Lauterio Vargas
Desde que asumió el poder, que fue su cuarto periodo constitucional, el 16 de agosto de 1986, el presidente Joaquín Balaguer y su anillo palaciego, se ocuparon de arruinar, aún más, al PRD y de llevarlo hasta un punto de difícil recomposición con miras a los próximos torneos electorales.
En la cúpula del reformismo se propusieron destruir al principal partido de oposición, porque eso les garantizaba su permanencia en el Palacio Nacional más allá del año 1990.
El primer paso y el más importante para cavar la tumba del PRD fue bajarle la moral y desprestigiarlo ante la opinión pública nacional e internacional. Acusarlos de ladrones y corruptos fue el mejor plan.
El gobierno balaguerista armó varios expedientes y sometió por ante la justicia al expresidente Salvador Jorge Blanco y a un grupo compuesto por 25 exfuncionarios y cercanos colaboradores, quienes fueron acusados de corrupción y enriquecimiento ilícito durante el período gubernamental 1982-1986. Entre los sometidos por ante la justicia se destacaron las figuras del exsecretario de las Fuerzas Armada, Manuel Antonio Cuervo Gómez; el exdirector del Inespre, José A. Michelén Stefan y el exdirector de la Lotería Nacional, Fulgencio Espinal.
El expediente acusatorio mantuvo al PRD ocupado durante los cuatro años de ese primer gobierno, mientras que el presidente Balaguer se robusteció en el poder y afianzó su dominio en la población humilde y de menores niveles educativos.
Desacreditar a los perredeístas, acusarlos de ladrones, meterlos a la cárcel y llevarlos por ante los tribunales fue un plan maestro que rindió sus frutos y que sirvió de patrón para utilizar el débil sistema judicial dominicano como herramienta política para enfrentar a los opositores.
Aunque para ganar en política hay que sumar y multiplicar, en el PRD siempre se empeñaron en dividir y restar. Las divergencias continuaron más allá de los comicios de 1986.
Las disputas entre las facciones de Jacobo Majluta y la de Peña Gómez se hicieron irreconciliables.
Al verse imposibilitado de ser nuevamente el candidato presidencial del PRD para las próximas elecciones generales que se acercaban, el 26 de enero de 1990, Jacobo Majluta fundó el Partido Revolucionario Independiente (PRI) y fue postulado para la presidencia de la República en los comicios del 16 de mayo de ese año.
Mientras que Peña Gómez se había proclamado dueño absoluto del partido blanco y navegó con el viento a su favor. Fue el candidato presidencial perredeísta con Rafael Hipólito Mejía Domínguez como compañero de boleta, pero el PRD estaba dividido y debilitado, con pocas posibilidades de ganar esas elecciones. Además, sus dirigentes tenían el mote de corruptos y su moral estaba por el suelo.
Las pugnas en el partido blanco, en las elecciones de 1986 y los expedientes por corrupción, dieron un empuje al PLD y a las candidaturas del profesor Juan Bosch, para la Presidencia de la República y el empresario santiagués José Francisco Hernández, para la vicepresidencia.
Para contrarrestar el ascenso del PLD en la preferencia del electorado, los reformistas centraron su campaña en las supuestas inclinaciones comunistas del profesor Juan Bosch y hasta sacaron un video editado en el que se le escuchaba decir que no creía en Dios. Muchos dominicanos que se dicen religiosos levantaron la bandera de sus creencias para demeritarlo.
Aunque las encuestas vaticinaban un triunfo morado, se repitió la historia de 1986, pero con otros actores. Juan Bosch y su compañero de boleta también fueron derrotados por las artimañas del viejo zorro Joaquín Balaguer, el eterno reeleccionista, postulado por el PRSC y una coalición de partidos minoritarios.
Para retener el poder, no había dudas de que el presidente Balaguer contaba con el respaldo de una cantidad considerable de votantes, procedentes de las zonas más pobres del país y menos desarrolladas en términos educativos, pero tampoco había dudas de que en su partido eran maestro de las artimañas para hacer trampas.
Concluidas las votaciones del 16 de mayo de 1990, el PLD se adelantó a los resultados de la Junta Central Electoral (JCE) y se proclamó ganador.
El jefe de campaña peledeísta, para esas elecciones, era Félix Jiménez (Felucho) quien, acompañado de Leonel Fernández Reyna, a la sazón secretario de Prensa del PLD, y Víctor Grimaldi, encargado de cómputos, aseguraron que Juan Bosch había obtenido el triunfo.
El boletín número 10, emitido el 17 de mayo, marcó el inicio de la crisis post electoral en el país al mostrar al presidente Joaquín Balaguer por encima de Juan Bosch. Según esos resultados, el presidente reeleccionista ganó con 678,055 votos, mientras que Juan Bosch recibió 653,595 y Peña Gómez, en su primer intento como candidato presidencial, fue favorecido con 449,399 votos.
En cuarto lugar quedó Jacobo Majluta, postulado por su Partido Revolucionario Independiente, que recibió 135,649 sufragios.
En total, la sumatoria de los votos de Peña Gómez y Jacobo Majluta fue de 585,048, pero si hubiesen concurrido unidos, esa cantidad pudo ser mayor ya que muchos votantes perredeístas emigraron hacia el PLD en rechazo a la división del PRD.
Con los resultados de la JCE, el PRSC se proclamó ganador y un día después el profesor Juan Bosch denunció que se había cometido “un fraude colosal” y de inmediato llamó al pueblo a lanzarse a las calles para protestar en contra de las irregularidades que, según su denuncia, se cometieron durante el proceso de votación en complicidad con el Gobierno del presidente Joaquín Balaguer.
Mientras que, en un comunicado, el PRSC respondió al PLD llamando a la unidad y la concordia, señalando que quienes no tienen la razón siempre apelan a violencia.
Al final del conteo, la JCE declaró oficialmente ganador al presidente Joaquín Balaguer, aunque la diferencia en el porcentaje de votos fue de solo el uno por ciento.
Los resultados electorales fueron impugnados, pero luego de una breve crisis postelectoral, insultos y algunas amenazas de tomar las calles, la sangre no llegó al río y la JCE, presidida por Froilán Tavárez, mantuvo su veredicto que daba ganador al presidente reeleccionista Joaquín Balaguer con 669,073 sufragios frente a 647,369 del expresidente Juan Bosch.
En medio de la crisis, el expresidente de los Estados Unidos de América, Jimmy Carter, quien encabezó la delegación de observadores internacionales, emitió un documento sobre el proceso electoral en el cual afirmó que, pese a que algunos aspectos de los comicios fueron defectuosos, no hubo evidencias de que esas irregularidades invalidaran la victoria del candidato reformista Joaquín Balaguer.







