Donald Trump debe ser el garante del legado encontrado

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Por Santo Salvador Cuevas 

Se hace más sangrienta y tenebrosa para todo el planeta, la línea de acción asumida por el presidente Donad Trump, que, unido a las limitaciones visionarias, su distanciamiento de los eventos históricos y su desprecio por la humanidad.

Y es que, hasta el día de hoy, ningún miembro del Capitolio se ha puesto de pie para decir las verdades necesarias para que cambie de rumbo.

No ha salido una voz, sea por dignidad o respeto, para que no mansille el legado dejado por los forjadores del poder de esa nación que se la jugaron en los campos de batalla en Stalingrado, Normandía, Japón y la toma de Berlín en la 2da Guerra Mundial.

Alguien debe reivindicar el legado de los hombres y mujeres que aportaron sus ideas, sus capacidades, sus inventivas y la sangre para dar poder militar, político y económico a los Estados Unidos de América.

Esos sí tenían méritos de sobra para sentarse en una cadena de conferencias a redefinir el curso de la humanidad, una vez concluida la gran confrontación mundial.

Allí estuvieron los presidentes José Stalin, de Rusia; Franklin D. Roosevelt, de EE.UU.; y el primer ministro Winston Churchill, de Gran Bretaña.

Ellos, con todo el poder que da la moral, establecieron fechas y lugares para juntarse y redefinir el nuevo orden mundial. Lo hicieron luego de sacrificarlo todo en los campos de batalla en Stalingrado, en Normandia, en Japón y Berlín.

Así surgen las conferencias en donde se consensuaron las ideas que ahora Donald Trump viene destruyendo y con un plumazo bañando en sangre a cada nación.

El Nuevo Orden nació de esas conferencias. Ellos asumieron por consenso la Carta de las Naciones Unidas y asumieron respetar la soberanía de los pueblos y su autodeterminación. 

La Conferencia de Yarta, 11 de febrero de 1945.

La Conferencia de San Francisco, 25 de abril al 26 de junio de 1945.

La Conferencia de Potsdam, 17 de julio al 2 de agosto de 1945.

La Conferencia de París, 29 de julio al 15 de octubre de 1946.

Y debe estamparse también las batallas de Stalingrado, el 31 de enero de 1943; el desembarco de Normandía, el 6 de julio de 1944;

la batalla de Berlín, que vino a ser la última gran batalla que decidió el fin de la Segunda Guerra Mundial, el  16 de abril de 1945; sin dejar de incluir la decisión sangrienta de atacar a Hiroshima y Nagasaki.

Los que formaron ese poder derramando su sangre y poniendo en juego sus vidas en las playas de Normandía, Francia, en 1945; los mismos que obligaron al fin de la 2da Guerra Mundial con la claudicación de Japón y el final de esa contienda bélica,  quienes,  semejantes a sus iguales, que obligaron la rendición del ejército nazi en la ciudad heroica de Stalingrado, que no pararon la batalla hasta la toma de la ciudad de Berlín en 1945.

A esos sí les sobraba el mérito del que hoy carece el presidente Donald Trump para, montado sobre un poder que tanta sangre costó construir y hoy usted tiene el tupé de decir que "voy a tener el honor" de entrar a Cuba y sobre montañas de muertos intentar secuestrar al líder revolucionario Raúl Castro.

Usted tiene poder, el poder ajeno que otro construyó y usted hoy le encara que tendrá "el honor" que ellos no tuvieron, aun sabiendo que su decisión implica bañar en sangre a la Cuba de Martí, Gómez, Fidel, Raul y El Ché.

A esos que Trump descalifica, una vez concluida la gran contienda mundial en 1945, se reunieron en varias cumbres, para redefinir por consenso el Mapa Mundial, ellos entendieron que la humanidad es de todos y a todos corresponde la convivencia en armonía y en paz universal.

Establecieron en documentos que sellaron con su firma, que el camino para un mundo sin miedos ni desprecio por la especie humana ameritaba de una "Carta de las Naciones Unidas", en donde prevalezca el respeto a la Soberanía de las Naciones y la Auto Determinación de los Pueblos.

A Stalin, a Franklin Delano, y a Churchill, les sobraban méritos para escribir la historia.

Usted no tiene ningún derecho a estropear y tirar al zafacón el legado de quienes se la jugaron en los campos de batalla en las décadas de 30 y 40.

Usted carece de los méritos para ignorar los eventos históricos de su nación, ni usted participó en ninguno de esos eventos, ni sus familiares antecesores, dado que todo en Estados Unidos usted lo encontró edificado y le toca ser el guardián de ese legado sagrado, surgido en esas cumbres históricas, una vez concluida la 2da. Guerra Mundial.

Lo están asesorando muy mal, señor presidente, lo invito a que retome su discurso de paz difundido durante la campaña electoral y evite que todo cuanto prometió en campaña pase a ser una estafa contra los votantes de EE. UU.

Aleje de su lado a ese infeliz, bueno para nada, llamado Marco Rubio, que solo sabe hablar de injerencia y venganza.

El mundo merece vivir en paz.

Respete el legado de esos grandes hombres que se reunieron en varios lugares del mundo para reconfigurar una era de paz para toda la humanidad.

La humanidad no es la finca del más fuerte. Deje a los pueblos del mundo vivir en paz.

No insista en violar el territorio cubano. Está en camino un baño de sangre que usted debe impedir y ni Cuba ni América Latina se merecen.

Santo Salvador Cuevas
Santo Salvador Cuevas
Quien escribe es militante social de larga data, egresado con honores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) licenciado en Filosofía y Letras, con residencia en el municipio de Tamayo, al Sur del país.

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