Por Osvaldo Santana
La administración de Luis Abinader vive una coyuntura que sumada a los arrastres del año anterior y a los fallidos intentos de principios de año de dar un salto hacia adelante, sugiere un momento crítico que requiere atención especial, de manera muy singular, del mismo presidente y de quienes lo acompañan.
Porque a los hechos del año pasado, agudizados desde septiembre, tras el duro golpe a su política de transparencia, con la escandalosa estafa del Seguro Nacional de Salud (SENASA), se le han agregado problemas materiales, que aumentan la erosión en la percepción respecto al gobierno honesto y exitoso que la sociedad aspira.
Ahora se presentan dos problemas no provocados por la Administración que lo agravan todo: 1) la injustificada guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y la escalada de precios del petróleo, que impacta los combustibles y sus derivados, imprescindibles en la industria, la producción de alimentos y la transportación, con sus efectos inflacionarios; 2) una temporada lluviosa atípica, que obliga a realizar erogaciones extraordinarias no previstas en el Presupuesto, ya estresado por el sobregasto corriente, el peso de la deuda y el creciente déficit fiscal.
Mirada al pasado reciente
El gobierno llegó al final del 2025 bajo el asedio de la corrupción que tanto había combatido desde la oposición. Después de cerrar un período crítico, en el que se vio empañada la joya más valiosa de sus cinco años de gestión, la transparencia, el gobierno entendió que el 2026 se abría como una nueva oportunidad para la recuperación de la imagen tras los escándalos en Senasa, sin mencionar lo del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT).
En esa perspectiva, Abinader anunció el comienzo de una “nueva etapa”, justo con el reinicio de las actividades oficiales desde los primeros días del 2026. Lo hizo mediante un anuncio inicial en la red social X, en el que incluso adelantó algunos cambios en el tren gubernamental como parte de ese recomienzo.
Dijo: “Iniciamos una nueva etapa de nuestro gobierno, con la que aspiramos a dejar una transformación que traiga consigo un mejor futuro y una mejor calidad de vida para todos los dominicanos, para la cual he tomado la decisión de realizar cambios en el tren gubernamental, por lo que el país verá en esta semana nuevas designaciones, rotaciones y ratificaciones de los funcionarios que me acompañan”.
Y emitió el segundo decreto del año, el 2-26, con el que hizo designaciones y remociones, en lo que se entendió como parte de un espíritu renovador.
Si bien Abinader trató de retomar la iniciativa, y modificar el sentido de la narrativa sobre la imagen de la gestión, y dentro de ese mismo temperamento reunió el Consejo de Ministros, el domingo 11 de enero, el impacto de la anunciada “nueva etapa” quedó bajo un eclipse tan pronto fueron conocidas las designaciones.
La sombra surgió desde las propias filas del Partido Revolucionario Moderno (PRM), cuando el presidente de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco, se quejó de que sus compañeros perremeístas eran maltratados en el gobierno y que incluso se lo había dicho personalmente al presidente Abinader.
¿Se diluyó la “nueva etapa”?
Que el presidente anuncie una nueva etapa en su gobierno, con la designación de nuevos funcionarios, y obviamente, la salida de otros, y que de inmediato reciba el “reproche” de gente importante de su partido, como el presidente de la Cámara de Diputados, evidenció una falta de sintonía. Lo anunciado quedaba así bajo un influjo negativo, que redujo el efecto perseguido por el mandatario.
Apura el paso
De todas formas, el presidente Abinader y su equipo apuran el paso, pero cuando menos lo esperaban, se desata la guerra que amenaza con socavar la economía global.
En esa circunstancia, el gobierno empezó absorbiendo el incremento de los aumentos en los combustibles y subsidiando los fertilizantes, pero al paso de los días, ha debido transferírselos a la población.
Por lo visto, el gobierno estimó que la guerra no se prolongaría demasiado. Para algunos, actúa como si no tuviera un plan claro de contingencia. Sin embargo, llamó al diálogo social y político.
El primer líder político en ser visitado fue el expresidente Danilo Medina. Se reunió con los ministros designados para dialogar.
A pocos días de ese encuentro, Medina declaró que el gobierno no tiene planes claros para encarar la situación. “… no tiene un plan concreto para enfrentar la crisis económica derivada del contexto internacional, y tiene un manejo inadecuado del gasto público. Áreas como las pensiones inmerecidas, nómina pública, transferencias al sector eléctrico y el servicio de la deuda, concentran una parte significativa del presupuesto nacional, y solo en el pago de intereses de la deuda se proyecta un gasto superior a los 300 mil millones de pesos en el presente año”.
Las lluvias
Y ahora las lluvias, que demandan mayores gastos corrientes y de capital para reponer infraestructuras arrasadas.
En efecto, mediante el decreto 234-26 el presidente Abinader declaró el estado de emergencia nacional en el Distrito Nacional, las provincias de Santo Domingo, Puerto Plata, Espaillat, Valverde y Santiago.
El gobierno, con el fardo del año pasado, que trató de remediarlo al inicio del nuevo período en enero, se ve complicado con la crisis decretada por la guerra, que se acrecienta por los desastres de la naturaleza de las últimas semanas.
Es obvio que el gobierno está en apuro. Afortunadamente, la sociedad ha sido paciente y acoge las políticas púbicas y la oposición se presenta en una actitud colaborativa y dialogante.











