viernes, febrero 23, 2024

Tigres del Licey: ¿un campeón improbable?

Por Omar Santana

“No subestimes al campeón”: Así decía la camiseta que vistió Emilio Bonifacio, jardinero central de los azules, luego de que la escuadra se coronara campeona por segundo año consecutivo en el béisbol otoño-invernal dominicano. La “L” mayúscula, porque hace referencia a los Tigres del Licey.

Una vez logrado el out 27 de la victoria 3 carreras por 2 sobre las Estrellas Orientales, los fanáticos inundaron las redes y se jactaron de no haber sido considerados favoritos ni durante la serie semifinal (todos contra todos a 18 partidos por equipo) ni en la serie final al mejor de siete duelos, y, aun así, haber ganado la Serie Final.

Las causas por las que no fueron favoritos en el round robin eran evidentes: Licey clasificó en el cuarto y último puesto. Presentaba un pitcheo que por momentos era poroso, incluido un sorprendente mal año de su estelar César Valdez, un bateo que solía esfumarse entre partidos, y una defensa inconsistente que un día salía brillante y al día siguiente cometía errores a granel.

Licey eligió de último en el draft de peloteros. Sin embargo, las selecciones ofensivas de Gustavo Núñez, quien terminó siendo el Jugador Más Valioso de la Serie Final; Yadiel Hernández, en el jardín izquierdo, y Starlin Castro, probaron ser certeras. Núñez dio a Licey un bate que ponía la pelota en juego; junto a Bonifacio, crearon una combinación peligrosa. En el caso de Castro, fue más productivo en el Round Robin que en la Serie Final.

También fueron elegidos Pedro Payano, Cristhian Adames y Williams Jerez. ¿Cómo estaban armados los demás equipos?

Los Gigantes del Cibao, por otro lado, había ganado con tranquilidad la serie regular. Estuvieron en el primer lugar desde el inicio hasta el final; solo en dos de las 50 fechas del torneo no fueron líderes. Mostraron el mejor pitcheo, la mejor ofensiva y la mejor defensa del circuito. Además, sumaban nombres de valía hacia el round robin como Marcell Ozuna y Jeimer Candelario. Sin embargo, en la semifinal perdieron el bateo oportuno, y ese pitcheo de relevo, que fue carta del triunfo en los primeros 50 partidos, se desapareció, incluido el cerrador Reymin Guduan, que, según el coach de pitcheo de los Gigantes, Jordan Norberto, fue víctima del cansancio.

Las Estrellas Orientales tuvieron problemas ofensivos en la serie regular, pero fortalecieron su pitcheo de manera que parecían imbatibles. Así quedaron segundos en los primeros 50 partidos y primeros en los siguientes 18 del round robin. El trío de Vidal Bruján, Dairon Blanco y, en la postemporada, cuando se calentó el bate de Robinson Canó, impregnaba a los orientales una bujía ofensiva que ponía mucha presión a los rivales. Sin embargo, la salida de Fernando Tatis Jr. fue una pérdida sensible, sobre todo, a la defensa de los jardines.

Los Leones del Escogido presentaban una ofensiva con nombres de Grandes Ligas, pero la salud no estuvo de su lado. Gente como José Ramírez no pudieron continuar en el equipo porque participó con los juegos contados, y Franmil Reyes tuvo problemas de salud luego de asegurar un contrato en las ligas asiáticas.

Béisbol, deporte impredecible

Dadas las realidades planteadas, lo único que no se ha mencionado hasta ahora es que esto no es baloncesto, voleibol o fútbol. Esto es béisbol. Las agencias de apuestas de Estados Unidos colocan el béisbol profesional como la disciplina más difícil de pronosticar. En el béisbol, el supuesto equipo débil gana en el 41.6% de las ocasiones; en comparación, en el fútbol americano, el “underdog” gana el 34.2%; y en el baloncesto, el 32.1%.

¿Qué quiere decir esto? Que, si en el béisbol el mejor equipo juega 100 veces contra uno supuestamente débil, muy posiblemente ganará solo 59 partidos; en el fútbol americano logrará la victoria en 66 encuentros y en el baloncesto en 68.

¿Por qué el béisbol es tan difícil de adivinar? 

El béisbol puede tener situaciones inesperadas en cada juego. La variabilidad en el rendimiento de los jugadores, la influencia de las condiciones climáticas y la posibilidad de momentos decisivos impredecibles hacen que cada partido sea único y difícil de anticipar.

Accionar individual

El béisbol es un deporte donde el rendimiento individual tiene un impacto significativo. Un lanzador estelar puede tener un mal día, o un bateador clave puede enfrentarse a una sequía de hits. Estas fluctuaciones individuales pueden afectar drásticamente el resultado del juego y hacen que sea difícil predecir qué jugadores destacarán o lucharán en un momento dado.

Paridad entre equipos

 Aunque Licey es el equipo más ganador en la pelota dominicana, la paridad en la pelota invernal es una realidad, sobre todo, desde que se establecieron los drafts de novatos, los drafts internos con miras al round robin y los drafts para la Serie Final.

Influencia del pitcheo

El pitcheo es fundamental en el béisbol, y un buen lanzador puede cambiar completamente el curso de un juego. Del otro lado, la calidad de los lanzadores abridores y relevistas puede variar significativamente de un día a otro, lo que añade una capa adicional de imprevisibilidad al resultado de un juego. Esto lo acabamos de ver. 

En un deporte donde los fanáticos se desviven por los jugadores ofensivos en la Serie Final dominicano el pitcheo y la defensa se impusieron.

Longitud del calendario

En general, una temporada más corta intensifica la imprevisibilidad del béisbol. Los resultados de cada juego tienen un impacto más inmediato y significativo para la clasificación. Esto puede hacer que sea aún más difícil prever quiénes serán los contendientes y favoritos en una temporada acortada. Atestiguamos esto en las rachas negativas de seis derrotas que tuvieron los Gigantes al inicio del round robin (una tercera parte del calendario) y la de 10 derrotas de las Águilas Cibaeñas en la serie regular (una quinta parte de los juegos de la serie regular).

¿Resta mérito a la victoria del Licey?

Que el béisbol esté sujeto a estas sutilezas, por supuesto, no resta mérito a la victoria de los Tigres del Licey. Al final, en el béisbol, termina ganando quien mejor ejecuta en cada partido. Y por segundo año consecutivo, Licey ha sido el mejor en ejecución, como dice el controvertido Franklin Mirabal, “key moment of the game”, el momento decisivo del partido. 

Licey clasificó en el último puesto disponible en las dos primeras rondas para quedarse al final con la corona.

Además, la forma en la que se jugó la Serie Final es digna de análisis. Todos los partidos fueron ganados por el equipo que anotó primero en el encuentro. Lo que evidencia el valor del pitcheo a lo largo de la serie.

Las Estrellas ganaron los dos primeros encuentros, Licey ripostó con tres victorias en línea. Los Orientales forzaron un séptimo duelo y Licey ganó el séptimo y decisivo encuentro anotando solo tres carreras en la tercera entrada.

De hecho, en los 64 episodios que se jugaron en la Serie Final, Licey solo anotó carreras en nueve de ellos. Un indicador de que el daño que infligía Licey durante la serie ocurrió muy probablemente en un solo inning, en los que las Estrellas Orientales mostraron debilidad.

En comparación, las Estrellas anotaron carreras en 16 episodios. Sin embargo, en los primeros dos encuentros anotaron un barrage de 11 vueltas; y solo 12 carreras en los cinco partidos siguientes, incluidas cinco anotaciones en una derrota 8 por 5 en el quinto encuentro.

Quiere decir que, en los momentos más apremiantes, el pitcheo de los Tigres del Licey y la defensa, dieron finalmente la victoria a los azules.

¡Felicitaciones por la corona 24!

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