Por Santo Salvador Cuevas
La nación entera, no solo ha sido testigo de una cadena de hechos y acontecimientos novedosos, en el aparato judicial y en el seno de la sociedad.
Hemos sido testigos de las intervenciones recurrentes de la embadora de los Estados Unidos de América, que no solo restablece el visado a un exfuncionario, sino que lo hace, afirmando que esa embajada ha sido usada para dañar a ciudadanos e instituciones.
También la embajadora se lamentó en un documento público con timbrado de la embajada, rechazando que la justicia dominicana "sea politizada" e instrumentalizada para hacer daños.
De eso hemos sido testigos en las últimas dos semanas.
También seguimos paso a paso el juicio en donde la jueza Altagracia Ramírez declaró un "no ha lugar" por insuficiencia de pruebas, en favor de los señores Gonzalo Castillo y Ramón Peralta, mientras se aguarda que igual suerte corra el señor Donald Guerrero.
El pueblo vivió de cerca la caída estrepitosa de un caso con el que se ha confundido, durante seis largos años, a la ciudadanía.
Hasta el día de hoy y durante seis largos años, hemos visto de todo:
Manejo abusivo del Ministerio Publico; humillaciones contra exfuncionarios del pasado gobierno, a quienes sacaron de sus casas en calzoncillos y les exhibieron por las calles de Santo Domingo, con cascos de acero en sus cabezas.
Una cadena indolente de sucesos usando el poder mediático para condenar en el seno de la sociedad a ex funcionarios que siempre se portaron con decencia y delicadeza ante la población.
En seis años este ministerio "independiente" se encargó de destruir la paz familiar en cada hogar de los imputados, pues a las familias le hicieron creer que sus padres eran ladrones y delincuentes.
Quienes controlan el Ministerio Público, fueron los impolutos, los dueños de la verdad y el poder absoluto, abusando y haciendo del aparato judicial una porquería para maltratar, destruir y dañar honras ajenas, hasta que su moral de calzoncillo ha caído como castillo de naipes.
Pero, ahora, que las aguas se aclaran y la verdad resplandece, llega la hora de la pregunta social obligada:
¿Quién pagará por los platos rotos?
Quién va a resarcir la moral de Gonzalo Castillo y de Ramón Peralta.
Les pregunto: ¿ustedes continúan creyendo que este pueblo es idiota, que nunca va a reaccionar, ni va a pedir cuentas a cada uno de ustedes por los abusos, por violar el debido proceso y por usar el aparato judicial para hacer daño y decapitar al PLD?







