Las entrañas de las encuestas (3/3)

Por Rafael Céspedes Morillo

Limitar las opciones a solo dos posibilidades, a las que he llamado las dos puertas, pudiera verse como una exageración. Sin embargo, insisto en que, por el momento, solo tenemos dos opciones; es decir, únicamente dos puertas por donde entrar para ver y/o construir cuál es el futuro que nos espera y, sobre todo, cuál es el futuro que queremos.

Como ya referíamos, una de ellas es la que espera la aparición de un outsider: alguien que surja durante los próximos seis meses con un programa creíble, motivador y novedoso, respaldado por una figura o por varias figuras con condiciones de liderazgo, capacidad, trayectoria limpia y sin "colas" que arrastrar. En fin, una figura o un equipo que encabece un verdadero proyecto de nación, capaz de marcar distancia entre lo mismo de siempre y la novedad de una nueva República Dominicana.

Un proyecto así crecería de forma casi inmediata y con grandes posibilidades de éxito. Pero no hablo del invento llamado Alofoke; hablo de algo serio, con contenido programático, capacidad intelectual, principios éticos y fundamento moral para crecer, no apoyado en aquello que menos aporta al desarrollo de una sociedad.

Precisamente, la ausencia de esos valores es la que ha permitido que hoy tengamos tantas carencias. Vivimos en un país donde podría decirse que existe una abundancia de carencias. Ha llegado el momento de dar el salto hacia lo positivo. Nos hace falta más calidad, más humanidad y un mayor sentido de patria.

Qué bueno sería que, en lugar de anunciar que cerca de tres millones de dominicanos viven fuera del país, pudiéramos decir que, de esos tres millones, alrededor de dos millones preparan sus maletas para regresar a su patria, de la que no quisieron salir, sino que se vieron obligados a hacerlo. Que las condiciones de seguridad, desarrollo y progreso los hayan motivado a regresar y que podamos contemplar una nación fortalecida, convertida en ejemplo de crecimiento y bienestar para todas las clases sociales dominicanas.

No tengo duda de que el Creador nos dotó de todo lo necesario para convertirnos en un ejemplo de calidad humana y desarrollo para los demás pueblos, demostrando que la corrupción nunca será el camino correcto ni un modelo válido de comportamiento.

La segunda puerta consiste en que todo continúe como hasta ahora y que solo vote el 45 % de los dominicanos. En ese escenario, el voto duro jugará un papel decisivo en el resultado, porque serán precisamente esos electores quienes acudirán a las urnas. Los votos circunstanciales, provenientes de ciudadanos sin militancia partidaria, permanecerán en sus hogares y, al reducirse esa participación, los votos duros y los simpatizantes de los partidos serán quienes determinen la diferencia. Ganará quien logre movilizar mejor a los ya alineados políticamente.

Debemos tener presente que, en ese caso, la democracia se convertiría en una quimera. Se define la democracia como el gobierno de la mayoría; pero si en esa segunda puerta solo vota el 45 % del padrón electoral y el ganador obtiene el 50 % más uno de esos votos emitidos, en realidad estará siendo elegido con apenas el 22.5 % del total de los electores; es decir, aproximadamente un 23 %.

Gobernaría, entonces, con el respaldo efectivo de apenas un 23 % del electorado, una cifra muy distante de la mayoría que, en teoría, inspiran la Constitución y las leyes electorales dominicanas.

Aspiro a que tengamos claridad sobre esta realidad. No se trata de eufemismos; se trata de comprender una parte de esas entrañas de las encuestas que muchas veces no vemos o, sencillamente, no nos interesan. A veces por ignorancia, otras por desconocimiento y, en no pocos casos, porque algunos políticos solo se preocupan por ganar. El cómo y el para qué dejan de ser importantes. Lo único que realmente les interesa es alcanzar la victoria.

Poco importa comprender lo que una victoria de esa naturaleza significa para el país. La victoria es lo primero y, con demasiada frecuencia, lo único que importa. Lo relacionado con la patria, el país y el pueblo queda para después.

Primero se obtiene la victoria; luego vendrán los decretos y el discurso de gobernar para todos. Claro está, ese "para todos", muchas veces, termina significando únicamente para los cercanos al ganador, y no necesariamente para toda la nación.

Repito: pensemos y observemos hacia dónde apunta realmente el futuro nacional. Porque, por ahora, solo veo dos tipos de puertas por las cuales podemos entrar para contemplar y/o construir el futuro de la República Dominicana

 

Rafael Céspedes Morillo
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