Lito Santana
Esa mañana del 26 de noviembre del año 2015, había transcurrido de manera normal, como era una costumbre en la Junta Central Electoral (JCE). Realizaba mis labores en la oficina que ocupo como subdirector de Comunicaciones, bajo la dirección del distinguido periodista Don Félix Reyna, cuando el teléfono de la oficina sonó. En la pantalla pude ver que la llamada venía del antedespacho del presidente de la institución, Roberto Rosario Márquez. Aunque las llamadas de ese despacho no eran tan habituales, no me sorprendí, porque con algunas cosas puntuales recibía instrucciones por esa vía.
– “Don Lito, que suba, dice el presidente”, me informó una de sus asistentes del Despacho.
-Dígale que subo de inmediato, le contesté.
Ese tipo de llamada no sucedía a diario, pero tampoco era una sorpresa para mí. Sin embargo, y como me ha ocurrido en otras ocasiones, sentí como una sensación extraña, como “un sustico”.
Cuando llegué al antedespacho la joven me hizo pasar de inmediato y ya casi confirmaba que algo especial ocurría.
Tras el saludo normal entre Rosario Márquez y yo, el presidente fue al grano.
-“Doctor”, así nos decía casi a todos el presidente, y en tono muy sobrio me dijo: “lo mandé a llamar porque en breve viene para acá una visita especial. Se trata del embajador de los Estados Unidos “Wally" Brewster.
Este detalle sí que me asombró, pues para una ocasión como esa se suponía que quien debía estar en el despacho era el director de Comunicaciones, don Félix Reyna. Pero sentí como si comprendiera la situación y le seguí escuchando.
-El señor embajador de Estados Unidos me solicitó una cita aquí en mi despacho para una reunión que por la forma como se ha planteado tiene mucha trascendencia. Sin embargo, ese encuentro no va a ser difundido a ningún medio de prensa, ni generará ninguna información pública.
Cada palabra del presidente para mi alcanzaba una magnitud inesperada, pues aún no sabía porqué estaba yo en el despacho en ese momento.
-Lo he llamado a Usted para que se convierta en “Testigo de Excepción” de este encuentro. Usted se va a sentar ahí, en esa silla. No va a grabar, no va a escribir, no va a hacer nada de lo que usted como periodista sabe hacer. Sólo escuchar y preservar este encuentro para la historia.
Le confieso que, a partir de ahí, enmudecí.
No debieron pasar dos minutos, durante los cuales quedamos en silencio, cuando la puerta del despacho del presidente de la Junta Central Electoral, Roberto Rosario Márquez se abrió de manera abrupta y sorpresiva, para ver entrar al embajador de los Estados Unidos de Norteamérica, James Wally Brewster, acompañado de su igual de la Unión Europea, Alberto Navarro, la encargada de la sección política de la embajada norteamericana, Stacey L. Maupin, y un traductor, que después supe que era Robert Gerard McCollum, de nacionalidad canadiense, naturalizado dominicano, que además, fungía como intérprete oficial del presidente de la República Danilo Medina Sánchez.
Recuerdo que el presidente, Rosario Márquez, todavía estaba de pie y se dirigía a su escritorio tras conversar conmigo y se sorprendió tanto como yo.
-Buen día, señor embajador, le saludó el presidente, con la cortesía habitual, al momento que le invitó a sentarse en la silla seleccionada para él. De inmediato le mostró al traductor su asiento y al resto de la comitiva. Yo estaba en una esquina del despacho donde fui asignado.
El presidente le pidió entrar a una de sus asistentes, que habla inglés, para que tradujera lo que él diría, y pudiera igual precisar cualquier asunto de lo que dijera el embajador.
De repente se hizo un silencio, un ambiente se tornó denso, y para mí preocupante, hasta que Rosario Márquez rompió el hielo.
– ¿Cómo están las cosas, señor embajador?, le preguntó en un tono suave y apacible.
– Estoy muy incómodo, muy molesto con usted, dijo el embajador asistido por su intérprete.
Rosario Márquez no pudo ocultar su sorpresa con estas palabras iniciales del diplomático norteamericano, pero aun así respondió con amabilidad.
-No entiendo, ¿qué es lo que está pasando?
– Usted me habló mentiras y me puso a hablar mentiras a mis superiores en el Departamento de Estado de los Estados Unidos, dijo el embajador.
– Espérese un momento, le respondió Rosario Márquez, ya en un tono, aunque moderado, pero firme.
– Usted es más mentiroso que yo… y tiene que demostrarme eso que me está diciendo, continuó en tono enfático el magistrado Rosario Márquez.
Me supongo que para el traductor este fue su primer momento de tensión, pues levantó las dos manos como tratando de bajar la intensidad. En español balbuceo algo que escuché como “tengamos calma”.
Pero el embajador al parecer no escuchó esa parte, pues continuó candente con el tema.
– Usted me dijo en nuestra última conversación que su institución estaba dando todas las facilidades a los ciudadanos dominicanos de ascendencia haitiana para que pudieran regularizar su estatus, sus documentos y poder realizar sus vidas sin problemas con respeto a sus derechos. Cuando me requirieron desde el Departamento de Estado como iban esas gestiones, le dije lo que usted me había informado. Sin embargo, varias organizaciones de la comunidad e instituciones de la sociedad civil acaban de enviar un comunicado a Estados Unidos, en el que reiteran los abusos que ustedes comenten contra esas personas.
En ese punto, el doctor Rosario Márquez le interrumpió requiriendo en qué fundamentaba esa acusación, y agregó:
– Yo no puedo responder, ni creer en esas acusaciones que no conozco, vengan de donde vengan.
– Pues yo sí, ripostó el embajador, con evidente enfado.
– Lo correcto es que usted traiga las pruebas de esos casos, respondió Rosario Márquez.
– No tengo que traer ningunas pruebas, pues el documento que le hicieron llegar al Departamento de Estado establece que ustedes les están violando sus derechos a más de 55 mil ciudadanos dominicanos de ascendencia haitiana, colocándoles en condiciones muy difíciles y en violación de sus derechos. Estoy seguro de que usted sabe que esta actitud suya puede traer consecuencias, dijo el embajador.
Y de manera serena, Rosario Márquez reiteró:
-Pues de manera formal le solicito que me presente uno de estos casos que corroboren esa información. Le reitero que la Junta Central Electoral no ha negado la documentación a ninguna persona, en atención a la sentencia 168/13 del Tribunal Constitucional de República Dominicana y la Ley 169/14, aprobada por el Congreso Nacional, que ordenan a esta institución no inscribir en el Registro Civil a los hijos de inmigrantes en condición irregular. Y voy más lejos, me comprometo a instalar de urgencia una oficina nuestra en la Cancillería dominicana dedicada sólo a recibir estas denuncias y sus documentaciones.
A continuación, el presidente de la JCE le dijo: “Tengo aquí estos folders, pero no se los voy a entregar ahora, sino que se los mandaré vía Cancillería. Pues usted no cree en mí y yo no confío en usted. A partir de ahora yo no me reúno con usted si no está presente el Canciller”.
Después de esto se produjo un silencio sepulcral en el que pareciera que las cosas pasarían a mayores, pero no fue así.
Casi de colofón, el embajador, y no pude entender si como amenaza o para romper el hielo, le comentó a Rosario: “Recuerde que yo soy el embajador de su hijo”. Se refería al niño más pequeño del presidente de la Junta Central Electoral, que nació en Estados Unidos de Norteamérica.
Entonces, Rosario Márquez comentó: “también tengo otra hija que recibe docencia en una universidad de su país”.
Aunque el encuentro estuvo cargado de tensiones, el final hubo lo que podría decirse “salida diplomática” o “entendimiento”, entre el embajador y el presidente de la Junta Central Electoral, flotando en el ambiente el anuncio de que la Junta instalaría una delegación especial en la Cancillería dominicana para abordar los casos que requirieran atención especial o fuesen de interés de la embajada norteamericana.
Sentí que la despedida fue mucho más cordial que la “llegada”, aunque meses más tarde vi que no fue así, pues la embajada de Estados Unidos le canceló la visa de ese país al honorable magistrado, presidente de la Junta Central Electoral de República Dominicana, Roberto Rosario Márquez.
Nota: Al abandonar el despacho del presidente de la JCE supe que el señor embajador de Estados Unidos subió al tercer piso en directo. Entró a la institución franqueado, caminó hasta las oficinas donde estaba el equipo de asistentes de la recepción de la oficina de Rosario Márquez, y sin esperar a ser anunciado empujó la puerta de manera abrupta y entró junto a sus acompañantes.







