Por Rafael Céspedes Morillo
Una invitación clara y precisa de parte de Cristo a quienes aspiran a la salvación es dejar la ignorancia atrás: aprender y capacitarse, prepararse, conocer y todo lo demás relacionado con dejar de lado la ignorancia.
De modo que quien quiera alcanzar la salvación debe no solo leer, sino escudriñar la Palabra de Dios, que es la Biblia. El Señor nos advierte que una de las razones por las que podemos perder la salvación eterna es precisamente la ignorancia. Por eso, entre otras cosas, debemos escudriñar la Palabra y saber qué es de Satanás y qué es de Dios; qué es malo y qué es bueno; qué nos beneficia y qué no.
En definitiva, ¿estamos listos para no escudriñar o para hacerlo? La decisión es personal. Usted decide si intenta salvarse o perderse, porque tampoco podemos olvidar que la salvación es por gracia y no por obras.
Llevando esto al ámbito de la política nacional, vengo diciendo que el comportamiento del pueblo en lo referente a su posición política está marcando que existe un espacio muy amplio para que surja el llamado outsider, y que cada día ese espacio se amplía a niveles nunca antes vistos.
Hoy podemos decir que ese espacio está alrededor del 60 %, una cifra más que considerable. Y si vemos que en nuestro país hay más de 30 partidos políticos, debemos concluir que todos los partidos juntos apenas alcanzan a tener en sus matrículas al 40 % del electorado. Es decir, entre todos los partidos hay alrededor de solo 3.2 millones de electores.
Esto nos dice que tenemos un país alejado de los partidos y movimientos políticos de una manera nunca antes vista. Es una razón que nos está diciendo: «No creo en los partidos políticos».
Y eso, sin duda alguna, seguirá ampliándose, más aún cuando surja alguien que muestre que se puede ser diferente sin ser tradicional; alguien que ocupe ese espacio dentro de la incredulidad y que demuestre que es positivamente distinto; que tenga la fórmula creíble para satisfacer la esperanza; que presente un Proyecto de Nación que signifique una novedad posible, necesaria, justa y motivadora.
Alguien que logre que la gente sienta que sí puede ser parte de esa nueva propuesta; que, además, no se trate de un hombre, ni siquiera de un equipo de hombres y mujeres, sino de una propuesta de desarrollo de la nación para convertirla en una mejor nación, que incluya a todos, construida por todos, con la participación de todos y en todo.
Me tocó dirigir a quien considero el prototipo por excelencia de un outsider en Latinoamérica. Me tocó construir lo que se vendió y fue adquirido políticamente por cerca del 60 % de los venezolanos de entonces.
Al margen de lo que resultara después, me refiero a Hugo Rafael Chávez Frías.
En nuestro país puede suceder, y debería suceder. Pero, por Dios, que no sea una desgracia moral, estúpida y producto de cuatro locos, como los que intentan posicionar al rey de la indecencia.





