La región fronteriza se sostiene en dos pilares: la Ley 12-21, que crea la Zona Especial de Desarrollo Integral Fronterizo, y la Ley de Incentivo a la Inversión Turística, ambas alineadas con el artículo 10 de la Constitución.
POR RAFAEL MÉNDEZ
La región fronteriza de la República Dominicana constituye un escenario clave para la inversión, gracias a que es el único espacio geográfico del país amparado por dos leyes que estimulan y protegen integralmente la inversión y actividad económica. Me refiero a la Ley 12-21, que crea la Zona Especial de Desarrollo Integral Fronterizo, y la Ley de Incentivo a la Inversión Turística.
Además, ambas normas se alinean con el artículo 10 de la Constitución, que llama a prestar especial atención a la frontera, y declara de supremo y permanente interés nacional su seguridad y su desarrollo económico, social y turístico, lo que deja claramente establecido el mandato constitucional y las legislaciones especial que conforman un marco jurídico-legal que trasciende la visión tradicional de la frontera como un asunto meramente migratorio.
En concreto, la Ley 12-21 otorga exenciones fiscales y aduaneras por 30 años, mientras que la Ley de Incentivo a la Inversión Turística las concede por 15 años. Gracias a estos beneficios, la región se convierte en un espacio atractivo para capitales nacionales e internacionales, sobre todo en sectores estratégicos como el turismo, la agroindustria y el comercio, con capacidad para dinamizar la economía local y favorecer la integración binacional con Haití.
Por si fuera poco, estos incentivos descansan sobre una base legal consignada en resoluciones del Senado, la Cámara de Diputados y las altas cortes, lo que garantiza su estabilidad jurídica. Así, empresas y desarrolladores pueden confiar en la seguridad y la rentabilidad de sus proyectos a largo plazo, un factor decisivo para cualquier inversión de envergadura en la zona.
Valor histórico y atractivo para la inversión
En el extremo suroeste, el Sur Profundo o Región Enriquillo, que incluye las provincias de Barahona, Pedernales, Independencia y Bahoruco, destaca por su biodiversidad y su valor histórico. Allí se encuentran Bahía de las Águilas, considerada una de las playas más vírgenes del mundo, y el Parque Nacional Jaragua. Asimismo, la región conserva el legado del cacique Enriquillo, símbolo de la resistencia indígena frente a los españoles.
Por ello, las oportunidades para el ecoturismo y el turismo de aventura son notables. La Sierra de Bahoruco, con sus senderos y microclimas, resulta ideal para el senderismo y la observación de aves, mientras el hipersalado Lago Enriquillo atrae a visitantes interesados en su flora y fauna únicas. Además, el turismo comunitario y sostenible permitiría que los beneficios lleguen directamente a las comunidades locales.
Por su parte, la Línea Noroeste, conformada por Santiago Rodríguez, Monte Cristi y Dajabón, complementa la oferta fronteriza con atractivos propios. En particular, Monte Cristi destaca por las playas vírgenes de su parque nacional, el emblemático Morro y sus manglares, que ofrecen una experiencia única de turismo de naturaleza. Igualmente, sus salinas constituyen un atractivo poco explotado que podría convertirse en un punto clave para el ecoturismo.
Mientras tanto, Dajabón se consolida como un importante centro comercial gracias a su mercado binacional con Haití, lo que abre la posibilidad de desarrollar infraestructura turística para comerciantes y visitantes interesados en la vida fronteriza. Por otro lado, Santiago Rodríguez, aunque no colinda con Haití, posee un fuerte potencial agroindustrial en arroz y banano, que podría expandirse con inversiones en modernización y prácticas sostenibles.
Un crecimiento todavía desigual
Sin embargo, aunque las leyes de incentivo han creado expectativas de crecimiento, la realidad en el terreno muestra importantes desafíos. Según estimaciones del desaparecido Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo, la inversión extranjera en la región ha crecido un promedio anual de 15 % en los últimos años, y se espera que la tendencia continúe con nuevos proyectos de infraestructura y conectividad.
No obstante, esa cifra no se ha traducido de manera equitativa en todas las áreas fronterizas. Mientras Pedernales registra avances, ya que allí se trabaja para impulsar un salto significativo en turismo e infraestructura, zonas como Monte Cristi y Dajabón aún enfrentan barreras en infraestructura y servicios básicos que limitan su capacidad de atraer inversiones. Por tanto, se requiere un mayor compromiso para alcanzar los resultados esperados.
En el ámbito turístico, si bien ha aumentado el flujo de visitantes hacia Bahía de las Águilas y Monte Cristi, con un crecimiento del 20 %, este sigue siendo desigual y concentrado en áreas específicas. De igual manera, aunque hay proyectos de ecoturismo y turismo comunitario en marcha, la falta de carreteras adecuadas, agua potable y otros servicios esenciales impide aprovechar plenamente el potencial de la región.
Por último, el impacto social de estas inversiones ha sido mixto. Si bien algunos proyectos de turismo comunitario y agroindustria sostenible comienzan a generar empleos y a mejorar la vida de las comunidades, sus avances son todavía limitados. De hecho, la mayoría de los residentes aún espera beneficios tangibles, mientras la falta de acceso a servicios de salud y educación sigue frenando un desarrollo inclusivo.




