Cuando falta menos de una semana para las elecciones de medio término, varias firmas encuestadoras y cadenas de televisión estadounidenses han realizado sus proyecciones sobre los resultados que podría arrojar esta contienda.
Si bien es cierto que la disputa va más allá del Senado, son este organismo y la Cámara de Representantes los que mayores expectativas generan. Controlar ambas cámaras constituye el objetivo primordial de los dos partidos, que parecen dispuestos a recurrir a todos los medios habidos y por haber para conseguirlo.
Por eso, no es de extrañar que tanto demócratas como republicanos estén volcados a las calles, buscando estimular a los votantes, especialmente a aquellos que no se sienten motivados o que todavía no están del todo convencidos.
Aun con su popularidad en niveles muy bajos y pese a la resistencia de algunos de sus aspirantes, los republicanos siguen apoyándose en el presidente Donald Trump en la recta final de la campaña. Del lado demócrata, en los últimos procesos electorales, esta misión ha quedado en manos de Barack Obama y de su capacidad oratoria.
Sube el tono de la contienda
Una muestra de la ferocidad con la que se están disputando estas elecciones quedó de manifiesto este fin de semana, cuando un enérgico y entusiasta Barack Obama se adueñó de los escenarios en Michigan y Ohio para apoyar a los candidatos demócratas.
Quien, según varios sondeos, es el expresidente mejor valorado y más popular de Estados Unidos no solo salió a respaldar a sus candidatos, sino también a lanzar duras críticas contra la administración Trump, a la que calificó con palabras tan contundentes como «cruel» y «corrupta».
Obama reconoció que su administración trabajó para frenar la entrada al país de personas indocumentadas, pero aclaró que jamás ordenó una persecución tan cruel, ni mucho menos que se realizaran arrestos sin respetar la dignidad de las personas o que se disparara a matar.
El exmandatario tampoco excluyó el sarcasmo de su discurso al afirmar que el presidente Trump, en la Casa Blanca, actuaba de la misma manera en que lo haría Sadam Huseín si le pusieran un Cheesecake Factory, una cadena de restaurantes caracterizada por su decoración recargada y las voluminosas porciones de los platos que ofrece a sus clientes.
El 44.º presidente de Estados Unidos habló frente a una multitud que lo aplaudió con entusiasmo, quizás reviviendo por momentos aquellos tiempos en los que aspiraba a la Presidencia, antes de romper esquemas y convertirse en el primer afroamericano en ocupar el cargo.
En ambas apariciones, Obama dedicó tiempo a analizar varios aspectos de la administración Trump y el desempeño de algunos de sus funcionarios clave. También enumeró lo que, a su juicio, constituyen las prioridades del Gobierno y de los principales integrantes de esta administración.
Luego de burlarse de las pretensiones del presidente de construir un salón de baile más grande que la propia mansión presidencial, enfocó su atención en el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
«¿Alguno de ustedes se ha puesto a pensar cuántas horas pasa este señor mirándose al espejo cada mañana?», se preguntó Obama, para luego agregar: «O arreglándose el peinado».
Ni hablar de la economía, el alto costo de la vida, la salud y la falta de interés y de acciones que, según dijo, muestra esta administración para solucionar la precaria situación que enfrentan los estadounidenses.
Por su lado, el presidente Trump también salió este fin de semana a respaldar a los candidatos republicanos. Desde luego, guardar silencio ante los ataques de Obama no era, ni remotamente, una opción para Trump, quien rechazó todas sus acusaciones y calificó al expresidente de incapaz y, más adelante, de inepto.
Las encuestas
En estas elecciones están en juego 35 escaños del Senado y los 435 de la Cámara de Representantes. De ahí el interés de ambos partidos por conseguir el mayor número posible de esos asientos.
En la actualidad, los republicanos controlan el Senado con 53 escaños, frente a los 47 del bloque demócrata.
Algunas encuestas proyectan que los demócratas conseguirán 52 de los 100 escaños del Senado y 235 de los 435 de la Cámara de Representantes, aunque otras consideran exageradas esas estimaciones.
En cuanto a las gobernaciones, de las 36 que están en disputa, los demócratas figuran como favoritos en al menos 22.
Hasta el momento, la mayoría de las encuestas realizadas en torno a las gobernaciones apunta a una ventaja demócrata en estados como Ohio, Alaska, Iowa, Wisconsin, Arizona, Michigan, Oregón, Maine, Nuevo México, Minnesota, Connecticut, Nueva York, Colorado, Illinois, Pensilvania, Rhode Island, California, Hawái, Massachusetts y Maryland.
Mientras tanto, en estados como Nebraska, Oklahoma, Dakota del Sur, Arkansas, Idaho y Wyoming, se espera que los republicanos resulten favorecidos.




