Por Alfonso Tejeda
Es una verdad incontrastable que el deporte, en sentido general, y algunas disciplinas y figuras en particular, han reportado a la sociedad dominicana en los últimos tiempos las mayores satisfacciones colectivas, las que se han convertido en sinergia y resiliencia con la que enfrentar una cotidianidad que día a día parece desafiar un clima cada vez más voluble, pero con tendencia a lo extremo, un tránsito ante el que parece que todos nos rendimos “a lo que sea”, y a una desazón que nubla hasta la esperanza.
Ante esa consuetudinaria actitud que parece imponerse, el deporte -que a decir del legendario Fafa Taveras- es, junto con la política, la brujería y el juego de azar, los temas dominantes en el quehacer de los y las dominicanos/as; aunque tal vez la brujería hoy carezca de aquella dimensión de cuando el dirigente político formuló su apreciación – décadas de 1970/ 1980-, en posible compensación está el juego de azar, del que las últimas cifras establecen un movimiento económico por encima de los 300 millones de pesos apostados cada día.
De la pelota, basta recordar que siempre se le ha denominado “El deporte rey” del país, que tiene entre sus méritos “clandestinos” ser la única actividad social que respeta la agenda temporal, los juegos del béisbol profesional son los únicos en comenzar a la hora pautada 8:00 PM, y es también la más popular disciplina, que a lo largos de los años -desde septiembre de 1956 cuando Osvaldo Virgil (El Orégano) debutó como el primer dominicano en Grandes Ligas-, hasta ahora recién con la selección de béisbol, que compitió en el Clásico Mundial de Béisbol 2026, con uno de los equipos más poderosos y costosos de la historia de estrellas de las Grandes Ligas.
Si los muchachos que integraron ese equipo demostraron coraje, entrega, disposición y alegría, con y por lo que estaban haciendo, el país entero, dominicanos/as repartidos a lo ancho y largo del mundo, hicieron vibrar sus íntimas fibras de manera tan ostensible que impactaron con tal entusiasmo a los seguidores del béisbol- sin importar dónde se encontraban- disposición, afán y apoyo a un conglomerado que ni siquiera porque fuera descartado antes de la competición final restó empuje, reconocimiento y devoción a esos jóvenes.
Porque esa fue una de las motivaciones más resaltantes: que quienes protagonizaron tan embrujante y cohesionador impacto, son jóvenes instalados en la veintena de años pero que asumieron, desde las energías juveniles, una madurez responsable frente al país y su gente, una manera de colectiva gratificación, tal como la que han venido derramando la ya marca país, Las Reinas del Caribe”, conjunto de voleibol que mantiene a República Dominicana en los más altos estándares de esa disciplina, y a muchas de sus integrantes (Priscila Rivera, Brenda Castillo, considerada la mejor líbero del mundo, famosa por sus excepcionales defensas y premios como Jugadora Más Valiosa en torneos internacionales; Brayelin Martínez y Jineiry Martínez, y Niverka Marte, entre otras), jugando en distintos escenarios.
Todavía sin la dimensión grupal de los participantes del Clásico Mundial del Béisbol, ni de la trascendencia de Las Reinas del Caribe, hijos de descendientes de dominicanos en el exterior, también están destacando en el baloncesto de Estados Unidos (Al Horford, logró un campeonato mundial con Boston; Karl Anthony Towns, otro con los Knicks de NY, entre los que han pasado por esa liga, y otros que prometen llegar como Yaxel Lenderborg); y la judoca Esmeralda Damiano, nacida en Suiza, hija de italiano y una dominicana, ganadora de una medalla de oro.
Junto con la Damiano ha ganado medalla de oro en esa disciplina, la francomacorisana Ana Rosa García, en las competencias de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrándose en el país, inaugurados el pasado viernes con un espectáculo del que todo han resaltado la vistosidad, organización y esplendor, esperanzadora puesta en escena de las capacidades de la República Dominicana, talento cómo el que con tanta disciplina, dedicación y entrega pone en cada una de sus carreras en los 100 metros planos la imparable Marileidy Paulino, destacadísima entre los deportistas y disciplinas que en estos tiempos tanta alegría, sinergia y resiliencia aportan a esta “media isla”.








