¿Está la sociedad a la deriva, a merced de la insolencia y la ignominia?

Por Osvaldo Santana

Muchos países han vivido momentos de incertidumbre, incluso bajo amenazas externas, sin certeza de que sus líderes conocidos cumplirían con sus deberes de servir a la nación hasta el sacrificio. Tiempos en que la agonía reinaba y no había más camino que el derrumbe y la desolación.

Es inevitable pensar en naciones que se vieron al borde de perder su soberanía, aguijoneadas por las divisiones internas y la falta de un liderazgo claro, bajo el desconcierto generalizado. Y se levantaron. En otros casos, las frustraciones e insatisfacciones sociales y económicas, y la incertidumbre en la búsqueda de caminos hacia el avance, a consecuencia de políticas mal llevadas, condujeron al desasosiego generalizado que al final fueron superados.

O las ambiciones de jefes políticos, que no supieron manejar sus diferencias, violaron las normas institucionales y propiciaron un vacío llenado por un golpe militar que a su vez condujo a un oscuro laberinto, a una larga noche de desesperanza.

República Dominicana amanece sin aviso ante vientos tormentosos que avivan temores a una eventual emergencia de la insolencia, que, soliviantada en experiencias extranjeras -valga la distancia- calcula que podría replicar aquí. 

En este punto es útil preguntar: ¿Acaso no está República Dominicana en su mejor momento democrático tras la caída de Rafael Trujillo Molina?; Con todo y sus rezagos, ¿no cuenta la historia sobre un salto económico extraordinario y algunas mejoras en la calidad de vida, después del estallido de 1965? ¿Acaso no hablamos de un marco institucional, con una constitución de última generación, propia del siglo XXI, producto de un proceso nacional de consultas, aunque cíclicamente sometida a caprichos presidenciales?

¿Avanza o no el sistema judicial dominicano? ¿Se puede decir que la justicia es un mercado persa y de flagrancias corruptivas continuas? Hay problemas, pero no tanto.

Y la educación, sometida a crítica permanente en la búsqueda de mejoría, ¿refleja una sociedad racional o reproduce esquema fracasado durante todos estos años?

Las preguntas vienen al canto, porque con la insolencia en la calle y en las redes, se pretende proyectar un manto de culpabilidad repartida entre todos los liderazgos que han gobernado la nación post abril de 1965, como si todo fuera a peor. Claro que falta mucho por hacer, que en el proceso ha habido de todo, pero ¿acaso estamos ante el abismo, que obliga a lanzarse en los brazos del absurdo?

¿Hasta dónde los tiempos y las cosas que nos traen, se han coaligado para hacernos entender que la Nación ha caído de una forma tan brutal, que es preferible abandonar la marcha tortuosa y zigzagueante para lanzarnos al mar?

¿Qué tan catastróficas son las circunstancias? ¿Qué tan aborrecibles y repugnantes los liderazgos vigentes? ¿Qué hace pensar que los líderes dominicanos de hoy, con todos y los pecados que han podido cometer, las cosas que han dejado de hacer o no han podido hacer, o dejaron pasar, son tales que conduzcan a la descalificación que se pretende construir de la noche a la mañana?

¿Cuáles son los grandes motivos de la sociedad de hoy? ¿Qué piensa el dominicano de hoy sobre su realidad y el futuro?

¿Qué valores prevalecen?

¿En qué se sustenta pretender que la insolencia está en posibilidad de superar el liderazgo conocido, en todas sus vertientes y corrientes, amén de sus debilidades, que las tienen?

¿Quiénes tienen calidad para decir que los grandes problemas de la República Dominicana de hoy son responsabilidad de los “actuales liderazgos”, como si el sistema institucional estuviese reducido a los líderes, sin actores económicos, sociales, profesionales, religiosos, culturales…?

¿Bajo qué sombra se cobija la insolencia; qué jardín ha sembrado; cuál es el futuro que pregona?

¿Acaso la licuación de estos tiempos puede conducir tan lejos como precipitar el territorio al mar, como un barco a la deriva, en la búsqueda de un sueño que habrá necesariamente de derivar en una pesadilla?

¿O acaso le llegó al país la hora de la licuefacción social popularizada por Zygmunt Bauman, en la cual las estructuras, instituciones y normas de la sociedad resultan tan frágiles o vacías, tanto, que cualquier famoso puede disponer de las voluntades por la suma

Osvaldo Santana
Osvaldo Santana
Osvaldo Santana es periodista.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

spot_img
spot_img
spot_img

Las más leídas

La confirmación de Valdez Albizu en el BCRD refleja que Abinader quiere estabilidad hasta el final

Por Héctor Linares La confirmación del economista Héctor Valdez Albizu al frente del Banco Central y de la Junta Monetaria, su órgano rector, es una...

Los fenómenos políticos dominicanos

Por Federico Pinales Desde el ajusticiamiento, por venganza, no por patriotismo, del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, en la República Dominicana, cada cierto tiempo surge...

La integridad se construye Segunda parte: La construcción de la integridad

Miguel J. Escala (Con la colaboración de José Medina) (#40) En el artículo anterior distinguíamos entre ser íntegro y alcanzar la integridad del yo. Los comentarios...
spot_img

La confirmación de Valdez Albizu en el BCRD refleja que Abinader quiere estabilidad hasta el final

Por Héctor Linares La confirmación del economista Héctor Valdez Albizu al frente del Banco Central y de la Junta Monetaria, su órgano rector, es una...

Los fenómenos políticos dominicanos

Por Federico Pinales Desde el ajusticiamiento, por venganza, no por patriotismo, del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, en la República Dominicana, cada cierto tiempo surge...

La integridad se construye Segunda parte: La construcción de la integridad

Miguel J. Escala (Con la colaboración de José Medina) (#40) En el artículo anterior distinguíamos entre ser íntegro y alcanzar la integridad del yo. Los comentarios...

Articulos relacionados