Por Lauterio Vargas
“Todo el mundo ve lo que aparenta ser, pocos experimentan lo que realmente eres”.
Nicolás Maquiavelo.
Con el tema de la reelección fuera del Palacio Nacional, Danilo Medina armó su proyecto político que lo llevaría a obtener la candidatura presidencial por el PLD para las elecciones del año 2000.
El influyente secretario de la Presidencia controlaba los organismos internos de dirección peledeísta, pero hacia afuera se alzaba la figura del vicepresidente Jaime David Fernández Mirabal, como el favorito del pueblo para ser el candidato presidencial del oficialismo.
En ese momento Fernández Mirabal era visto en la opinión pública como el candidato presidencial natural de las bases del PLD, aunque no contaba con la estructura interna necesaria para materializar sus aspiraciones.
Pero hubo una gran diferencia en la forma en que se manejaron esos aspirantes. Jaime David Fernández Mirabal contaba con el apoyo de la mayoría de altos funcionarios del gobierno, pero se encerró en su burbuja, y no le tomaba una llamada telefónica a nadie, mientras que Danilo Medina se concentró en conquistar el control y en conocer personalmente a cada uno de los medianos y pequeños dirigentes del PLD. Como era un partido de cuadros, Medina sabía que si controlaba los cuadros políticos ganaría el Congreso Elector, aunque no contara con el apoyo de la base popular peledeísta.
Félix Jiménez (Felucho) también aspiraba a la nominación para la candidatura presidencial, pero declinó sus pretensiones antes de que se realizaran las elecciones internas.
Ese proceso para la escogencia del candidato presidencial del PLD que lo representaría en las elecciones del año 2000 marcó el inicio del clientelismo político y la corrupción partidaria entre los peledeístas.
Hubo violación de los lineamientos y de los principios históricos que habían caracterizado a esa organización, porque se compró la voluntad de muchos militantes.
Los dirigentes, de todos los niveles, que fueron favorecidos con las designaciones en el gobierno que desde la secretaría de la Presidencia gestionó Medina, estaban comprometidos con él.
En la base del PLD y en la población, todos dijeron que la elección de Danilo Medina como candidato presidencial fue una sorpresa y que se violaron los métodos del partido. Se cayó en el pragmatismo, e introdujo el individualismo, el populismo y el clientelismo.
Previo a las elecciones internas del PLD, el periodista Juan Bolívar Díaz publicó un artículo en el periódico Hoy, bajo el título “En el PLD tampoco se reparten rosas", edición de junio 28 de 1999, en el que hizo una especie de fotografía del proceso que se vivía en el oficialismo.
Según el citado artículo, en el proceso electoral abundaron “las acusaciones públicas y por lo bajo sobre el uso de recursos públicos y proliferación de dinero en la campaña del licenciado Danilo Medina, secretario de la Presidencia, en licencia, en tanto al vicepresidente Jaime David Fernández (también en licencia) se le presenta como no ortodoxo, sin tradición partidaria, recién llegado y demasiado proclive a la Sociedad Civil, en la que cree y con la que trabajó desde su provincia de Salcedo en proyectos considerados modelos participativos”.
Luego de verse derrotado por los amarres y maniobras políticas de su compañero de partido, Fernández Mirabal, aunque llamó a un encuentro nacional con sus seguidores y denunció irregularidades en el Congreso Elector, no hizo mayores esfuerzos por mantener sus aspiraciones y aceptó los resultados de la convención, pese a que todas las encuestas lo proyectaban como favorito.
Como Danilo Medina controlaba los organismos internos peledeístas, le arrebató la candidatura y se alzó con el triunfo.
El escenario hacia lo interno del PLD no era el mismo que hacia afuera, en la población, para escoger al presidente de la República el voto sería individual y secreto, lo cual fue un muro de contención para el danilismo, que en ese momento no contaba con el respaldo popular.
En la contienda por la Presidencia de la República, el candidato oficialista se encontró de frente con el populismo, el lenguaje llano y la jocosidad de Hipólito Mejía, un candidato presidencial atípico postulado por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) que, bajo la sombra de los recuerdos vivos en la población de su extinto líder José Francisco Peña Gómez, resultó ganador de las elecciones del 16 de mayo del año 2000.
Esas elecciones fueron las últimas en las que participó Joaquín Balaguer como eterno candidato presidencial de los reformistas, quien, con 90 años, ciego e inválido, pero con su mente lúcida, intentó volver al Palacio Nacional.
El expresidente Balaguer fue candidato presidencial porque los reformistas no tenían un plan B y el nonagenario político no permitía que ningún otro dirigente de su partido ocupara su lugar.
Otra realidad es que los reformistas no tenían una figura con arrastre para competir en unas elecciones presidenciales y para esa contienda Joaquín Balaguer era su única opción de poder, como siempre lo fue.
Aunque compitió contra un anciano ciego y parapléjico, Danilo Medina, carecía de las cualidades de un líder innato y su discurso no tuvo pegada en la población, lo que permitió que el candidato del PRD, Hipólito Mejía sacara más votos, sin alcanzar el 50 por ciento más uno de los votos válidos emitidos para ganar las elecciones presidenciales en la primera vuelta.
Al completar el escrutinio, Danilo Medina quedó agonizando en un lejano segundo lugar y, aunque tenía el derecho a ir a una segunda ronda de votaciones, decidió no optar por ese derecho. Pero declinó ir a una segunda ronda electoral no porque quiso, tampoco como un gesto de desprendimiento personal, sino porque no tuvo otra opción.
Danilo Medina tomó esa decisión luego de que una comisión de su equipo de campaña visitara al expresidente Balaguer en busca de un nuevo apoyo, como el brindado a Leonel Fernández para las elecciones de 1996.
En esa ocasión los peledeístas no contaron con el visto bueno del viejo caudillo. Los reformistas le negaron su apoyo, y no hubo otra opción que renunciar al derecho de ir a una segunda vuelta y así evitar “ese camino tortuoso”, según las palabras del propio Danilo Medina, que lo llevaría sin remedio a otra derrota en las urnas.
En la primera vuelta electoral, el PRD obtuvo 1,593,231, para un 49.87 por ciento; el PLD quedó en segundo lugar con 796,923, para un 24.94 por ciento; y el Partido Reformista del expresidente Joaquín Balaguer obtuvo 785,926, lo cual representaba el 24.60 por ciento.
Hipólito Mejía los superó a los dos juntos, aunque por un estrecho margen, ya que los votos de Danilo Medina y los de Balaguer representaban el 49.54 por ciento.
Además de que ni siquiera la sumatoria de los votos del PLD y el PRSC le daba posibilidades de ganar en una segunda vuelta, el trato dispensado por el PLD a los reformistas en el ejercicio del poder (1996-2000), no fue el más cordial. Varios exfuncionarios reformistas fueron llevados a la cárcel acusados de corrupción, principalmente por la repartición de terrenos del Estado a través del Instituto Agrario Dominicano (IAD) y por fraudes en los sorteos de la Lotería Nacional.
Además, los peledeístas eliminaron las nominillas o botellas en las instituciones públicas que beneficiaban a miles de hombres y mujeres de los barrios, por lo que se ganaron el mote de “come solos” y no contarían con el apoyo de Balaguer para una segunda vuelta electoral.
En uno de sus discursos de campaña pronunciado en San Cristóbal, el expresidente Joaquín Balaguer llamó al país a no comer berenjenas, en clara alusión al color morado del PLD. Pero también invitó a los votantes a no comer solos. Una de las frases de su discurso fue: “El Partido Reformista no anda solo, no gobierna solo y no come solo”.





