Por Federico Pinales
Con sus pechos erguidos y las frentes en alto, los dominicanos siempre levantan sus manos y cierran sus puños en defensa de la patria y en honor a su terruño.
“Nadie sabe lo que tiene hasta que no lo pierde”, reza un refrán popular. Esa es una verdad difícil de refutar y que solo la entienden aquellos que han tenido que emigrar, con la intención de superarse y progresar, esperanzados en algún día regresar a tratar de disfrutar lo que con mucho sacrificio lograron ahorrar.
El dominicano tiene fama de ser alegre, divertido y agradecido, pero sin olvidar de dónde ha salido, al que ofende su terruño le da su merecido.
Como no hay regla sin excepción y “donde quiera se cuecen habas”, habrá quienes desentonen y su patria definitivamente abandonen, frustrados y disgustados por algún mal trato que les hayan dado, algunos compatriotas inconscientes, ignorantes e incompetentes para tratar con la gente, en el exterior residentes, sin historial de malandros ni delincuentes.
Algunos maltratados, a veces ponen sus “truños”, pero por nada del mundo renuncian a su terruño y en defensa de su honor, a cualquiera le “entran a puños”.







