Por Emiliano Reyes Espejo
El cuadro regional luce atractivo para los inversionistas. En el ínterin, la pregunta que surge en el marco de la actual coyuntura económica mundial es, si es Cuba, o si será la República Dominicana que terminará convirtiéndose en el Taiwán del Caribe.
Los reportes oficiales destacan que en el pasado año 2025 la inversión de capital extranjero superó los US$5,000 millones de dólares y se perfila, de acuerdo con esas apreciaciones, un aumento significativo en este 2026 y en los próximos años.
Incluso, analistas internacionales, como lo es el reputado experto en geopolítica mexicano, Alfredo Jalife-Rahme, se ha referido al “milagro económico de República Dominicana”, el cual dijo pudo palpar durante una reciente visita académica que realizó al país.
Igualmente, el Americas Investment Forum 2026 (AIF) que se celebró del 1 al 3 de este mes de julio en Santo Domingo, con asistencia de delegaciones de 52 países, destacó la capacidad de captación de inversiones que tiene el país. En el evento se “concluyó posicionando a la República Dominicana como un hub logístico y un imán para el nearshoring” o nación de geolocalización cercana.
¿Tiene República Dominicana potencial para convertirse en el Taiwán de América Latina y el Caribe? ¿De gestarse un cambio en Cuba, se impondrá allí el modelo económico taiwanés en sustitución del experimento socialista? ¿Qué papel jugaron Estados Unidos y Europa para que Taiwán surgiera como una potencia económica y logre un desarrollo industrial y tecnológico de incidencia mundial?
Depende de factores
La respuesta de la primera pregunta dependerá de muchos factores, los cuales hay que explicar. Primeramente, hay que estudiar, escudriñar, plantear políticas, estrategias y superar obstáculos, con miras a lograr que el país remonte al posicionamiento histórico que tuvo Taiwán en sus inicios.
Y mientras esa isla libra una lucha de frente a China por la preservación de su territorio, reclamado como propio por parte del país, sectores políticos de Estados Unidos impulsan una promoción dirigida a aplicar en Cuba el modelo económico e industrial de Taiwán. Da la impresión de que existe el interés de sustituir el actual “esquema económico socialista al estilo cubano” por la visión capitalista taiwanesa.
El desarrollo taiwanés se remonta a los tiempos de “la guerra fría” en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. En esta guerra participaron los países del campo socialista (la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas-URSS) y la República Popular China (RPCH, Corea del Norte) por un lado; mientras Estados Unidos, Europa y sus socios defienden los valores en el lado capitalista.
Miles de millones USA a Taiwán
La isla de Formosa o Taiwán era entonces un territorio chino dedicado mayormente a la producción agrícola.
Según los datos históricos, todo aconteció cuando “tras la derrota del Partido Nacionalista Chino en la Guerra Civil China en 1949, aproximadamente 1,2 millones de nacionalistas huyeron a Taiwán. Chiang Kai-shek y sus generales establecieron la República de China al año siguiente, con capital en Taipéi. Para los nacionalistas, 1950 marcó su separación de China. Sin embargo, el Partido Comunista de China nunca ha aceptado esta separación y sigue considerando a Taiwán parte de la República Popular China”.
A partir de esos hechos, la isla de Formosa o de Taiwán contó con el apoyo de Estados Unidos, Japón y Europa, no solo en el aspecto político y militar, sino también en su desarrollo industrial.
“Estados Unidos y Europa contribuyeron al auge industrial de Taiwán financiando su desarrollo inicial mediante ayuda económica y militar, transfiriendo tecnología avanzada, y proporcionando mercados masivos para sus exportaciones”, señalan analistas. Sostienen, además, que “la integración (de la isla) en sus cadenas de suministro globales, lo que permitió a las empresas taiwanesas especializarse en semiconductores y tecnología”.
Estados Unidos “inyectó miles de millones de dólares en ayuda económica, asistencia técnica y seguridad, lo que permitió a Taiwán lograr estabilidad monetaria y construir un mercado orientado a las exportaciones”. También se registró una masiva transferencia de tecnología “a través de asociaciones público-privadas y el retorno de talentos formados en instituciones estadounidenses”.
Igualmente, “Estados Unidos sirvió como el principal mercado de destino para los productos manufacturados de Taiwán, desde bienes de consumo básicos en los años 80 y 90, hasta microchips en la actualidad”, mientras los países europeos “abrieron sus mercados a los productos taiwaneses, absorbiendo una parte vital de las exportaciones de maquinaria, tecnología e informática”.
Tenemos que “empresas e instituciones europeas (como la holandesa ASML, clave en la fabricación de maquinaria litográfica) colaboran directamente con el ecosistema taiwanés. Taiwán, a su vez, mantiene un fuerte superávit comercial con la Unión Europea, suministrando la tecnología fundamental que sostiene las industrias europeas de automoción, energías renovables e inteligencia artificial”.
Juntamente con el apoyo de Estados Unidos, Europa y Japón, Taiwán comenzó con una reforma agraria y una política de sustitución de importaciones, con lo cual logró “financiar una primera fase de industrialización basada en manufacturas ligeras (textiles, plásticos y calzado) orientas al mercado interno”.
¿Qué quiere esto decir? Que “el milagro taiwanés tuvo “un pie de amigo”, lo cual sumado a la capacidad, tenacidad, valentía y tesón de sus habitantes (y a la dictadura del general Chiang Kai-sek) consiguió que la isla emerjiera como una potencia tecnológica e industrial a nivel mundial.
Condiciones geopolíticas
Dadas las señaladas circunstancias, cabe preguntarse ¿Estarán esas potencias en disposición de repetir el milagro taiwanés en República Dominicana o en cualquier otra nación de América Latina y el Caribe, incluyendo a Cuba? La actual coyuntura geopolítica parece favorecer este propósito.
Pero todo dependerá de la sagacidad y visión del liderazgo nacional, tanto en el campo político como en el empresarial e industrial. Respecto a Cuba, primero tendría que producirse un cambio del sistema político cubano.
¿Por qué se hace este inusual planteamiento? Porque ocurre que China juega sus cartas y cada día es mayor la decisión adoptada por esta potencia para recuperar la isla de Taiwán. Es conocido el interés de la China socialista de aplicar en Taiwán la estrategia de “dos países y un sistema”. Si China logra su objetivo, tendremos que Estados Unidos se verá obligado a buscar opciones para impulsar en la región un modelo de desarrollo al estilo Taiwán.
En ese caso, creemos tener el territorio ideal, estratégicamente cercano y que puede servir a inversionistas estadounidenses, europeos y de otros países interesados en acceder desde aquí al apetecido mercado norteamericano.
Lo acontecido en Taiwán en 1949 fue producto de una situación geopolítica global muy particular. ¿A caso no es eso lo que ocurre con los actuales conflictos que se escenifican entre Estados Unidos, Rusia, Ucrania, Irán, países árabes e Israel? De hecho, se registran reagrupamiento de naciones y potencias económicas como son los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Irán, etc.) y el bloque de Estados Unidos, países árabes y la Unión Europea.
En medio de estos conflictos globales, República Dominicana logra un buen posicionamiento para la Inversión Extranjera Directa (IED) según acaba de confirmarse en el Americas Investment Forum 2026 que se realizó en esta capital con la presencia de medio centenar de países e inversionistas.
Este cónclave no solo nos posiciona como hub logístico estratégico e imán para inversiones, sino que también destacó los aspectos siguientes:
-La confianza, estabilidad y la seguridad jurídica reinantes en el país
-El hito de la IED estableciendo un récord de inversiones al superar el año pasado la barrera de los US$5,032 millones de dólares, especialmente en turismo y zonas francas.
-El más reciente informe publicado a través de la plataforma de inteligencia de mercados de Pro Dominicana establece que en el primer trimestre de 2026 la “República Dominicana captó un récord histórico de US$1,536.7 millones al cierre de marzo de 2026, lo que representa un incremento interanual del 6.4% respecto al mismo periodo del año anterior”.
-Se destaca en ese informe que más de dos terceras partes de este flujo (US$1,046.3 millones) corresponde a nuevos capitales.
*El autor es periodista.







