Política, ciencia política y gobierno: así funcionan el Estado y la sociedad

Por Gregorio Montero

Hay una trilogía que aporta ideas, conceptos, habilidades y soluciones prácticas que deben ser abordadas de forma combinada con el propósito de lograr que lo sociedad y el Estado sean conducidos de manera correcta y cumplan con los designios que justifican su existencia histórica y filosófica. Desafortunadamente, sobre ellas y sus vínculos se han tejido confusiones que, a pesar de los grandes esfuerzos que han desplegado teóricos, tratadistas e investigadores, no han permitido comprender con claridad las diferenciaciones que se hacen necesarias entre una y otra; hoy día no es algo menor comprender en su justa dimensión las características particulares de las categorías sociales que encierran la política, la ciencia política y el gobierno.   

Muchos asumen la política como un oficio, vista así, ella es simplemente eso, la política, y quienes la ejercen son políticos, importante es entenderlo; su origen es tan distante como la antigua sociedad griega, proviene del vocablo polis, que significa ciudad, y en donde la población era dividida atendiendo a una estructura y criterio social que distinguía las personas con derechos políticos, libres, de las que no tenían estos derechos, esclavos. La política es determinante cuando de la organización de un país se trata, pues ella es la que permite analizar y comprender con relativa precisión los fenómenos que identifican y explican las estructuras sociales en un contexto determinado, así como las formas de abordarlas e influir en la sociedad. 

Toda sociedad cuenta con recursos de distintos tipos, el manejo y control de estos otorga poder, por eso la política, buscando los necesarios puntos de equilibrio, procura distribuir dichos recursos, que implica a su vez la distribución del poder; con razón muchos asocian la política con el arte, pues todo lo que desde ella hace está dirigido, nada más, nada menos, a garantizar la convivencia humana, la convivencia social. Ella define las reglas que son aceptadas por toda la sociedad, ella media para resolver conflictos, ella promueve la participación ciudadana; como se puede ver, cuando de armonía social se trata, la política parece serlo todo, es transversal, y esto es así porque ella se legitima en el verdadero poder, el poder ciudadano. 

En este contexto tienen cabida los políticos, aquellos que hacen de la política su oficio y modo de vida, y se agencian los medios para incidir en los asuntos públicos, participar en la gestión estatal o ejercer el poder político desde cualquier espacio. Para Platón (427 a. C.-347-a. C.) la política es un arte que se fundamenta en el conocimiento y la virtud, y tiene como objetivo central la justicia y el bien común; agrega que los políticos deben poseer conocimientos, sabiduría y virtud para hacer lo correcto. 

En Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.) vemos que la política se empeña en organizar la sociedad de forma tal que garantice a los ciudadanos el mayor grado de felicidad y una vida buena; plantea que el hombre, por naturaleza, es de por sí un animal político que necesita un orden social políticamente organizado para poder convivir y desarrollarse plenamente.

En cambio, sobre la ciencia política, o la politología, como también se le conoce, hay que entender que, pese a que sus fundamentos se remontan a la Antigua Grecia, a partir de los estudios y planteamientos filosóficos, principalmente de Platón y Aristóteles, su consolidación científica no ocurre sino luego de los últimos años del siglo XIX, cuando adquiere su autonomía como disciplina que sistematiza estudios y conocimientos y se separa de la filosofía. Es así como las universidades empiezan a impartir programas académicos y a otorgar títulos específicos en ciencia política, sobre la base de reflexiones y métodos investigativos propios, que van dejando de lado, en lo que corresponde, las especulaciones y suposiciones, que eran propias de la filosofía.

La ciencia política, en consecuencia, está en manos de los politólogos, aquellos que se dedican a estudiar y a proponer formas científicas y técnicas para alcanzar el poder, para la organización de la sociedad, ciudad o polis, y para el ejercicio del poder. En definitiva, la ciencia política es la ciencia del poder, como tal, los politólogos, los que la asumen como área de estudio y fuente laboral, observando el desarrollo y evolución de los acontecimientos políticos y sociales, proponen y aprueban los sistemas políticos, los sistemas de partidos, las leyes y estructuras del Estado, los sistemas electorales y las formas en que debe ser gobernada la sociedad, incluyendo los mecanismos de mediación, participación y articulación con la ciudadanía. 

Son muchos los politólogos, además de los clásicos, que han ayudado a organizar el pensamiento político moderno a partir de la mirada de la politología, desde las ideas de teóricos bien conocidos, como el francés Alexis de Toqueville (1805-1859), pasando por el canadiense-estadounidense David Easton (1917-2014), hasta llegar al italiano Giovanni Sartori (1924-2017), y otros no menos importantes. Todos ellos han aportado al análisis y entendimiento de temas centrales como el rol de la sociedad civil, los diversos enfoques sobre los sistemas políticos, los métodos científicos para la comprensión de las reglas y normas estatales, entre otras ideas y tesis que hoy hacen parte del pensamiento político universal.  

Hablando del gobierno, como parte de la trilogía anunciada en el titulo de este trabajo, se debe precisar con todo el énfasis necesario que el Estado, para cumplir con su finalidad política debe contar con la estructura necesaria, aquí aparece una de las áreas importantes de estudio de la ciencia política, se trata de la Administración Pública, que es donde se concreta en mayor medida la labor de gobierno, pues ella es el aparato ejecutor de las políticas públicas y de la prestación de los servicios públicos, lo que a su vez hace posible la cristalización del rol de la política como oficio, recordémoslo siempre, el bienestar de la gente; el gobierno es, indefectiblemente, el garante del mayor grado posible de felicidad de la ciudadanía.   

Estando conformado el gobierno, en sentido estricto, por leyes, instituciones, procesos y personas, a través de los cuales se desarrolla, administra y controla el poder estatal, hay que entender que dentro de sus funciones principales están las de administrar recursos, hacer y aplicar normas y gestionar servicios. En principio, el gobierno es de ejercicio temporal, pues un grupo de individuos, haciendo uso de las herramientas que ofrecen la política y la ciencia política, accede al poder para ejercerlo por un periodo determinado, durante el cual tiene a su cargo la conducción del Estado; vale aclarar que la palabra gobierno procede del vocablo griego kybernein, que significa pilotar un barco.

Es así que entran en juego para conducir el gobierno, por un lado, la política, pues se trata de instituciones políticas, donde las decisiones son por esencia políticas, por lo que se exige el uso debido del poder y de liderazgo, y, por otro lado, la ciencia política, ya que el funcionamiento de dichas instituciones requiere de principios y reglas científicas que impriman coherencia y certeza para el funcionamiento del gobierno, tales como análisis de datos, economía administrativa, teorías y procesos, que contribuyan a tomar mejores decisiones públicas. En esta visión se une la trilogía para que el gobierno pueda jugar su rol con éxito y sus autoridades logren su legitimación en la sociedad.

Cada componente de la trilogía debe hacer su aporte. Eso solo ocurre si a la política se dedican los políticos, si a la ciencia política se dedican los politólogos o estudiosos de ella, los que profundizan, los que investigan, los que la asumen desde su perspectiva científica, los que saben y orientan, y a gobernar se dedican aquellos que se han dedicado a la política como oficio, que se saben dejar asesorar por los politólogos, en fin, aquellos que asumen la intermediación y la  responsabilidad frente a la ciudadanía.

En síntesis, hay que entender hoy más que nunca que el Estado no es un juguete ni un capricho, por lo que todo lo que en el incide debe tomarse en serio, en consecuencia, la política, la ciencia política, el gobierno, son cosas sumamente delicadas e importantes, hay que dejárselas, respectivamente, a los políticos, a los politólogos y a quienes, de una u otra forma, se han preparado para gobernar.              

      

Gregorio Montero
Gregorio Montero
Exviceministro de Reforma y Modernización del Ministerio de Administración Pública, exsecretario general del Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo y catedrático universitario. Actual Director General del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP).

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