Un oficial de inteligencia soviético y un periodista estadounidense abrieron un canal informal entre Nikita Jruschov y John F. Kennedy que contribuyó a desactivar la crisis de los misiles de Cuba.
Fuente: RT
John A. Scali, periodista de ABC (derecha), y Alexánder Feklísov, jefe de la inteligencia soviética en Estados Unidos.
La crisis de los misiles de Cuba, ocurrida en 1962, estuvo a punto de desencadenar una guerra nuclear en plena confrontación entre la Unión Soviética y Estados Unidos. La catástrofe fue evitada mediante el diálogo entre Moscú y Washington.
Sin embargo, los líderes de ambas superpotencias difícilmente habrían podido alcanzar un acuerdo sin la participación del coronel de los servicios secretos soviéticos Alexánder Semiónovich Feklísov.
El primer paso para encontrar una salida al conflicto fue dado por dos personas que no formaban parte de los equipos oficiales de negociación: John A. Scali, periodista de ABC, y Feklísov, oficial de inteligencia soviético que desempeñaba oficialmente funciones de consejero en la Embajada de la URSS bajo el seudónimo de «Fomín».
Alexánder Feklísov con su libro de memorias.
El papel de la inteligencia soviética
Como jefe de la estación del KGB en Washington, Feklísov mantuvo informado al Kremlin sobre la manera en que Estados Unidos buscaba una salida a la crisis provocada por la instalación de misiles soviéticos en Cuba, explicó el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia.
Gracias a sus informes, Moscú supo que el presidente John F. Kennedy se resistía a las exigencias de los «halcones», quienes reclamaban un bombardeo masivo e inmediato contra Cuba.
El 21 de octubre de 1962, «Fomín» envió un telegrama a la dirección del KGB para informar sobre una reunión de emergencia del Gobierno de Kennedy. Al día siguiente, durante un discurso a la nación, el mandatario estadounidense advirtió sobre la amenaza para la seguridad de su país. Nikita Jruschov respondió con un mensaje en el que describió el bloqueo naval de Cuba como unas «acciones agresivas sin precedentes».
La situación se volvía cada vez más explosiva. La mañana del viernes 26 de octubre, Feklísov invitó a almorzar a John Scali, comentarista de política exterior de ABC, presentador de televisión y persona cercana a los hermanos Kennedy.
No era la primera vez que ambos se reunían. Scali conocía el verdadero papel desempeñado por «Fomín» en Estados Unidos y había promovido un encuentro anterior.
Años después, el periodista recordó la urgencia con la que Feklísov lo convocó:
«Ya había almorzado cuando me llamó, pero su voz era tan urgente e insistente que decidí ir de inmediato», relató.
Feklísov y Scali terminaron comunicándose en nombre de Nikita Jruschov y John F. Kennedy.
Los dos hombres se encontraron en el restaurante Occidental, situado a dos cuadras de la Casa Blanca. Después de pedir la comida, fueron directamente al asunto que los había reunido: la guerra parecía estar a punto de estallar.
La amenaza «no autorizada» de Feklísov
«El Pentágono le asegura al presidente que, si acepta, eliminarán los misiles soviéticos y el régimen de Castro en 48 horas», señaló Scali.
«Primero —respondí—, hasta donde sé, la dirigencia soviética considera a Kennedy un estadista capaz y con visión de futuro. Creo que es un hombre razonable y que detendrá a los generales y almirantes belicosos que planean arrastrarlo a una gran aventura cargada de consecuencias catastróficas.
»Segundo, el pueblo cubano defenderá su libertad a vida o muerte.
»Tercero, el presidente debe ser plenamente consciente de que invadir Cuba equivaldría a darle rienda suelta a Jruschov. La Unión Soviética podría tomar represalias contra algún punto vulnerable de Estados Unidos en otra parte del mundo que tenga importancia militar y política para Washington».
Según recordó Feklísov en sus memorias, Scali no esperaba aquella respuesta.
«Me miró fijamente a los ojos durante un largo rato y luego preguntó: “¿Crees, Alexánder, que será Berlín Occidental?”. “Como contramedida, es totalmente posible”, respondí», escribió el oficial soviético.
El resto del almuerzo transcurrió en silencio. Scali recordó que Feklísov estaba tan absorto en sus pensamientos que tomó por equivocación sus pasteles de cangrejo, mientras él terminó comiéndose la chuleta de cerdo que había pedido el agente soviético.
Retrato de John Scali en el restaurante Occidental y placa de bronce que conmemora su reunión con Alexánder Feklísov.
«Nadie me autorizó a hablar sobre la posible toma de Berlín Occidental como respuesta soviética a una invasión estadounidense de Cuba», reconoció Feklísov años después. «Actué bajo mi propio riesgo. Ahora está perfectamente claro: corrí un riesgo, pero tuve razón».
Los interlocutores reunidos en el restaurante Occidental nunca imaginaron que terminarían convirtiéndose en mediadores informales para resolver la crisis de los misiles. «Fomín» informó al embajador soviético sobre el contenido de la conversación, mientras Scali se dirigió a la Casa Blanca.
El resultado del almuerzo
Poco después de aquel encuentro, el fiscal general de Estados Unidos, Robert Kennedy, encargado por su hermano de conducir las negociaciones secretas con los representantes soviéticos, transmitió a «Fomín», a través de Scali, una propuesta de compromiso para resolver la crisis.
La posibilidad de un ataque soviético contra Berlín Occidental se convirtió en un argumento de peso para John F. Kennedy. Estados Unidos propuso retirar sus misiles instalados en Turquía y se comprometió a no invadir Cuba, a cambio de que la Unión Soviética retirara sus armas nucleares de la isla.
Años después, una placa de bronce fue colocada en el interior del restaurante Occidental, en Washington, para recordar el encuentro:
«En esta mesa, durante los tensos momentos de la crisis de los misiles de Cuba, el misterioso ruso “señor X” transmitió al corresponsal de ABC-TV John Scali una oferta rusa para retirar los misiles de Cuba. Gracias a esta reunión, se evitó la amenaza de una posible guerra nuclear».







