Por Osvaldo Santana
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Por Osvaldo David Santana
Hay momentos que no esperan. El juguete avanza, se escapa, se vuelve movimiento antes de poder sostenerlo. La mano queda atrás, suspendida en el intento.
En esa fracción de segundo ocurre algo más grande que el juego: el descubrimiento de que no todo se controla, de que hay cosas que siguen su propio curso. El gesto, la mirada y la distancia cuentan esa pequeña lección.
La infancia también es eso: aprender que el mundo se mueve, que no siempre se alcanza a tiempo, pero que siempre invita a volver a intentarlo.