Por Federico Pinales
Tenemos encima la fecha del 24 Abril, en la que debemos recordar las muertes de más de tres mil, dominicanos valientes, que en año 1965, lucharon “con uñas y dientes”, contra una invasión cruel e insolente, de una nación arrogante y prepotente, para evitar la reposición de un gobierno democrático, derrocado previamente por los poderes fácticos.
Esa heroica gesta eliminó muchas caretas y puso en evidencia a la gran potencia, que actúa sin pudor ni clemencia, cuando alguien pierde la paciencia y le pone resistencia, a su crónica demencia, disfrazada, por desgracia; tras una careta llamada “Democracia”.
Hoy más que nunca ha quedado demostrado el mal uso que a esa palabra se le ha dado, para mantener a los pueblos “embobados” y prácticamente anestesiados, con una “tetera” en la boca, para que no resistan las imposiciones genocidas y crueles, que se ejecutan a través de los cuarteles, encarcelando, deportando o eliminando a quienes no se apandillan o se alinean en sus criminales bandos, para seguir inventando, difamando, conspirando, derrocando, invadiendo y bombardeando a media humanidad, sin pudor ni piedad; apoyados por irresponsables maquinarias mediáticas, encargadas de presentar a quienes resisten como los “malos” y a ellos como los angelitos inmaculados “Salvadores del mundo”.
De ese mundo al que irónica y cínicamente terminan despreciando, saqueando, humillando y oprimiendo sin resistencia, dejándolo sumido en la más espantosa indigencia, y en el peor de los casos, en el caos y la violencia.
Por todo eso, la humanidad debe resistir, sin temor a morir, porque, total, al final, al hoyo tendremos que ir.











