Lo que vemos del mañana político dominicano (1/4)

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Por Rafael Céspedes Morillo

(No escribo lo que quisiera que fuera, escribo lo que creo que es o será, al margen de mis deseos personales)

República Dominicana compite con Venezuela en cantidad de partidos políticos, a pesar de que aquí somos unos 12 millones de personas y Venezuela está cercana a los 30 millones; casi nos triplican en habitantes.

La verdad es que hay quienes han descubierto, tanto en Venezuela como en República Dominicana, que es mejor negocio “construir” un partido que una fábrica, una industria o cualquier otro tipo de empresa.

Afortunadamente, hay una generación de políticos que, en los próximos tres años, desaparecerá como tal. No me refiero al plano físico, sino como entes políticos que gravitan en el campo de la política nacional.

Otra coincidencia es que en Venezuela pasará lo mismo: serán muchos los que dejen el espacio o se les cierre, porque sus discursos serán obsoletos, fuera de foco, anti actualidad y por varias razones más.

Veamos algunos detalles en el caso de República Dominicana.

Como ya dijimos, son muchos los partidos en República Dominicana, pero concentraremos el análisis en los ocho que tienen algún nivel de presencia y militancia. Lo haré en función de la posición que les asigno en este momento a cada uno de los que referiré.

Por ende, comienzo con el PRM. Debe estar aún a la cabeza en términos numéricos. Una de las razones es que son el gobierno; allí hay miel, y según se dice, nada sabe mejor que la miel del poder.

Quienes constituyen el PRM, en su gran mayoría, provienen del PRD por historia; pero, como está integrado en sus diferentes estamentos, es el fruto del acomodo, jugando un papel el factor tiempo, ese implacable que a veces nos sorprende, pero que casi siempre nos hace saber que no somos para siempre. En esa situación coloco a Hipólito Mejía. Está desarrollando sus últimos esfuerzos; asumo que, a partir del 2028, descansará y será parte de la historia, al margen de lo que suceda con Carolina. Es cuestión de tiempo.

Sin embargo, creo que es el segundo líder del PRM. El primero, sin duda alguna, lo es Abinader, amo y señor de las decisiones en ese partido en una gran mayoría. Es el único con capacidad de firmar decretos; eso es una posibilidad cierta de posicionarse como líder, aunque ya lo venía siendo. Su consolidación se produce al ganar la presidencia de la República en el 2020. 

Pero no podrá continuar y, en unos dos años, comenzará a verse oposición interna en el partido. El sector que le dará batalla será el de Hipólito, cuando Abinader muestre su verdadera inclinación hacia un sector que no es el de Hipólito.

Veo a Abinader con una inclinación casi directa hacia David Collado, y eso le traerá problemas con el sector de Carolina, mejor dicho, de Hipólito; al margen de que puedan surgir otros sectores, pero el de Hipólito es seguro.

En mis conclusiones, el amigo Hipólito Mejía tiene por delante los años que faltan para el 2028 y, de ganar su hija, se recompondrá por uno o dos años más; pero políticamente, Hipólito es casi el pasado.

Abinader, sin que intervenga en este caso la edad, no tiene más tiempo político que Hipólito, porque no puede reelegirse ni hay esperanza de que pueda seguir firmando decretos más allá del 2028. De modo que su liderazgo también tiene cercano su final.

Este es un país presidencialista y, cuando quien firme los decretos sea otro, aunque haya recibido su apoyo, el gallo tendrá otro tipo de canto.

Veremos entonces a un Abinader caminando con dos coroneles a su lado, que no tienen otra función que garantizarle la vida. Para ese momento, la calle donde vive no permanecerá cerrada; la que van a cerrar estará en otro lugar.

¿Cuáles son, a partir de estas consideraciones, las opciones de nuevos liderazgos en el PRM que puedan darle continuidad a ese partido y que pueda seguir gravitando como en la actualidad?

De eso hablaremos en el próximo artículo.

Rafael Céspedes Morillo
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