La ambición por el poder es el enemigo (1)

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Por Lauterio Vargas 

En la lucha por el poder y en la política no hay grandes amigos ni pequeños enemigos, sino oponentes y aliados circunstanciales, porque los compañeros de hoy mañana serán adversarios. 

Los conflictos interpartidarios por llegar al poder se repiten a lo largo de los años y se registran de una nación a otra, sin importar la época ni el continente en que se encuentren. Es como un círculo vicioso que se repite en forma cíclica.

Para las elecciones presidenciales del 16 de mayo de 1994 el expresidente de la República Dominicana, profesor Juan Bosch, quien siempre fue vinculado con la corriente ideológica marxistaleninista de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), se presentó nuevamente como candidato presidencial de su Partido de la Liberación Dominicana (PLD), del cual era presidente fundador y único líder, que es lo mismo que decir “Ley, Batuta y Constitución”. 

Para esos comicios, Juan Bosch aceptó la realización de unas primarias internas para seleccionar a su compañero de boleta que postularía a la Vicepresidencia. Por tradición, la escogencia del candidato o candidata vicepresidencial se ha dejado en manos del nominado a la Presidencia de la República de cada agrupación política, quien tiene la libertad de decidir a quién selecciona.

En esas primarias peledeístas, únicas de ese tipo que se han celebrado en República Dominicana, participaron como aspirantes vicepresidenciales José Joaquín Bidó Medina, Euclides Gutiérrez Félix y el joven abogado Leonel Fernández Reyna, quien ganó de forma avasallante, con más del 90 por ciento de los votos.  

Leonel Fernández Reyna era un dirigente peledeísta que, hasta ese entonces, no tenía historial trascendente en la opinión pública; era un total desconocido en las agresivas y agitadas lides políticas dominicanas. Su cargo más relevante había sido el de secretario de Prensa del PLD, pero aun así se impuso fácilmente contra sus dos contrincantes internos, quienes eran viejos robles en las filas del peledeísmo histórico del profesor Juan Bosch.  

Además del candidato presidencial con opción de poder, lo más cerca que puede llegar un dirigente político a ocupar la primera magistratura de un país, es estar en la vicepresidencia, pues el orden constitucional establece que en caso de que faltase el presidente de la República, el vicepresidente asumirá el mando mientras dure la ausencia y si esa ausencia es definitiva, el vicepresidente completará el periodo presidencial para el cual fue electo.

El profesor Juan Bosch sabía que la contienda electoral de 1994 era la última en las que participaría como candidato presidencial, ya que sentía el peso de los años y su salud empezaba a deteriorarse. 

Como político experimentado y conocedor de los escenarios electorales dominicanos, Bosch también sabía que su momento cumbre, como candidato puntero en la preferencia del pueblo, había pasado y que no ganaría esas elecciones. 

Las encuestas lo situaban en un lejano tercer lugar. Por eso, al aceptar a Leonel Fernández como su compañero de boleta, en ese momento el profesor Juan Bosch también escogió a su sucesor dentro del PLD y al próximo gran líder de esa agrupación política.

En el acto de proclamación de Leonel Fernández como candidato a la Vicepresidencia de la República, en las filas del peledeísmo histórico hubo muchos Absalones y Adonías (hijos del Rey Salomón en Israel) observando desde lejos, armando sus estructuras para, en la primera oportunidad, derrocar al escogido. 

También hubo muchos Stalin (Joseph Stalin, dictador ruso 1924-1953), luciendo sus tradicionales bigotes, observando detrás de las cortinas y armando sus estructuras internas, a espaldas de Juan Bosch, para asumir el control del partido y luego lanzarse tras la búsqueda del poder. 

En los cuadros internos del PLD, Leonel Fernández era visto como un heredero ilegítimo del peledeísmo, ya que, por su edad y su trayectoria, no contaba con ninguna estructura para impulsar sus aspiraciones políticas. 

Aunque era miembro del PLD desde su fundación, hasta ese momento, no había mostrado el potencial de un líder ni de candidato presidencial, porque en ese tiempo solo Juan Bosch podía presentarse como opción de poder. Hasta ese entonces la participación de Leonel Fernández en las batallas políticas había sido moderada. Nunca había aspirado a ningún cargo de elección popular.  

Pero al salir del anonimato para ser el candidato vicepresidencial, en la opinión pública empezaron a verlo como el heredero político del profesor Juan Bosch, aunque muchos no le reconocían los méritos para serlo, porque consideraban que no era un sucesor legítimo, como no lo fue Salomón para asumir el trono del rey David en Israel.

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