Lito Santana
Hace ya varios días, el Gobierno de Luis Abinader se veía asediado por distintos frentes que le colocaron en un punto difícil, según la percepción de la población y los creadores de opinión pública.
La cosa pintaba color de hormigas. Paro laboral en los hospitales, bloqueo de los servicios de dos aseguradoras de seguros médicos. Marchas de organizaciones populares por demandas reivindicativas en San Juan, Barahona, Santiago y el Distrito Nacional. Advertencia del sector magisterial en víspera de iniciar el año escolar por falta de aulas, útiles, equipos y promesas incumplidas. Hechos abusivos por exceso de violencia de la Policía Nacional que degeneraron en muertes de jóvenes en varios puntos del país. Motoristas que parecían más desacatados de la cuenta agrediendo a señoras, personas mayores y vociferando pleberías por doquier. Funcionarios en boca de todo el país por intento de licitaciones escandalosas y debate interno entre los aspirantes a la Presidencia de la República, que se pusieron creativos desoyendo el pedido del mandatario a que en esta etapa lo ayuden a gobernar. Y ni hablar del apuro en que está por la acción contundente de los influencers de las redes que le acusaban de tratar de aplicar una “Ley mordaza" mediante la implantación del Código Penal.
Entonces, y como un Chapulín Colorado, apareció la inauguración del Túnel de la Plaza de la Bandera, una especie de "misa de salud" para la tranquilidad del Gobierno.
Anhelada por los capitaleños, sobre todo los que transitan por las avenidas Gregorio Luperón y 27 de Febrero, la apertura al tránsito de esta obra vino como "anillo al dedo" al Gobierno y su presidente.
Y como amuleto de la suerte, no solo le ayudó a salir de ese "mal báun", sino que le llega con otros movimientos adyacentes, como el espaldarazo de la FAO que certifica a República Dominicana como un país con "hambre cero" y la aprobación en "bola de humo" del Código Penal, que había sido "piedra de la discordia" en los últimos meses.
Por cierto, que una manifestación popular en la Plaza de Bandera fue que le ayudó a entender la situación, llamando a su despacho a sus convocantes y "echarle agua al vino", a sus diferencias.
De modo que la Plaza de la Bandera, esa que le ayudó a llegar al poder con sus manifestaciones de protestas y su marcha verde, contra el Gobierno de Danilo Medina, le "salvó la campana", en ese momento de asedio que parecía acorralarlo.








