Por Yancen Pujols
Las lágrimas de Ana Rosa García mientras recibía el oro centroamericano en los -57 kilogramos no hablaron, pero sí fueron muy elocuentes.
Esa casa que aún no le termina a su madre en San Francisco de Macorís una vez era de madera y fue devorada por una colonia de comejenes.
Fue tan el banquete de las termitas que la casa se desplomó.
“Era de madera y se cayó, por completo. Tuvimos que mudarnos donde mi abuela, que también fue como una madre para mí. No había para dónde coger y ella nos acogió”, dijo la atleta de 28 años, con voz ronca por las emociones de los días recientes.
A los ocho años empezó en el judo, aunque no era que estaba muy a gusto. A quienes les encantaba la disciplina era a una hermana y a una prima. Resulta que quien se quedó en la disciplina fue ella. Sus familiares tomaron otro rumbo.
A los 14 años se vio en la obligación de salir hacia Santo Domingo a luchar por un futuro mejor.
“Había que salir de San Francisco, porque aquí (en la capital) era que estaban las mejores oportunidades de avanzar en el judo”, dijo Ana, cuya progenitora, Marina García, ha sido su guía, una instructora de mano dura que sembró valores y predicaba con el ejemplo: trabajaba en una panadería desde temprano hasta la noche. Ana no se dormía hasta que ella llegaba.
“Mi mamá trabajó bastante. Toda una campeona. De ella aprendí lo correcto y el apego a los principios”, relató.
Comentó Ana que en San Francisco hubo muchos días de una sola comida y estando en Santo Domingo también se sobrevivía con poco.
Pasaban meses sin poder ir al interior y de unos 200 pesos que recibía, “hacía el esfuerzo por guardar algo. Siempre he creído en el ahorro”, dijo.
Tiene en su prontuario una medalla de oro en los Juegos Panamericanos en Lima, Perú, en 2019 y en 2023 obtuvo un bronce. Por igual posee terceros lugares en campeonatos panamericanos.
Previo a ese primer lugar vivió frustraciones también.
¿Pensó en abandonar? “No, pero sentí los golpes de muchas situaciones. Eso me ha hecho más fuerte”, dijo Ana.
No solo de las medallas vive el atleta y Ana Smelyn está clara de eso. Fuera del Tatami, la superficie de competencia en algunas artes marciales es toda una triunfadora.
Tiene una licenciatura en contabilidad empresarial; una maestría en administración y dirección de empresas, y actualmente cursa otra maestría en habilitación docente.
“Hay que prepararse, creo fielmente en eso. La carrera del atleta es más corta de lo que uno se imagina y nunca se sabe cuándo concluye. Tienes que saber de qué vas a vivir después, porque todo continúa”, dijo.
¿Un detalle importante y a la vez impresionante? Ana lleva un tiempo residiendo en España, donde está en una base de entrenamiento de alto nivel, y desde allá ha tenido que completar materias por la vía de las clases en línea.
¿Lo duro? Hay seis horas de diferencia entre Valencia y la República Dominicana.
“Me ha tocado amanecer estudiando para al día siguiente entrenar, muchas veces he tenido que hacerlo. Todo en la vida es un sacrificio”, agregó Ana, quien agradeció al programa CRESO (Creando Sueños Olímpicos), a su Federación de Judo, en la persona de su presidente Gilberto García, por el respaldo en lo que hasta el momento ha compilado en su paso por el deporte.
Por su presea dorada, la primera del país en estos Juegos Centroamericanos y del Caribe, lograda tras vencer el pasado sábado 25 de julio a la colombiana María Villalba, le tocan 300 mil pesos, con los cuales espera terminarle la vivienda a su madre.
“Ese es mi gran sueño, ella se merece todo y gracias a Dios estamos más cerca”, indicó.
Ella ha recibido promesas de ayuda, específicamente del senador de la provincia, Franklin Romero, que se apersonó al sector Pueblo Nuevo y dio su palabra de aportar a la causa.
En el judo, como en la vida, la batalla es fuerte. Ana Rosa es prueba de ambas y un ejemplo de superación que merece un aplauso que se sienta en toda la geografía nacional.
Monarca del área, profesional y, no menos importante, una hija agradecida, que su sueldo como cabo de la armada dominicana le llega sin descuentos personales a doña Marina cada día 25 los 12 meses del año.
Los insectos una vez destruyeron su casa, más no su determinación. Los golpes normales de la existencia la aturdieron, pero se levantó hasta poner en alto la bandera, y que suene nuestro himno en suelo patrio.
¡Felicidades, campeona!








