PISA: de los resultados a las posibilidades (#8)

Una reflexión de Miguel J. Escala, en diálogo con autores nacionales y GPT.

MJE: Terminamos el pasado artículo #7, PISA es más que mediciones, con una frase que llamaríamos «cohete» y cuatro recomendaciones generales en el marco del Ver, Juzgar y Actuar. Estas nos servirían para organizar el proceso de reflexión y proponer acciones a partir de los resultados de PISA. Decíamos:

“El verdadero valor de PISA no estaría solamente en mostrarnos dónde estamos, sino en ayudarnos a descubrir cómo podemos avanzar”.

Identificamos entonces cuatro tareas para aprovechar mejor los resultados de PISA:

  1. Ir a los centros, no solamente a los promedios.
  2. Estudiar a quienes lo están haciendo mejor.
  3. Hacer que la información regrese a las escuelas.
  4. Cuestionar los instrumentos con los que medimos.

En esta ocasión profundizaremos en las tres primeras, procurando identificar marcos de referencia que nos permitan fundamentar nuestras posiciones y examinar críticamente otras propuestas. La cuarta tarea merece una reflexión más amplia: no se trata únicamente de cuestionar los instrumentos de medición, sino, sobre todo, de situar sus resultados en nuestro contexto y decidir qué podemos aprender de ellos y qué conclusiones no sería prudente extraer.

EL CHANCE A LA ESCUELA (2024):

Los invito a recuperar, una vez más, la declaración de Repensar la Educación (RED) como fuente de inspiración para nuestra reflexión:

“Es necesario que se desarrolle en los docentes el sentido de autoeficacia para desempeñar su importante rol y el sentido de equipo para dar sostenibilidad a los esfuerzos y celebrar con otros los logros alcanzados. Proporcionar recursos y oportunidades de desarrollo profesional continuo permite a los docentes y directivos enfrentar los desafíos cambiantes y mantenerse actualizados en las mejores prácticas pedagógicas. Crear condiciones desde la gestión para la institucionalización de las comunidades de aprendizaje profesional es una estrategia de valor indiscutible para el desarrollo docente y la mejora escolar.

Esto da lugar a escuelas donde se fomenta el bienestar compartido entre sus distintos actores, generando un sentido de orgullo por formar parte de ellas y una satisfacción de desarrollo continuo. ‘Voy a la escuela y trabajo en ella porque encuentro un espacio maravilloso para ser mejor persona y mejor ciudadano’ debe ser expresión compartida”.

En síntesis, se apuesta por docentes comprometidos, con sentido de autoeficacia y oportunidades permanentes de desarrollo profesional, en escuelas donde el liderazgo directivo impulse el trabajo en equipo, las comunidades de aprendizaje y la mejora continua.

No se trata, por tanto, de esperar que los resultados cambien por el simple aumento de los recursos, ni de atribuir toda la responsabilidad a los maestros. 

MJE:

  1.  ¿Maestros para enseñar o para mantener el orden?

Al abordar los resultados de PISA, encontramos en las redes sociales numerosas opiniones críticas sobre los docentes dominicanos. Algunas cuestionan su origen campesino, otras especulan sobre su cociente intelectual y otras les atribuyen falta de responsabilidad. En conjunto, muchas de estas opiniones los presentan como los principales responsables de los resultados de PISA 2025, pero, paradójicamente, parecen considerar difícil que puedan formar parte de las soluciones.

Algunos lectores de nuestros artículos también han compartido comentarios que duelen, porque excluyen a los docentes de la búsqueda de las mejores respuestas. Es legítimo cuestionar la formación, el desempeño y los resultados de quienes enseñan. Lo que no parece razonable es convertir esas críticas en una condena generalizada que cierre las posibilidades de desarrollo profesional.

El 14 de septiembre pasado, el reconocido economista Andrés Dauhajre   publicó en el diario El Caribe un artículo titulado Necesitamos maestros de CA o IA, en el que aludía a la supuesta mejoría de los resultados de El Salvador en PISA 2025. Allí sostuvo, entre otras cosas:

  • ”La investigación determinó que el principal problema que tenía nuestra función de producción del servicio de educación era la bajísima calidad de nuestros maestros”.
  • “Elevar el gasto en educación con ese mismo ‘cuerpo docente’ derivaría en un despilfarro de recursos, pues el nivel de aprendizaje de nuestros estudiantes no mejoraría pagando mayores salarios a los maestros del sistema público”.
  • “Sigamos pagando a nuestros maestros lo mismo que ganan ahora. No para enseñar, algo que no pueden hacer, sino para imponer y garantizar el orden en el aula”.

La propuesta de Dauhajre, quien en otras ocasiones ha planteado soluciones radicales para mejorar lo que sucede en las aulas, merece ser examinada. Ante lo que considera la dificultad de disponer de docentes de “Calidad Asiática” (CA), plantea la posibilidad de recurrir a la inteligencia artificial (IA), mientras los maestros se ocupan de garantizar las condiciones de orden y disciplina necesarias para que los estudiantes puedan aprender.

“Para que en un aula con “maestros de IA” todos puedan aprender, se requerirá orden, control y disciplina. Sigamos pagando a nuestros maestros lo mismo que ganan ahora. No para enseñar, algo que no pueden hacer, sino para imponer y garantizar el orden en el aula.”. 

Entendemos la preocupación que hay detrás de la posición del economista. El incremento del gasto en educación, incluidos los salarios docentes, no ha conseguido transformar los resultados en la medida esperada. La mayor asignación presupuestaria, en un contexto de recursos públicos limitados, no constituye por sí sola una garantía de mejores aprendizajes. Necesitamos explorar nuevas soluciones y examinar críticamente las que se han propuesto.

Compartimos, por tanto, la urgencia de encontrar alternativas eficaces. Sin embargo, discrepamos de la solución que se propone, lo cual  no significa desconocer el problema que se intenta resolver. Nuestra reserva está en reducir la función docente a la de un agente del orden, como si mediar los aprendizajes fuera una tarea que nuestros maestros no pueden realizar y como si su contribución al aprendizaje pudiera sustituirse por el uso de la inteligencia artificial.

La disciplina y la organización del aula son condiciones importantes para aprender, pero no equivalen a enseñar. Tampoco la inteligencia artificial, por sí sola, garantiza aprendizajes. La cuestión que debemos plantearnos es cómo combinar tecnología, competencias docentes, liderazgo escolar y condiciones adecuadas para que todos los estudiantes tengan mejores oportunidades de aprender.

  1. La experiencia salvadoreña: más allá del control del aula

En su artículo La experiencia de El Salvador para mejorar los aprendizajes, publicado el 14 de octubre, Ángel Hernández identifica características del trabajo educativo salvadoreño reportado que van más allá de la función docente como agente del orden. Entre las acciones que destaca figuran las siguientes:

  • Tutoría inteligente. Se utilizó un tutor basado en inteligencia artificial para ofrecer apoyo personalizado a los estudiantes y monitorear sus avances y dificultades.
  • Formación docente. Los maestros recibieron capacitación para utilizar estas herramientas, bajo el principio de que la tecnología no sustituye al docente, sino que complementa su labor.
  • Liderazgo pedagógico. Los directores participaron desde el principio, contribuyendo a organizar y acompañar el proceso educativo.
  • Clima escolar y disciplina. La organización, la seguridad y las normas de convivencia contribuyen a crear condiciones favorables para el trabajo educativo. No obstante, sería prematuro atribuir los resultados de una experiencia piloto exclusivamente a la política de seguridad y al control social del Gobierno.

La lección esencial que podemos extraer es que mejorar los aprendizajes exige objetivos claros, docentes capacitados, directores comprometidos, evaluación continua, tecnología al servicio de la pedagogía y un uso de calidad del tiempo dedicado a enseñar y aprender.

  1. Tres marcos para ampliar la mirada

Considero que hay tres temas que vale la pena examinar como marcos de referencia para tomar mejores decisiones. Sus aportes pueden complementar y matizar algunas posiciones que, a nuestro juicio, no consideran suficientemente las dimensiones organizacionales y psicopedagógicas del problema:

  1. La tradición de la escuela efectiva
  2. La indagación apreciativa, 
  3. La mentalidad de crecimiento (growth mindset) de Carol Dweck, 

Estos tres marcos nos permiten desplazar la pregunta desde lo que supuestamente no pueden hacer nuestros docentes hacia las condiciones que necesitan para desarrollarse, mejorar su desempeño y contribuir a mejores aprendizajes. 

En la continuación de esta reflexión es importante examinar qué puede aportar cada uno de estos enfoques a las tareas planteadas: mirar más allá de los promedios, aprender de los centros que obtienen mejores resultados, hacer que la información regrese a las escuelas y utilizarla para orientar decisiones que puedan evaluarse y mejorarse.

GPT: 

Le dije a GPT: “Para avanzar en la búsqueda de soluciones a los bajos resultados en los aprendizajes como revelan las evaluaciones, propongo considerar tres aproximaciones que, desde perspectivas diferentes, nos ayuden a mirar más allá de las deficiencias y a identificar posibilidades de transformación. Favor compartir un resumen de las aproximaciones”.

GPT comparte: 

  1. La escuela efectiva

“Estas corrientes, con sus diferencias históricas y conceptuales, comparten el interés por comprender cómo la organización escolar y las prácticas pedagógicas pueden favorecer mejores aprendizajes. Nos invitan a prestar atención a lo que ocurre en las aulas, a las diferencias entre los estudiantes y a las estrategias que permiten responder a sus necesidades. En lugar de conformarnos con promedios nacionales, podemos estudiar centros que obtienen resultados valiosos, identificar sus prácticas y comprender qué condiciones permiten sostenerlas. No se trata de copiar modelos sin considerar el contexto, sino de aprender de experiencias que ofrecen posibilidades de mejora.

  1. La indagación apreciativa.

Esta perspectiva de desarrollo organizacional propone comenzar por reconocer las fortalezas, capacidades y experiencias positivas que ya existen en una institución. En vez de concentrar toda la atención en las fallas, invita a descubrir qué funciona bien, comprender por qué funciona y movilizar esos hallazgos para construir un futuro mejor. Aplicada a las escuelas, permite reconocer a docentes y equipos que han logrado avances, promover el intercambio de experiencias y convertir los logros identificados en puntos de partida para la mejora colectiva. Apreciar las fortalezas no significa ignorar los problemas, sino ampliar los recursos disponibles para enfrentarlos.

  1. La mentalidad de crecimiento de Carol Dweck.

La propuesta de Dweck cuestiona la creencia de que las capacidades son invariables. Una mentalidad de crecimiento reconoce que las competencias pueden desarrollarse mediante el esfuerzo, las estrategias apropiadas, la retroalimentación y el acompañamiento. Esta perspectiva invita a evitar que los resultados de una evaluación se conviertan en etiquetas permanentes para estudiantes, docentes o centros educativos. En lugar de declarar quiénes pueden o no pueden enseñar, conviene identificar qué necesitan desarrollar, qué apoyos requieren y cómo podemos evaluar sus avances”.

MJE: Las tres aproximaciones identificadas convergen en una convicción: mejorar la educación exige identificar capacidades, crear condiciones para desarrollarlas y comprobar si nuestras acciones producen mejores aprendizajes. 

Estos enfoques ofrecen a las escuelas la oportunidad de redefinir sus prácticas mediante un Actuar fundamentado. El propósito no es justificar los resultados insatisfactorios, sino convertir su análisis en oportunidades de transformación.

Podemos compartir la preocupación por los resultados de PISA y la urgencia de actuar sin proclamar que los docentes constituyan el problema principal, ni reducir su función a mantener el orden en el aula.

Démosles a nuestros docentes un chance: el de participar en un Juzgar enriquecido, identificar lo que necesitamos transformar y desarrollar las competencias que hagan posible mejorar los aprendizajes de nuestros estudiantes.

Final del formulario

Miguel J. Escala
Miguel J. Escala
Miguel J. Escala Es educador desde 1969. Estudió Psicología y Educación Superior.

1 COMENTARIO

  1. Excelente. Considero que la mejora educativa no puede ser responsabilidad exclusiva de los docentes; requiere el compromiso y la alineación de todos los actores, especialmente las familias, los docentes y los equipos directivos. Cuando estos trabajan con objetivos comunes, comunicación efectiva y corresponsabilidad, los resultados de las evaluaciones se convierten en oportunidades reales para transformar los aprendizajes y construir una educación de mayor calidad para todos.

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