Por Octavio Santos
El 23.54 % de las mujeres del campo vive en condiciones de pobreza, mientras que solo el 34.8 % está ocupado, según datos oficiales correspondientes a 2025.
Las mujeres que residen en las zonas rurales de la República Dominicana enfrentan mayores niveles de pobreza, una menor proporción de ocupación laboral y una mayor incidencia de maternidad temprana que las residentes en las ciudades, según los indicadores publicados por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) en octubre de 2026.
Según la infografía “La mujer rural en la República Dominicana: una mirada desde las estadísticas”, el 23.54 % de las mujeres rurales estaba en condición de pobreza en 2025, frente al 17.74 % de las mujeres urbanas. La diferencia es de 5.8 puntos porcentuales.
Las desigualdades también se manifiestan en el acceso a la ocupación. Mientras el 43.8 % de las mujeres urbanas aparecía como ocupado, entre las residentes en comunidades rurales la proporción descendía al 34.8 %, una brecha de nueve puntos porcentuales.
Ambos indicadores fueron elaborados por la ONE a partir de la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo (ENCFT) del Banco Central de la República Dominicana.
Los resultados contrastan con la reducción de la pobreza registrada a escala nacional. Según el Ministerio de Hacienda y Economía, la pobreza monetaria general disminuyó del 19 % en 2024 al 17.3 % en 2025.
En las zonas rurales, la incidencia de la pobreza también se redujo, del 22.8 % al 21.6 %. Sin embargo, la persistencia de una mayor pobreza entre las mujeres del campo evidencia que las mejoras nacionales conviven con importantes diferencias territoriales y de género.
Una de cada cinco jóvenes rurales fue madre antes de los 18 años
Las desigualdades comienzan a manifestarse desde la adolescencia.
La Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples con metodología de Encuestas de Indicadores Múltiples por Conglomerados (ENHOGAR-MICS 2025), realizada por la ONE con apoyo de Unicef, estableció que el 19.7 % de las mujeres rurales de entre 20 y 24 años había tenido un hijo nacido vivo antes de cumplir los 18 años.
Entre las mujeres urbanas de esas mismas edades, la proporción fue del 14.6 %, una diferencia de 5.1 puntos porcentuales.
La misma encuesta identificó una tasa de fecundidad adolescente de 57.3 nacimientos por cada 1,000 mujeres de 15 a 19 años en las zonas rurales, frente a 42 por cada 1,000 en las urbanas, durante los tres años anteriores al levantamiento.
Las diferencias son todavía mayores cuando se consideran los niveles educativos y económicos.
Según ENHOGAR-MICS 2025, el 31.4 % de las jóvenes de 20 a 24 años pertenecientes al quintil de riqueza más pobre había tenido un hijo antes de los 18 años, frente al 4.7 % de las integrantes del quintil más rico.
En el grupo con educación primaria o básica, ese indicador alcanzó el 44.4 %, mientras que entre las mujeres con formación universitaria o superior fue del 4.2 %.
Estos resultados muestran una marcada asociación entre las condiciones económicas, la escolaridad y la maternidad temprana, aunque la encuesta no permite establecer por sí sola una relación causal.
Las uniones tempranas persisten pese a la prohibición del matrimonio infantil
La ONE también estableció que el 15 % de las mujeres rurales de 15 a 19 años estaba casado o en unión en 2025, frente al 11 % de las adolescentes y jóvenes urbanas del mismo rango de edad.
El fenómeno persiste cinco años después de la promulgación de la Ley 1-21, que prohíbe los matrimonios civiles de personas menores de 18 años, sin excepciones.
No obstante, el indicador estadístico no debe interpretarse como una medición directa de matrimonios infantiles ilegales: incluye tanto matrimonios como uniones y comprende a jóvenes de 18 y 19 años.
En el conjunto del país, el 27.6 % de las mujeres de 20 a 24 años declaró que se había casado o unido antes de cumplir los 18 años, según ENHOGAR-MICS 2025.
La incidencia de las uniones también presenta profundas diferencias económicas. Entre las adolescentes de 15 a 19 años del quintil más pobre, el 22.8 % estaba casada o en unión, frente al 2.6 % de las pertenecientes al quintil más rico.
Más horas de trabajo doméstico y de cuidados
Otro de los indicadores divulgados por la ONE corresponde a la distribución del trabajo no remunerado dentro de los hogares.
Según ENHOGAR 2021, las mujeres rurales de 15 años o más dedicaban un promedio de 27.7 horas semanales a actividades no remuneradas para su propio hogar, frente a 12 horas de los hombres rurales.
Esto representa una diferencia de 15.7 horas cada semana.
En las zonas urbanas, las mujeres dedicaban 25.7 horas semanales a esas actividades, mientras los hombres destinaban 11.9 horas.
Las cifras permiten identificar una distribución desigual de las responsabilidades domésticas y de cuidados. Sin embargo, corresponden a 2021, por lo que no permiten determinar si esa diferencia se ha reducido o ampliado durante los últimos cinco años.
La actualización de este indicador resulta relevante para evaluar los resultados de las políticas de cuidados y su posible relación con la participación de las mujeres en el mercado laboral.
Feminicidios: cifras que requieren contexto
La infografía de la ONE también recoge que durante 2025 se registraron preliminarmente 60 feminicidios íntimos en la República Dominicana, de los cuales 46 ocurrieron en zonas urbanas y 14 en zonas rurales.
Los datos proceden del Compendio de Estadísticas de Mujeres Fallecidas en Condiciones de Violencia 2021-2025, citado por la institución.
Sin embargo, estas cantidades absolutas no permiten concluir que las mujeres rurales enfrenten un riesgo individual menor de ser víctimas de feminicidio, debido a las diferencias de población entre ambas zonas.
Para establecer esa comparación sería necesario calcular tasas ajustadas a la población femenina correspondiente a cada territorio.
Gobierno anuncia programas, pero falta medir sus resultados
El Ministerio de Agricultura informó el pasado 15 de octubre que sus programas de capacitación y apoyo productivo alcanzaron a 4,751 mujeres entre enero y septiembre de 2026.
Según la institución, durante ese período se ejecutaron 616 acciones dirigidas a fortalecer la participación económica y productiva de las comunidades rurales.
Las iniciativas incluyen capacitación, asistencia técnica agropecuaria, asesoría financiera, apoyo a emprendimientos y medidas para facilitar el acceso de las productoras a los mercados.
Por su parte, la ministra de la Mujer, Gloria Reyes, reconoció el 19 de octubre la persistencia de desigualdades económicas y sociales que afectan a las residentes en comunidades rurales.
La funcionaria señaló la necesidad de ampliar las oportunidades de empleo, fortalecer la autonomía económica y promover una distribución más equitativa de las responsabilidades domésticas.




