Por Alfonso Tejeda
Sin motivos ” justificatorios”, los que nunca serán válidos, ni “razones” que la argumenten, la suerte de Deivi Carlos Abreu Quezada, el chofer de un camión recolector de basura en Santiago que murió tras ser atacado con armas blancas por motoristas pudo ocurrir por la combinación desgraciada de hechos y factores que deben avergonzarnos como sociedad toda y provocar la reacción de, por lo menos, las autoridades, y sacudir la sensibilidad individual, porque ese fallecimiento era evitable con una simple acción de auxilios.
Eso que faltó es tan sencillo de hacer, un simple gesto en el escenario, que hoy fuera un acto de reconocimiento a quien lo hiciera, y una muestra de civilidad, de responsable ciudadanía, de solidaria humanidad, la que falla desde hace un tiempo apreciable, carencia que parece sistémica, sustituida por otras acciones, otras actitudes que cada vez más nos derrumban como humanos, como sociedad.
Tal vez sea importante parodiar al muy aludido “Varguitas” (el apodo del protagonista, Santiago Zavala, en Conversación en la Catedral (1969) de Mario Vargas Llosa, novela que retrata la frustración, corrupción y desmoronamiento moral del Perú durante la dictadura de Manuel Odría (1948-1956), pero advirtiendo que este nuestro desmoronamiento se ha incrementado precisamente durante “los años de democracia”, esos que sólo han validado algunas porciones del sistema.
Nuestra realidad es bien paradójica, pues mientras más se gasta en Educación, los resultados son más cuestionables (hay que agregarle como “insumo” la corrupción del proceso todo), el deterioro en el respeto, en la civilidad para convivir como ciudadanos responsables, cualidad imprescindible en la dotación de derechos y en el reclamo de deberes, unos y otros confundidos en una trama donde el más descarado se impone
En ese Cambalache (a propósito, con mayúscula), pero sin la gracia ni elegancia del tango escrito Discépolo, hemos sido incapaces de establecer desde la escuela algo tan elemental como el entrenamiento en Primeros Auxilios, una técnica fácil y de
provecho, y tan urgente necesidad ante la creciente violencia en el tránsito, por ejemplo, que provoca la muerte y lesiones en una cantidad exorbitante.
Como ahora el celular es un instrumento de amplia disponibilidad y de fácil acceso, con él y a partir de él se nos presenta el reto de cambiarle el Chip, para que en vez de usarlo como extensión del espectáculo, tornarlo en herramienta de trabajo en el entrenamiento de técnicas y habilidades que nos inunden del gesto que faltó en el ataque contra Deivi Carlos Abreu Quezada, a quien dejaron morir por una imagen que pudo ser un reconocimiento si alguien le hubiese dado los primeros auxilios, los que necesitaba.











