RD sale del mapa del hambre, pero no supera todos sus desafíos alimentarios

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La subalimentación cayó de 21.3 % a menos de 2.5 % en dos décadas; sin embargo, 4.7 millones de personas todavía afrontan inseguridad alimentaria moderada o severa

Por Octavio Santos

República Dominicana pasó en dos décadas de tener cerca de dos millones de personas subalimentadas a colocarse por debajo del límite estadístico con el que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) identifica a los países afectados por el hambre crónica.

El cambio llevó al director general de la FAO, Qu Dongyu, a anunciar este martes 21 de julio de 2026 que el país había salido del denominado mapa del hambre. “La República Dominicana se ha movido por debajo del 2.5 % del umbral de desnutrición y fuera del mapa del hambre”, expresó al presentar en Roma el informe mundial de 2026. 

Las nuevas estimaciones sitúan la prevalencia de subalimentación dominicana en menos de 2.5 % durante el promedio de 2023-2025. Entre 2004 y 2006 alcanzaba el 21.3 %, equivalente entonces a unos dos millones de habitantes. El descenso fue de por lo menos 18.8 puntos porcentuales y superior al 88 %, aunque no puede calcularse con exactitud, porque la FAO deja de publicar un valor específico cuando el indicador cae por debajo del límite.

La transformación coloca al país en una posición excepcional dentro del Caribe. Pero no significa que la pobreza alimentaria o la malnutrición hayan desaparecido. El mismo documento muestra que millones de dominicanos todavía reducen la calidad o cantidad de sus alimentos y que casi 1.9 millones no pueden pagar una dieta saludable.

En el grupo de menor subalimentación

El 2.5 % no implica que ninguna persona pase hambre. Es el piso que emplea la FAO, porque las estimaciones muy bajas pierden precisión. “Menos de 2.5 %” no equivale a cero ni permite saber cuántas personas siguen afectadas.

La subalimentación mide la proporción de la población cuyo consumo habitual de alimentos no suple energía suficiente para mantener una vida normal, activa y saludable. Es el indicador tradicional utilizado para seguir el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2.1 y construir el mapa mundial del hambre. No evalúa por sí solo la calidad de la comida, las carencias de micronutrientes ni los episodios ocasionales de escasez.

República Dominicana se incorpora al grupo latinoamericano situado bajo el umbral junto con Brasil, Chile, Costa Rica, Guyana y Uruguay. Argentina quedó en 2.8 %, México en 3.1 %, Colombia y Paraguay en 4.1 %, Panamá en 4.7 % y Perú en 5.7 %.

En el otro extremo aparecen Jamaica, con 8 %; Ecuador, 10.8 %; Guatemala, 12.7 %; Honduras, 14.3 %, y Bolivia, 19.5 %. Cuba no tiene una estimación actual publicable y Nicaragua figura sin valor reportado.

La reducción dominicana destaca por su punto de partida. Ninguno de los otros cinco países actualmente bajo el umbral se acercaba al 21.3 % dominicano dos décadas atrás: Uruguay ya estaba bajo 2.5 %, Chile registraba 2.6 %, Costa Rica 3.8 %, Brasil 5.7 % y Guyana 7.1 %. 

Mejor que la región y el mundo

El promedio de América Latina y el Caribe fue de 5.1 % en 2023-2025, más del doble del máximo atribuible a República Dominicana. En Centroamérica alcanzó 5.4 %; en Sudamérica, 3.8 %, y en el Caribe, 16.7 %.

La distancia caribeña se explica en gran medida por Haití, donde el 51.4 % de la población estaba subalimentada. La frontera de la isla de La Española separa así dos de las situaciones más contrastantes del hemisferio: en el oeste, más de la mitad de la población padece hambre crónica; en el este, la estimación quedó bajo el límite estadístico de 2.5 %.

A escala mundial, el promedio del período fue de 8.1 %. Solo en 2025, el hambre afectó al 7.8 %: 645 millones de personas. África concentró 309 millones; Asia, 292 millones, y América Latina y el Caribe, 32 millones. Pese a varios años de mejoría, el mundo permanece lejos de erradicarla en 2030, según la FAO.

Las razones que presentan las autoridades

Qu Dongyu atribuyó el resultado dominicano a la continuidad de las políticas y a la participación de distintos sectores.

“La única experiencia que puedes aprender de República Dominicana es que no importa tu gran o pequeño tamaño, sino el fuerte compromiso político del presidente, del ministro, de los agricultores y de la sociedad para luchar contra el hambre juntos y con una política confiable”, afirmó.

El presidente Luis Abinader atribuyó el resultado a productores, mujeres rurales, trabajadores, empresas, academia, sociedad civil, instituciones y organismos de cooperación. “Este no es el triunfo de un gobierno. Es el triunfo de un país”, sostuvo. También admitió que salir del mapa “no significa que nuestra tarea haya terminado”.

El ministro de la Presidencia y presidente del Consejo Nacional para la Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional, José Ignacio Paliza, señaló cinco componentes de la estrategia aplicada desde 2020: disponibilidad de alimentos, acceso, nutrición, adaptación climática y gestión del riesgo, y gobernanza.

El Gobierno cita una producción agropecuaria de 347 millones de quintales en 2025, 5.6 % mayor que en 2024; alimentación escolar para 2.1 millones de estudiantes; el subsidio Aliméntate para 1.49 millones de hogares, y 180,000 raciones gratuitas diarias en los Comedores Económicos.

El cambio no ocurrió únicamente durante el último año. La edición de 2026 revisó toda la serie dominicana al incorporar datos actualizados, incluida una encuesta de hogares de 2018. La FAO advierte que no deben compararse directamente ediciones distintas. Por eso, pasar del 3.6 % citado oficialmente en marzo a menos de 2.5 % ahora no representa necesariamente una reducción conseguida en cuatro meses.

La otra cara: 4.7 millones con dificultades

El contraste aparece al pasar a la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria, que pregunta si, por falta de recursos, los hogares redujeron la variedad, saltaron comidas, comieron menos o se quedaron sin alimentos.

En República Dominicana, el 16.4 % de la población, alrededor de 1.9 millones de personas, experimentó inseguridad alimentaria severa en 2023-2025. Al sumar los niveles moderado y severo, la proporción ascendió a 41.3 %, equivalente a 4.7 millones.

Ambas tasas superan ampliamente los promedios de América Latina y el Caribe, de 6.7 % para la inseguridad severa y 24.2 % para la moderada o severa. República Dominicana queda mejor que el Caribe, cuyos registros alcanzan 24.5 % y 52.6 %, respectivamente, pero peor que Brasil, México, Costa Rica, Colombia e incluso Argentina en el segundo indicador.

No es una contradicción. La subalimentación estima si el consumo energético habitual es suficiente; la otra escala detecta restricciones de acceso vividas por los hogares, aunque no generen un déficit calórico crónico.

Comer suficiente no siempre es comer bien

La tercera dimensión es económica. Una dieta saludable costaba en República Dominicana 5.60 dólares de paridad de poder adquisitivo por persona al día en 2025, frente a 3.39 en 2017: un incremento de 65.2 %.

El costo dominicano fue superior al promedio mundial de 4.28 dólares PPA y al latinoamericano y caribeño de 4.91, aunque permaneció por debajo de los 6.04 dólares del Caribe. Los dólares PPA son una unidad comparativa internacional y no deben convertirse a pesos mediante la tasa de cambio.

Aun con ese encarecimiento, la proporción sin recursos para pagar la dieta disminuyó de 26 % en 2017 a 16.2 % en 2025. Son casi 1.9 millones de personas, unas 900,000 menos que ocho años antes. El resultado es mejor que el promedio mundial de 32.7 %, el latinoamericano y caribeño de 25.7 % y el caribeño de 48.9 %.

El mapa nutricional, además, muestra la coexistencia de carencias y excesos. Mientras el retraso del crecimiento afecta al 5.6 % de los niños menores de cinco años, la obesidad alcanza al 30.8 % de los adultos dominicanos. Salir del mapa del hambre calórica, por tanto, no equivale a haber garantizado una alimentación saludable.

El logro es real: el país dejó atrás una subalimentación que hace dos décadas se parecía a la de naciones hoy en crisis. La próxima frontera es convertir la disponibilidad de calorías en acceso estable a alimentos nutritivos, reducir las brechas que afectan a 4.7 millones de personas y evitar que el reconocimiento internacional se convierta en una declaración prematura de misión cumplida.

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