y a 24.9 % en 2024.

Esto significa que entre 2016 y 2024 la proporción de mujeres en el Congreso aumentó 8.9 puntos porcentuales, mientras su representación en los gobiernos locales disminuyó 4.3 puntos.

Los dos indicadores forman parte del mismo objetivo de observar el acceso de las mujeres a posiciones de decisión política, pero muestran trayectorias opuestas.

Baja la mortalidad, pero aumenta la hepatitis B

En salud también aparecen resultados distintos.

La tasa de mortalidad de personas de 30 a 70 años atribuida a enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y enfermedades respiratorias crónicas pasó de 254.7 muertes por cada 100,000 habitantes en 2020 a 228.3 en 2022.

Entre los hombres disminuyó de 307 a 268.5 por cada 100,000 habitantes, mientras entre las mujeres pasó de 203.8 a 189.2.

La mortalidad se redujo para ambos sexos, aunque la tasa masculina continúa siendo considerablemente superior.

Con la hepatitis B ocurre algo distinto.

En 2024 se registraban 15 casos por cada 100,000 habitantes: 14.5 entre las mujeres y 15.5 entre los hombres.

Para 2025, la incidencia general aumentó a 15.9 casos por cada 100,000 habitantes, con tasas de 15.8 entre las mujeres y 16 entre los hombres.

La diferencia entre ambos sexos se redujo, pero al mismo tiempo aumentó la incidencia general.

El dato muestra que una menor brecha de género no equivale necesariamente a una mejor situación para la población.

Bajan los accidentes laborales, pero los hombres siguen más expuestos

Los accidentes laborales mortales y no mortales también disminuyeron entre las dos últimas mediciones.

En 2024 se contabilizaron 1,467 accidentes por cada 100,000 trabajadores formales. Entre los hombres la tasa era de 1,712 y entre las mujeres, de 1,187.

En 2025, el indicador general se redujo a 1,392 accidentes por cada 100,000 trabajadores. La tasa masculina bajó a 1,594 y la femenina a 1,168.

La incidencia disminuyó en ambos grupos, aunque continúa siendo mayor entre los hombres.

Una de las principales brechas sigue sin datos recientes

El trabajo doméstico y de cuidados no remunerados presenta una de las diferencias más amplias entre hombres y mujeres

Las mujeres dedican el 14.5 % de su tiempo a estas actividades, frente al 5.9 % de los hombres.

El indicador incluye preparación de alimentos, limpieza, lavandería, compras, mantenimiento del hogar y cuidado de niños, adultos mayores, enfermos o personas con discapacidad.

Sin embargo, la cifra corresponde a 2021.

Esto impide establecer, con la actualización de 2026, si esa diferencia se ha reducido o ampliado durante los últimos cinco años.

La antigüedad de algunos datos constituye una de las principales limitaciones para evaluar cuánto ha cambiado la situación.

El indicador sobre participación de jóvenes y adultos en educación y formación utiliza información de 2018; el desarrollo infantil corresponde a 2019; el trabajo doméstico, a 2021; las competencias de lectura y matemáticas, a 2022; y la satisfacción de la población con los servicios públicos digitales también se basa en datos de 2022.

Por ello, aunque el documento está actualizado en 2026, no todos sus indicadores describen la realidad del mismo período.

La comparación permite observar dos procesos diferentes.

Por un lado, el país ha fortalecido su capacidad para medir las diferencias entre hombres y mujeres, con mayor disponibilidad de estadísticas e indicadores oficiales.

Por otro, los resultados sociales no avanzan en una sola dirección.

Aumentó la presencia de mujeres en el Congreso, disminuyeron determinadas tasas de mortalidad y se redujeron los accidentes laborales. Al mismo tiempo, cayó la finalización escolar, con un deterioro especialmente pronunciado entre los varones; disminuyó la presencia femenina en los gobiernos locales y persiste una marcada desigualdad en la distribución del trabajo doméstico y de cuidados.

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