Por Rafael Céspedes Morillo
En la vida se transcurre haciendo y recibiendo favores, a veces inmerecidos otras veces merecidos, pero en cualquier caso son tres los tipos de favores que identifico, para mí son los siguientes: Favores del corazón, son aquellos que nacen en el corazón, son frutos del amor, como aquellos a los que con grandes agrados hacemos a los familiares, amigos y relacionados. En estos no nos detenemos a ver si se los merecen o no, simplemente los hacemos, pensando en el deber y empujados por el corazón lo hacemos; también se inscriben en este tipo los que hacemos por humanidad, con sentimientos de colaboración con el necesitado, esos en los que no miramos los rostros, sino la oportunidad de hacer el bien. Estos deberían ser los favores que produzcan más satisfacción, porque no nos esperan recompensa, solo el placer del deber cumplido.
Los otros son los favores por compromisos. A veces nos sentimos obligados, a hacer favores a personas a las que les debemos algunos, a personas que han sido soldarias con nosotros, y guardamos esos deberes, como deuda sin papel, pero que sentimos que están allí en algún lugar donde se guarda el agradecimiento; sin duda que son productores de alegría, y al hacerlos, llenan espacios en el alma, cuando son oportunos y bien recibidos. Aunque es así, no todos los compromisarios están siempre listos para devolver los favores. Hay quienes miran para los lados y “se hacen los ciegos’’, hay de todo en la viña del señor. Otros solo esperan la oportunidad para mostrar que están ahí, que no son olvidadizos y que dicen presente a veces sin que se les llame, son frutos de la autenticidad, llegan casi siempre de manera oportuna y silenciosa, no se hacen esperar, esos, los que guardan con buena memoria y como buenas obras los que han recibido.
Los terceros son los favores interesados, solo lo hacen cuando le conviene a quien lo hace, son oportunistas disfrazados de buenos amigos, de cazadores de oportunidades, siembran para cosechar, saben hacerlo en el momento adecuado y de la forma adecuada. Es muy común en el campo político, ‘’ayudan’’, pero para mañana pedir el pago, para luego pasar factura y cobrar con grandes intereses esos ‘’favores’’ que prestaron. Son los que luego dicen: estuve ahí cuando me necesitabas, ahora me toca a mí, dame lo mío.
No poseo estadísticas como para poder diferenciar cuál de ellos se practica más, pero siento que el primero pierde el espacio que debería tener, que debería ser el más practicado, no solo por su origen, el corazón, sino, además, por la razón por la que se brinda; el segundo, como tal, debería ser el otra más practicado, pero creo que igualmente también pierde espacio, aunque menos que el anterior, mientras lamentablemente el tercero no decrece, como debería ser, sino que por el contrario crece y crece más cada día, es el que aparenta ser más necesitado cuando en verdad es el más usado por las pérdidas de valores de la gran sociedad, por los cambios de los paradigmas sociales y de valores, porque la humanidad parece deshumanizarse cada día, porque cada día somos menos personas para ser más un número. Cada día parecemos más usadores de la razón sin razón que del corazón, aunque muchos sabemos que las cosas que se hacen desde el corazón dan mayores satisfacciones, aunque parece que no nos brindan soluciones.
Hagamos la prueba. Mañana salga a la calle y haga un favor a alguien a quien no conozca, así no habrá deuda, pero verá cómo duerme tranquilo y bien. Quizás así lo practique en otro y otro y otros días más, para más satisfacciones, y mejor aún si eso produce imitaciones.











Excelente su artículo, muy asertivo. Gracias, amigo