Una complicidad oculta. El PLD, Danilo Medina y el riesgo de entregar nuevamente el poder al PRM

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Por Nelson Cuevas Medina

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) no solo perdió el poder en el año 2020. También perdió la capacidad de interpretar con objetividad las verdaderas causas de su derrota. Y mientras persista esa negación, seguirá transitando el camino del deterioro político, arrastrando consigo cualquier posibilidad real de que la oposición pueda desplazar al PRM del gobierno en el 2028.

La división del PLD en el año 2019, con la salida de su entonces presidente Leonel Fernández, marcó el principio del derrumbe electoral de una organización que apenas cuatro años antes había obtenido más del 60% de los votos en unas elecciones nacionales. Desde entonces, la caída ha sido estrepitosa. Un 38% en el 2020 y apenas un 10% en las elecciones del 2024.

No obstante, en la coyuntura, gran parte de la dirigencia peledeísta insiste en construir una narrativa donde el único responsable de esa tragedia política es Leonel Fernández.  Lo que se niegan a reconocer es que la crisis fue provocada desde dentro, desde la propia cúpula encabezada por Danilo Medina, cuyo empeño en imponer proyectos personales terminó fracturando el partido fundado por el profesor Juan Bosch.

La salida de Leonel Fernández del PLD no fue un hecho espontáneo ni accidental. Fue el resultado de una estrategia cuidadosamente construida para desplazarlo políticamente y bloquear cualquier posibilidad de retorno al poder dentro del PLD.

Primero se impulsó una estructura de encuestas internas para posicionar a Gonzalo Castillo por encima de dirigentes históricamente mejor valorados dentro de la estructura del partido, como Francisco Domínguez Brito. Muchos recordarán cómo incluso periodistas y dirigentes fueron convocados a una supuesta celebración de la victoria de Domínguez Brito en un importante Hotel de Santo Domingo, antes de que inesperadamente se anunciaran resultados favorables a Gonzalo Castillo en dos de las tres encuestas realizadas.

Aquello dejó claramente evidenciado que el escenario ya estaba montado.

La verdadera intención no era simplemente escoger un candidato. Era enfrentar a Gonzalo Castillo con Leonel Fernández y provocar su desplazamiento definitivo del PLD. Toda la estructura gubernamental fue puesta a favor de Gonzalo Castillo. Detrás de esa maniobra existía un elemento imposible de ocultar. El profundo resentimiento político de Danilo Medina hacia Leonel Fernández, luego de que este último, junto a un gran número de dirigentes y congresistas se opusiera a una nueva modificación constitucional que buscaba habilitar un tercer mandato consecutivo.

Desde entonces, la política interna del PLD parece moverse más por la obsesión de impedir el regreso de Leonel Fernández al poder que por el interés de reconstruir la organización o articular una oposición sólida frente al PRM.

Y esa obsesión se profundizó todavía más luego de las elecciones del 2024, cuando la Fuerza del Pueblo desplazó al PLD y pasó a ocupar oficialmente el segundo lugar electoral del país y el liderazgo de la oposición. Ese hecho no solo representó una derrota electoral para el peledeísmo; también produjo una herida política y emocional dentro de sectores de su dirigencia que jamás imaginaron ver al partido reducido a un tercer lugar.

Muchos de los pronunciamientos actuales de Danilo Medina y de dirigentes de su entorno reflejan precisamente esa inconformidad. No logran aceptar que el liderazgo opositor ya no gravita alrededor del PLD, sino de Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo, cuyo crecimiento electoral resulta innegable.

Los hechos recientes así lo demuestran.

A pesar de los errores que llevaron al PLD al colapso electoral, nuevamente sectores vinculados a Danilo Medina intentan reposicionar la figura de Gonzalo Castillo, no necesariamente porque represente una renovación política, sino porque entienden que cualquier crecimiento de Leonel Fernández constituye una amenaza a sus intereses internos.

Y en ese propósito serán capaces incluso de sacrificar a dirigentes históricamente leales al danilismo, como Francisco Javier García, Abel Martínez,  Francisco Domínguez Brito, y otros. El caso de Abel Martínez resulta particularmente ilustrativo. Fue prácticamente abandonado durante el pasado proceso electoral, mientras muchos sectores internos actuaban más preocupados por limitar el crecimiento de la Fuerza del Pueblo que por garantizar el fortalecimiento de su propio candidato presidencial. Sus declaraciones públicas y su negativa a inscribirse  a las mediciones a través de encuestas, así lo demuestran y avisora una nueva división interna. 

Sería injusto desconocer que Gonzalo Castillo, pese a todas las críticas que pesan sobre su figura, logró alcanzar un 38% de los votos en las elecciones del 2020, en medio de uno de los momentos más difíciles para el PLD.

Ese resultado, por sí solo, explica por qué algunos sectores entienden que su regreso podría aportar cierto dinamismo electoral a una oposición golpeada y dispersa.

Sin embargo, la política dominicana del presente ya no depende únicamente de estructuras partidarias ni de capacidad económica. La sociedad exige liderazgo, narrativa, conexión emocional y capacidad discursiva. Y precisamente ahí continúan pesando las principales limitaciones de Gonzalo Castillo, cuya dificultad para articular ideas y construir un discurso político propio terminó convirtiéndose en una de las mayores debilidades de aquella campaña electoral.

Pero incluso, más allá de nombres particulares, el problema central de la oposición dominicana no parece reducirse únicamente a Danilo Medina o a Leonel Fernández. El verdadero obstáculo sigue siendo la incapacidad de gran parte de su dirigencia para superar intereses personales, resentimientos acumulados y luchas de poder que terminan colocándose por encima de cualquier proyecto colectivo de nación.

Mientras la oposición continúe atrapada en ese círculo de egos, desconfianzas y retaliaciones internas, seguirá facilitándole el camino al PRM, aun cuando el desgaste natural del gobierno pudiera abrir oportunidades reales de alternancia política.

La llamada “Alianza Rescate RD” terminó evidenciando esa contradicción.

Mientras públicamente se promovía una alianza opositora entre el PLD y la Fuerza del Pueblo en el nivel municipal y congresual, importantes estructuras peledeístas operaban en sentido contrario. En múltiples provincias y municipios se desconocieron acuerdos políticos previamente establecidos, se impulsaron candidaturas sin ninguna posibilidad de triunfo y, peor aún, se promovieron amarres indirectos con el partido de gobierno únicamente para evitar victorias de candidatos vinculados a Leonel Fernández.

El caso de Barahona fue uno de los ejemplos más evidentes. Allí, la imposición de una candidatura propia a la Alcaldía sin posibilidades reales terminó perjudicando no solo a la candidata a la Alcaldía por la Fuerza del Pueblo, sino también al propio aliado y candidato a senador del PLD.

Situaciones similares ocurrieron en la provincia Santo Domingo y otras importantes demarcaciones del país; tan sólo por marchar acompaños de Leonel Fernández.

Al final, el gran perjudicado fue el mismo PLD, que vio reducida significativamente su representación municipal y congresual como consecuencia de sus propias contradicciones internas y de una estrategia basada más en el resentimiento que en la inteligencia política.

Por eso, la oposición dominicana no debe llamarse a engaño.

Pensar que el PRM será desplazado únicamente a partir de una alianza mecánica con sectores del PLD, sin resolver previamente las profundas contradicciones y desconfianzas existentes, podría convertirse en otro grave error político.

Las recientes declaraciones de Danilo Medina y de dirigentes como Gustavo Sánchez continúan alejando cualquier posibilidad de entendimiento sincero entre las principales fuerzas opositoras. Y lo más preocupante es que muchas de esas posiciones parecen responder más a conflictos personales que a una verdadera visión de país.

La obstinación y el engreimiento político continúan haciendo daño.

Danilo Medina parece decidido a impedir el regreso de Leonel Fernández al Palacio Nacional, aun cuando eso implique seguir debilitando al PLD o incluso facilitar indirectamente la permanencia del PRM en el poder.

Pero existe una realidad que muchos dentro de la cúpula peledeísta todavía no terminan de comprender. Las bases políticas no siempre actúan movidas por resentimientos personales. Una parte importante de la militancia del PLD mantiene vínculos históricos, emocionales y políticos con Leonel Fernández. Y en un escenario de confrontación definitiva, ya sea en una primera o eventual segunda vuelta, no pocos terminarían reencontrándose con quien consideran su principal líder histórico.

El problema del PLD no es únicamente electoral. Es también moral, estratégico y generacional.

Mientras su dirigencia continúe atrapada en viejos conflictos internos, negándose a renovarse y colocando intereses particulares por encima de la construcción de una verdadera alternativa de poder, el partido seguirá reduciéndose políticamente.

Y junto con él, podrían terminar sepultando cualquier posibilidad real de que la oposición dominicana logre retornar al gobierno en el 2028.

Paradójicamente, muchos de los mismos dirigentes que crecieron políticamente, alcanzaron posiciones de poder y fueron beneficiarios directos de los gobiernos de Leonel Fernández, hoy parecen más empeñados en impedir su regreso que en salvar al propio PLD de su desaparición progresiva.

Sin darse cuenta, mientras afilan cuchillos contra Leonel Fernández, terminan afilándolos contra su propia garganta política.

Nelson Cuevas
Nelson Cuevas
Periodista - Dirigente comunitario. Lic. en Educación, Lic. en Derecho, con Maestría en Derecho Civil y Procesal Civil Contemporáneo. Con estudios en Manejo de Areas Silvestrea y Areas Protegidas, en la Universidad Estatal de Colorado, EE.UU.

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