Por Osvaldo David Santana
Iluminada en la quietud de la noche, la Puerta de la Misericordia se alza como uno de los escenarios más decisivos de la historia dominicana. Bajo la bandera que ondea en lo alto y entre muros de piedra centenaria, este umbral fue testigo del acto que marcó el inicio de la República.
En la madrugada del 27 de febrero de 1844, fue aquí donde Matías Ramón Mella disparó su trabuco, un gesto breve pero definitivo que encendió el movimiento independentista. Hoy, la luz artificial resalta las texturas del muro, mientras las siluetas humanas cruzan el arco, recordándonos que la historia no permanece inmóvil: se transita.
La escena captura el contraste entre la solidez del pasado y el movimiento del...