Sabana de la Mar acusa deterioro de sus calles, el muelle y la playa tomados por el sargazo

Allá, en el confín del noreste, está Sabana de la Mar, olvidada por el poder público, un municipio antiguo (1876), aletargado, que puede protagonizar un futuro luminoso que no llega, pese al potencial que encierra su territorio.

Sus 20 mil habitantes, el 85 por ciento establecido en zona urbana, con la mayoría de las calles destruidas, no entienden por qué el gobierno nacional no los coloca en su agenda de prioridades.

Aún el acceso desde Santo Domingo, a través de Hato Mayor, municipio cabecera y provincia del mismo nombre, a que la pertenece, sigue siendo tortuoso y serpenteante, que de por sí constituye un atractivo, pero el desastroso estado de la carretera no permite disfrutar el paisaje que regala la madre naturaleza en todo el trayecto.

De cara a Samaná, con la que comparte la bahía,  y con ella Los Haitises, y el banco de la Plata, escenario donde se genera cada invierno el espectáculo de las ballenas jorobadas, que ese municipio acapara y recibe los beneficios de los turistas durante el período de apareamiento de los cetáceos, Sabana de la Mar, en cambio, ve sucumbir su marina por el avance del sargazo y el abandono municipal o nacional. 

El difícil acceso a través de una carretera que la administración actual recibió a medio término, lleva más de seis años “en construcción”, y en vez de avanzar, presenta graves retrocesos, interrupciones, hoyos y accidentes inesperados que constituyen peligros persistentes.

El peor abandono lo viven los pobladores del caso urbano de Sabana de la Mar, con la mayoría de las calles destruidas. El litoral marino convertido en un asco, cargado de un cúmulo de desechos de todo tipo, y varias capas de sargazo podrido y pestilente que impacta todo. Apenas sobrevive la pesca mediante escasos y artesanales medios.

Sargazo en la playa de Sabana de la Mar.
Sargazo en la playa de Sabana de la Mar.

El muelle, superficialmente limpio, tiende a acusar deterioro, en particular las barandas, que, con un gasto de bajo costo, pudiera reparar el municipio y al menos mejorar su imagen. De hecho, forma parte del circuito recreativo de la ciudad, pero el entorno abandonado no deja espacio para permanecer algún tiempo en el mismo. Los malos olores son irresistibles.

Mejor suerte

Sabana de la Mar merece mejor suerte, no solo como madre destinada para el conocimiento de Los Haitises, sino por las riquezas que guardan sus entrañas, ricas de agua, que tanto tiende a escasear en estos tiempos.

El agua, que en la zona urbana se encuentra subterránea a escasos metros, sigue siendo un reto de salud pública, porque el suministro por cañería prácticamente es inexistente, y la gente se suple mediante pozos tubulares, con niveles de contaminación.

Afortunadamente, está en construcción la carretera que conduce al muelle de embarque hacia Los Haitises, que significará un avance para el poblado, y para quienes buscan conocimiento o disfrutar los balnearios próximos.

Sabana de la Mar cuenta además con balnearios como Yanigua, que sale del río Yanigua desde las montañas de los Haitises hasta la comunidad del Valle. Este balneario es conocido por su baño de barros faciales y su belleza de cascadas.

También tiene en su territorio el parque Nacional Salto de la Jalda, uno de los más altos de la región del Caribe, con más de 120 metros de altura. “En tiempos de lluvias sus aguas blanquecinas que se destacan en su caída dejan ver la inmensidad y preciosidad que deslumbra entre el verde del bosque y las rocas por donde llega el agua a la chorrera”, registra Wikipedia.

Capilla-Museo Señorita Elupina Cordero

Los sabanalamarinos adoran a la señorita Elupina Cordero, nativa (1892-1939). Huérfana, ciega y tullida a edad temprana, con una fuerte espiritualidad a la que se le atribuían poderes sanatorios y gran sensibilidad natural.

Pese a sus limitaciones, “asumió desde temprana edad una encomiable misión: evangelizar, curar, alimentar y aliviar el dolor ajeno. Su apostolado lo ejerció con una programación ordenada y efectiva, fomentando la vida espiritual de todo el pueblo del que era natural, veneración que sobrevive en nuestros tiempos.” (Wikipedia).

Sus restos descansan en la Capilla-Museo dedicados a su nombre.

Una comunidad laboriosa y productora

Es Sabana de la Mar productora agrícola, desde plátanos, arroz, hasta cualquier clase de tubérculos nativos, frutas, leche y pescado, que suple necesidades locales y regionales.

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