¿Cómo asumirá el liderazgo político la “abstención consciente” en las pasadas elecciones?

Por Osvaldo Santana

Todo el mundo sabe del hastío que afecta a un porcentaje importante de los votantes dominicanos, de cómo los resultados electorales suelen verse influidos por el dinero, que muchos pobres no puedan aspirar a nada, ni siquiera al interior de los partidos, y cómo victorias avaladas por la Junta Central Electoral (JCE) en realidad están marcadas por falta de legitimidad por la adhesión comprada. 

Que la abstención creciente, desde 2020, es reflejo ya de un rechazo consistente de quienes no se sienten representados en las propuestas del sistema político y prefieren quedarse en sus casas. También está el abstencionismo por miedo (percepción de inseguridad en los centros de votación) o porque no “vale la pena”. 

Todo eso es pan común tras cada proceso electoral, lo que nadie tenía era el dato, una investigación que avalara lo que tanto se decía sobre la frustración de amplias capas ciudadanas respecto a los procesos electorales. Ahora, los hallazgos del “Estudio sobre la Abstención Electoral”, patrocinado por la JCE, y ejecutado por el Centro de Asesoría y Promoción Electoral (Capel) y el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) viene a confirmar las percepciones sobre la degradación del sistema de elección popular en la República Dominicana.

Lo revelado por ese estudio plantea un serio cuestionamiento al sistema político, y en particular a los partidos: “…La investigación identifica que la abstención no es un síntoma de apatía, sino una decisión política consciente y cargada de contenido. Entre las principales razones para no acudir a las urnas en 2024 a nivel nacional destacan el hecho de que ningún candidato convence (19%) y la falta de confianza (14%). El perfil de la clase política es preocupante: el 38% de los residentes en el país y el 34.6% de los dominicanos en el exterior perciben a los políticos como corruptos, mientras que las valoraciones positivas de honestidad son marginales (apenas un 5%) a nivel nacional.

“Esa ruptura del vínculo representativo ha transformado la abstención en diversas modalidades: desde la abstención ética o politizada en el Distrito Nacional -entendida como un rechazo al clientelismo- hasta la abstención por autoprotección en zonas con mayor presión social o violencia. Un hallazgo crítico es el impacto erosivo del clientelismo, práctica que desagrada al 74,4% de la población nacional, pero que sigue siendo una dinámica estructural donde el 14% admite haber recibido regalos o apoyos a cambio de su voto. 

“A esto se suma un déficit significativo de educación cívica: el 41% de los abstencionistas nacionales nunca recibió formación sobre sus deberes democráticos, lo que genera inseguridad en los jóvenes que optan por no votar ante el temor de “votar mal” por falta de criterio”.

Una esperanza/la paradoja

El estudio, ante un panorama tan desolador, plantea sin embargo una esperanza sistémica: “La adhesión a la democracia se mantiene, pero no viene acompañada de confianza en el sistema político que la administra. En la encuesta nacional y de dominicanos en el exterior aparece una paradoja fundamental: la ciudadanía no rechaza la democracia como ideal normativo, pero sí desconfía del sistema político que la gestiona. La democracia es valorada como principio, pero cuestionada como experiencia concreta”.

“Entre los dominicanos residentes en el exterior, el 70,7% está “de acuerdo” o “muy de acuerdo” con que la democracia, aunque tenga problemas, es el mejor sistema de gobierno. De manera similar, los resultados de la encuesta nacional muestran que el 74% prefiere un sistema democrático frente a otras formas de gobierno”.

Las ofertas

Entonces, queda claro que para los abstencionistas la cuestión reside en los actores políticos, que no los estimulan ni los perciben como garantes o promotores de una oportunidad o un sueño que los haga moverse a las urnas. No hay confianza.

Arriba de todo están los gobiernos fracasados, que son un espejo de lo que podrían percibir hacia el futuro de los proponentes como “más de lo mismo”. “Los datos evidencian que la desconfianza aparece sistemáticamente como el motor principal del retiro de las urnas alimentada por una percepción de que los partidos políticos no logran traducir el sufragio en mejoras visibles para el bienestar básico o la justicia social”.

La abstención es consciente, un acto deliberado. “En los testimonios recogidos se identifican indicios de que la abstención opera como una forma de comunicación política silenciosa. Para el ciudadano, el acto de no votar constituye, en ocasiones, una evaluación crítica frente a una oferta electoral percibida como “más de lo mismo” (47% de los encuestados) o condicionada por prácticas clientelares. Se reportaron situaciones asociadas a una baja confianza en el secreto del voto (apenas 38%), lo que sugiere que “el fantasma de la vigilancia” política (como consecuencia del clientelismo) sigue operando como una fuerza erosiva sobre la autonomía individual…”

El abstencionismo se expresa en todos los grupos etarios

Un elemento que debía mover a mayor preocupación de los actores políticos es que el abstencionismo no está signado por factores como la distribución de los pobladores en los territorios, o según sexo y edad. No. Es homogéneo y transversal entre los votantes, lo que reafirma su consistencia.

El estudio de Capel y el Iidh señala que “el análisis de la caracterización de la participación electoral permite concluir que en la República Dominicana se enfrenta un fenómeno de desafección que no se encuentra anclado en las variables sociodemográficas estáticas. Los hallazgos sugieren factores que el género y la edad poseen un poder explicativo limitado para comprender la caída de 15 puntos porcentuales en la concurrencia observada en la última década. La información disponible indica que la reducción del voto ha ocurrido de manera transversal y homogéneo en todos los grupos etarios y generacionales, lo que descarta la idea de que el abstencionismo sea un problema exclusivo de la juventud o de un segmento específico de la población.

¿Qué hacer?

La carga mayor de las revelaciones de la encuesta sobre el nivel de abstención con énfasis en las elecciones pasadas recae sobre los partidos. ¿Ignorar sus hallazgos? ¿Mirar para otro lado? Sería a un alto costo, toda vez que las afirmaciones de los abstencionistas apuntan hacia el sistema de partidos,  y en especial, en el sentido de que sus propuestas son más de lo mismo, cuestionan la integridad de sus dirigentes y no esconden la falta de confianza hacia sus lideres.

En algunos ejercicios reflexivos se ha considerado -mucho antes de que se conocieran los datos revelados por la encuesta- que el liderazgo, en particular la oposición, necesita hace tiempo formular propuestas que trasciendan los lugares comunes y que conlleven una reformulación del futuro imaginario nacional. ¿Qué sueños? ¿Qué esperanzas forjar sobre fórmulas viables para estimular a quienes resienten expresar su voto en las elecciones, acerca de un futuro que supere las trabas actuales para generar una sociedad donde se cuente con más equidad social, justicia, seguridad ciudadana y medios ciertos para la formación de las nuevas generaciones? 

Una visión que entusiasme y pueda movilizar a los descreídos y a los dominicanos en general.

Al final

Al final, una pregunta simple: ¿qué motivos habría tenido el Pleno de la JCE para ordenar una investigación de esa naturaleza?

La respuesta podría ser obvia dado su papel como organizadora de las elecciones, pero los motivos pueden ir más allá. Y quizás la mejor respuesta está contenida en los resultados mismos del estudio. La JCE monta el operativo para el ejercicio del sufragio, puede incluso promoverlo hasta el cansancio, pero la mayor responsabilidad sobre los resultados de la participación recae sobre los actores políticos, los partidos y sus dirigentes. También compete a los garantes de la seguridad ciudadana (gobernanza del país) en el momento de la votación. Así, la JCE puede estar diciendo, yo preparo la fiesta, pero quienes bailan son ustedes…

Osvaldo Santana
Osvaldo Santana
Osvaldo Santana es periodista.

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