Hace algo más de dos meses que los habitantes de Guanuma, La Victoria, vieron el agua llegar en las cañerías desde la toma del río del mismo nombre, en el kilómetro 32 de la carretera Villa Mella-Yamasá.
La gente de La Bomba, Los Rieles, hasta el mismo corazón de Guanuma, no entienden por qué el Instituto Nacional de Aguas Potables (INAPA). Asimismo, el grito se extiende hasta el kilómetro 35 de Yamasá, que forma parte del acueducto múltiple.
Ese acueducto, que rinde honor a la eficiencia de INAPA, que fue reinaugurado por la administración de Luis Abinader en dos ocasiones, primero, cuando construyeron el tanque de almacenamiento, y lo llenaron, hasta descubrir que el agua no llegaba a las viviendas, porque los tubos estaban destruidos o en mal estado.
Luego, cuando cambiaron algunas tuberías, y otra vez lo reinauguraron, pero ese ejercicio más propio de comunicación estratégica, no significó nada para la gente, que nunca recibió el agua normalmente, sino de manera esporádica.
Ahora, desde hace dos meses, el agua no llega, sin que alguna autoridad dé una explicación.
Mientras, la gente busca los medios más elementales para enfrentar la situación. Escasean las lluvias, el calor se ha acrecentado y las fuentes tradicionales como norias están agotadas.
Los residentes en capacidad de comprar agua servida por transportistas pueden almacenar hasta cincuenta y cinco galones, pero a 250 pesos cada llenado, les resulta insostenible.
Pero no todos los guanumeros sufren igual, porque parte de los pobladores del lado norte del lugar reciben algunas gotas de agua desde Sanguino, donde opera un sistema de escaso alcance.
Pese a sus padecimientos, la gente acepta la situación con resignación, sin que a nadie se le ocurra protestar. La ignorancia y la postración los condenan a una espera que nadie sabe cuándo terminará.
Lo paradójico es que esos pueblos son bordeados por dos ríos Guanuma y Ozama que confluyen al lado del centro más poblado: Guanuma.







