Por Santo Salvador Cuevas
Muy lamentable me resulta el ultimátum que dio la Cancillería Dominicana a nueve integrantes de la diplomacia cubana, radicados con sus familiares en territorio nacional.
Esta acción resulta chocante y ajena a la buena vecindad que históricamente han sabido mantener los pueblos de ambos países.
Esa solidaridad entre cubanos y dominicanos trasciende a la Revolución Cubana, como trasciende también la política violenta, arrogante y contraria al derecho internacional, implementada sobre el globo terráqueo por el gobierno del presidente Donald Trump.
Esa hermandad entre los habitantes de las islas mayores de las Antillas es histórica; se remonta a inicio de 1504, cuando en una canoa desembarcó en aquél territorio el Cacique Hatuey, primer rebelde contra los colonialistas españoles en tierra cubana.
Hatuey, apresado y previo a su asesinato, un sacerdote le pidió presentarse al Señor. Hatuey le preguntó al representante de Dios: "Señor, y los españoles van al cielo", el sacerdote le dijo que sí, y Hatuey le respondió: "Ah, pues yo no quiero ir para el cielo", dejen que me queme aquí en la tierra.
Pero un dominicano, oriundo de Baní, al Sur del país, fue el "General en jefe del Ejército Cubano" contra los colonialistas españoles. Allá en Dos Ríos, cayó junto a José Martí, Panchito Gómez, el hijo del general invicto, Máximo Gómez.
Aunque se insiste en que nació en Santiago de Cuba, la "Madre de la Patria”, Mariana Granjales Cuello, mamá del general Antonio Maceo, está sobre el debate de que era dominicana.
En Cuba estudiaron y crecieron los hijos de Salomé Ureña de Henríquez y el presidente Francisco Henríquez y Carvajal: Francisco (Frank), Pedro, Camila, y Max Henríquez Ureña, intelectuales dominicanos que crecieron y se desarrollaron en Cuba.
Pero en Cuba fueron acogidos los patriotas dominicanos que desarrollaron la resistencia contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, incluido el profesor Juan Bosch, que se casó con la cubana doña Carmen Quidiello de Bosch, y fundó en Cuba, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD); de Cuba salió la expedición de Cayo Confites, en donde se enrolaron Juan Bosch y Fidel Castro, para derrocar a Trujillo, cuya expedición fue abortada. De Cuba salió el Ejército de Liberación Dominicana, encabezado por el comandante Enrique Jiménez Moya; y el capitán Juan de Dios Ventura Simó, que desembarcaron en el país los días 14 y 19 de junio de 1959.
Y desde Cuba, salió hacia Caracoles de Azua, el coronel Francisco Alberto Camaño y 8 compañeros más.
Es decir, son fuertes los lazos históricos que nos unen a Cuba.
El gobierno dominicano, si no siente vergüenza e ingratitud, al menos le debe una explicación bien convincente al pueblo dominicano por esa expulsión, hasta ahora injustificada, de parte del personal diplomático de la embajada de Cuba en nuestro país.
Esta nación es soberana, es de todos los dominicanos y nunca de los lacayos y serviles.
Nuestra solidaridad con el pueblo cubano, un pueblo digno y soberano, al que el conjunto de naciones agrupados en la Organización de Naciones Unidas (ONU), le reconoce el derecho a decidir su autodeterminación.
Y, por último, debemos recordar que cuando botas extranjeras ocuparon República Dominicana el 28 de abril de 1965, Fidel Castro, fue el primero en usar la tribuna para oponerse y exigir la salida de los marines de Estados Unidos del suelo dominicano.
Y en aquél "Gobierno en Armas" de Francisco Alberto Caamaño, había en su gabinete un secretario Estado de Finanzas, cuyo nombre era Rafael Abinader (QEPD).





