El Niño apunta a regresar en 2026: ¿qué se espera en el mundo y cómo debe prepararse República Dominicana?

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Por Octavio Santos

El fenómeno de El Niño vuelve a colocarse en el centro de la vigilancia climática mundial. La señal no es todavía un hecho consumado en todos los sistemas de observación, pero los principales centros internacionales coinciden en algo: el Pacífico ecuatorial está transitando rápidamente hacia condiciones de El Niño y la probabilidad de que el evento se consolide entre mayo y julio de 2026 ya es alta.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó el 24 de abril que se espera el desarrollo de un evento de El Niño a partir de mediados de 2026, con impacto en los patrones globales de temperatura y lluvia. Según la OMM, las temperaturas superficiales del mar en el Pacífico ecuatorial están aumentando con rapidez y apuntan a un posible retorno de El Niño tan temprano como mayo-julio de 2026. La misma actualización advierte una “dominancia casi global” de temperaturas terrestres por encima de lo normal para el trimestre mayo-julio, con señal especialmente fuerte sobre el sur de Norteamérica, Centroamérica, el Caribe, Europa y el norte de África.

La actualización más reciente del Centro de Predicción Climática de NOAA, del 14 de mayo, es todavía más directa: El Niño tiene 82 % de probabilidad de emerger en mayo-julio de 2026 y 96 % de probabilidad de continuar durante el invierno del hemisferio norte 2026-2027, es decir, entre diciembre de 2026 y febrero de 2027. NOAA precisa que en abril persistían condiciones ENSO-neutrales, pero con calentamiento subsuperficial en el Pacífico ecuatorial y señales oceánicas que favorecen la formación del evento.

El Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad de Columbia también reportó a mediados de mayo una transición rápida hacia El Niño. Su pronóstico asigna 98 % de probabilidad de El Niño para mayo-julio de 2026 y mantiene probabilidades de 97 % a 98 % durante el resto del período de pronóstico, hasta comienzos de 2027.

En República Dominicana, el Instituto Dominicano de Meteorología ya había advertido desde marzo-abril una transición posible. Su Boletín de Vigilancia de El Niño/Oscilación del Sur, actualizado el 12 de marzo, indicaba que La Niña debía dar paso a condiciones neutrales y que entre junio y agosto de 2026 era probable el desarrollo de El Niño, con 62 % de probabilidad, y posible persistencia al menos hasta finales de 2026. Ese boletín también recordaba que los eventos ENOS suelen desarrollarse entre abril y junio, alcanzar su máxima intensidad entre octubre y febrero y durar de 9 a 12 meses, aunque algunos se extienden hasta 24 meses.

Qué es El Niño

El Niño es la fase cálida del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur, conocido como ENOS o ENSO. Consiste en el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico tropical central y oriental, acompañado de cambios atmosféricos. INDOMET lo define como un fenómeno oceánico-atmosférico de gran escala que influye de forma significativa en la variabilidad climática regional y global, con un componente oceánico vinculado a anomalías de temperatura superficial del mar y un componente atmosférico medido mediante el Índice de Oscilación del Sur.

La OMM resume sus efectos típicos de esta manera: El Niño altera patrones de temperatura y lluvia en distintas regiones y suele tener un efecto de calentamiento sobre el clima global. La organización también puntualiza dos límites importantes: no hay evidencia de que el cambio climático aumente la frecuencia o intensidad de El Niño, pero sí puede amplificar sus impactos porque un océano y una atmósfera más cálidos aportan más energía y humedad a eventos extremos como olas de calor y lluvias intensas.

Esto importa porque El Niño no produce el mismo efecto en todas partes. Cada evento tiene una evolución propia, una distribución espacial distinta y consecuencias variables. La OMM insiste en que no hay dos episodios iguales. Por eso, el periodismo debe evitar frases absolutas como “El Niño traerá sequía a todo el país” o “eliminará los huracanes”. La formulación correcta es probabilística: aumenta o reduce la probabilidad de determinados patrones, pero no sustituye el pronóstico local.

Pronóstico mundial por región

El mapa global que se dibuja para 2026 combina calor extendido, cambios de lluvia por región y alteraciones en la actividad ciclónica. La señal térmica es la más robusta: la OMM prevé temperaturas terrestres por encima de lo normal en casi todo el mundo para mayo-julio, con énfasis en el sur de Norteamérica, Centroamérica, el Caribe, Europa y el norte de África.

En América Latina y el Caribe, el principal riesgo no es uniforme. Las agencias de Naciones Unidas: FAO, IFAD y WFP advirtieron el 15 de mayo que El Niño podría aumentar la vulnerabilidad alimentaria en la región al provocar condiciones de sequía en el Corredor Seco centroamericano y alterar patrones de lluvia y temperatura en distintos países. También señalaron que más de 33 millones de personas aún padecen hambre en América Latina y el Caribe, 167 millones enfrentan inseguridad alimentaria moderada o severa y más de 181 millones no pueden costear una dieta saludable.

La OMM identifica a Centroamérica y el Caribe entre las zonas con señal fuerte de temperaturas por encima de lo normal para mayo-julio. En términos de lluvia, el patrón debe leerse con más cautela: la OMM habla de “fuertes variaciones regionales”, mientras las agencias de la ONU advierten riesgo de déficit de lluvia en Centroamérica y Norteamérica, además de perturbaciones en el régimen de precipitaciones en toda la región.

En Sudamérica, el pronóstico regional de Naciones Unidas apunta en dirección distinta: se proyectan aumentos de lluvia en partes de Sudamérica, con riesgo de inundaciones. La misma comunicación de FAO, IFAD y WFP menciona que los impactos previstos incluyen aumento de lluvias en Sudamérica y déficit de precipitaciones en Centroamérica y Norteamérica.

En Estados Unidos y el sur de Norteamérica, la OMM también marca una fuerte señal de calor por encima de lo normal para mayo-julio. Además, en los impactos típicos de El Niño, la organización señala que el fenómeno suele asociarse con más lluvia en el sur de Estados Unidos.

En África oriental, la OMM menciona que El Niño suele asociarse con incremento de lluvias en el Cuerno de África. Esa señal, como todas las de ENOS, depende de la estación y de otros moduladores climáticos regionales.

En Asia, el cuadro se divide. La OMM indica que El Niño se asocia típicamente con sequía sobre Australia, Indonesia y partes del sur de Asia, mientras puede favorecer más lluvia en Asia central. El Centro Meteorológico Especializado de la ASEAN, actualizado el 18 de mayo, informó que el sistema ENSO estaba bajo “El Niño Watch” y que se prevé una transición a condiciones de El Niño en junio-julio de 2026; para el sudeste asiático, señala que El Niño suele traer tiempo más seco y mayor riesgo de incendios forestales y humo transfronterizo.

En Australia e Indonesia, por tanto, la señal típica de El Niño es sequía o reducción de lluvias, con efectos potenciales sobre agricultura, agua e incendios. En el sudeste asiático, el centro regional aclara que los impactos son más fuertes durante eventos moderados o fuertes y que no todos los eventos se comportan igual, una cautela útil para evitar extrapolaciones rígidas.

En el Atlántico, el efecto más relevante para República Dominicana es la temporada ciclónica. Durante el verano boreal, El Niño suele favorecer huracanes en el Pacífico central y oriental, pero dificulta la formación de huracanes en la cuenca atlántica. La OMM lo explica como un efecto típico del calentamiento de las aguas del Pacífico, mientras NOAA lo incorpora a su pronóstico de temporada.

NOAA pronostica para la temporada ciclónica atlántica de 2026 una probabilidad de 55 % de actividad por debajo de lo normal, 35 % de una temporada cercana a lo normal y 10 % de actividad por encima de lo normal. En números, prevé de 8 a 14 tormentas nombradas, de 3 a 6 huracanes y de 1 a 3 huracanes mayores, con 70 % de probabilidad para cada rango. Esos valores están por debajo de los promedios 1991-2020: unas 14 tormentas nombradas, 7 huracanes y 3 huracanes mayores.

¿Qué significa para República Dominicana?

Para República Dominicana, el escenario combina tres riesgos principales: más calor, posible reducción o irregularidad de lluvias en algunos períodos, y una temporada ciclónica atlántica que podría ser menos activa en número total, pero no libre de amenazas.

La señal más sólida para el país es el calor. La OMM ubica al Caribe entre las regiones con señal especialmente fuerte de temperaturas por encima de lo normal para mayo-julio. INDOMET, en su informe del 23 de mayo, ya mantenía recomendaciones por temperaturas “bastante calurosas”: tomar suficientes líquidos, usar ropa ligera y de colores claros, evitar exposición prolongada al sol y permanecer en lugares frescos y ventilados.

El segundo punto es el agua. El Niño tiende a asociarse en el Caribe y Centroamérica con períodos más secos, aunque no elimina episodios de lluvias intensas por vaguadas, ondas tropicales o sistemas locales. De hecho, el informe de INDOMET del 23 de mayo reportaba aguaceros fuertes por vaguada, alertas meteorológicas por riesgo de inundaciones urbanas, crecidas de ríos, arroyos y cañadas, y posibles deslizamientos.

Ese contraste es central: prepararse para El Niño no significa prepararse solo para sequía. Significa prepararse para variabilidad: calor persistente, estrés hídrico en algunas zonas y, al mismo tiempo, episodios puntuales de lluvias fuertes capaces de generar inundaciones. El país ya conoce esa doble amenaza: barrios que se inundan con aguaceros cortos y zonas agrícolas que sufren cuando la lluvia se retrasa o se distribuye mal.

En enero de 2026, el boletín de sequía meteorológica de INDOMET mostró un punto de partida mixto: las 24 estaciones analizadas acumularon 3,445.6 milímetros, equivalentes a 167.74 % de la normal del mes, y solo 8 % de las estaciones recibió aportes por debajo de la media normal. Sin embargo, el mismo informe indicó que 25 % de las estaciones estaban en “permanencia de sequía”, lo que muestra que un mes lluvioso no necesariamente borra condiciones acumuladas en todas las zonas.

¿Cómo debe prepararse República Dominicana?

La preparación debe empezar por una coordinación formal entre INDOMET, INDRHI, COE, Ministerio de Agricultura, Salud Pública, Medio Ambiente, CAASD, INAPA, Edes, ayuntamientos y sectores productivos. No basta con publicar boletines. Hace falta convertir el pronóstico ENOS en decisiones de agua, salud, agricultura, energía, gestión de riesgos y comunicación pública.

Primero, agua

 El país debe actualizar el balance de embalses, acueductos, pozos, caudales y demanda por provincia. El INDRHI, INAPA, CAASD y las corporaciones de acueductos deben cruzar sus datos con escenarios de lluvia de INDOMET. Si El Niño se consolida hacia junio-agosto, la planificación debe anticipar los meses de mayor demanda y posibles déficits. Las medidas concretas incluyen control de fugas, priorización de abastecimiento humano, campañas de ahorro, programación transparente de servicios y monitoreo especial en zonas históricamente vulnerables a sequía.

Segundo, agricultura

 El Ministerio de Agricultura debe activar una mesa técnica con información por cultivo, calendario de siembra, disponibilidad de riego, seguros agropecuarios e inventario de semillas resistentes o de ciclo corto. Naciones Unidas recomienda acciones anticipatorias, porque ya han demostrado resultados: durante el episodio 2023-2024, intervenciones en nueve países beneficiaron a más de 100,000 personas en 250 comunidades rurales mediante transferencias, insumos agrícolas, rehabilitación de sistemas de agua, riego, brigadas de salud animal y fortalecimiento local. En algunos países centroamericanos, esas medidas elevaron hasta 40 % la producción de maíz y frijol.

Tercero, salud pública

 El calor sostenido exige protocolos para escuelas, trabajo al aire libre, envejecientes, embarazadas, niños y personas con enfermedades crónicas. INDOMET ya recomienda hidratación, ropa ligera, evitar exposición prolongada y permanecer en lugares frescos; Salud Pública debe convertir esas recomendaciones en mensajes segmentados, horarios de protección laboral, vigilancia de golpes de calor y preparación de hospitales ante enfermedades relacionadas con temperatura y calidad del agua.

Cuarto, gestión de riesgos 

Aunque NOAA prevé una temporada ciclónica atlántica por debajo de lo normal, el COE no puede tratar esa proyección como permiso para relajarse. Su propio Plan de Contingencia para Huracanes establece fases operacionales de preparación, prevención/mitigación, respuesta y recuperación, y está diseñado para tormentas tropicales y huracanes que puedan afectar directa o indirectamente el territorio dominicano.

 

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