Por Rafael Céspedes Morillo
El sol ilumina y la luna también. Mi hermana Noris era profesora de Lingüística; otra de mis hermanas es peluquera. Jamás llamé ni le escribí a la que es peluquera para resolver una confusión en un escrito; a esa la visitaba cuando necesitaba un corte de cabello.
Así son las cosas, y creo que es igual en todos los casos. No es normal ir donde el médico cuando queremos construir un edificio; vamos al médico cuando necesitamos resolver un problema de salud. Así hacemos todos. Es lo correcto, es lo positivo. No nos sentamos a almorzar en el baño; lo hacemos, de modo regular, en el comedor.
Pero ¡por Dios!, ¿por qué queremos invertir este último ejemplo en política? ¿Cómo es posible que se nos ocurra que el rey de la indecencia pudiera eventualmente ser presidente de la República?
Solo pensar que hay un grupo de personas a las que no les importa almorzar en el comedor o en el baño es preocupante. Pero, aún más que eso, algunos llamados comunicadores —más bien, autollamados— nos muestran que, si alguien como Yaqui Núñez, Efraín Castillo o Freddy Ortiz, para referir solo esos tres ejemplos, tuvieran un programa juntos, ¿nadie lo vería?
Porque el pueblo sin cultura, el pueblo de abajo, ¿prefiere la indecencia? Sigo creyendo que no es así. Creo que el fenómeno está en el aprecio que esa clase le tiene al chisme, pero sin dejar de amar lo bueno. De modo que creo que sí lo vería, y me refiero a la gran mayoría, que insisto en que, para los que amamos la calidad, serían nuestros oyentes o televidentes.
Pero nada hay sin explicación. ¿Por qué hay algunos cientos, quizás miles, de confundidos?
La primera razón es que no hay competencia con la calidad para imponerse a la sinrazón, visto esto desde el punto de vista social y cultural. Si entramos en la parte política, entonces debemos admitir que se trata de la abundancia de la carencia que hoy nos arropa en el campo político.
El pueblo dominicano se siente huérfano de líderes de calidad. No hay, al momento, sustituto de un Joaquín Balaguer, un Juan Bosch, un Peña Gómez o un Jacobo Majluta. No tenemos ni semejantes de esos grandes líderes, solo por referir algunos, pues en nuestra historia hay muchos más que esos. Manolo, por ejemplo.
Esa abundancia de carencia, como le llamo, hace que el pueblo llano, el pueblo sin cultura, quiera y, quizás, necesite llenar ese vacío con lo que le parezca posible, sin pensar en las consecuencias. Y no piensa en las consecuencias por falta de capacidad para hacerlo.
Cuando recordamos un viejo refrán que dice: «A falta de pan, venga casabe», estamos viendo eso en el caso al que, sin mencionarlo, nos referimos. Y no lo mencionamos porque hacerlo sería promover algo nauseabundo.
Me niego a pensar que, a la hora de la verdad, ese pueblo confundido no despierte y vea que no podemos, o no debemos, pasar de almorzar en el comedor a cambiar a almorzar en el baño.
Aunque sea casabe en vez de pan, llegará el tiempo en que veremos que es mejor comer casabe en el comedor que aceptar que nos oferten pan, pero desde y en el inodoro.
¡Despertemos! No deberíamos llenarnos con cualquier comida. No podemos confundirnos por la gran carencia y pretender llenar ese vacío con lo que parezca.
Pensemos en el modo en que nació el rey de la indecencia. Esa es su esencia; así es y así seguirá siendo.
Por Dios, busquemos decencia, calidad y la manera de ser mejores. Y eso, nadie puede pretender que se puede encontrar en un basurero.




