Por Emiliano Reyes Espejo
¿Se repetirá en Venezuela el proceso histórico que acogota a Haití? Dios libre, Dios guarde. Sabemos que se trata de una pregunta incómoda, pero necesaria, ya que aparte de aprovechar la tragedia para consolidar un mecanismo de unificación duradera, en Venezuela se impone “un gran diálogo” que amaine los antagonismos reinantes y que permean a todos los sectores de la vida nacional. ¿Discrepancias inducidas desde fuera?
No es un secreto para nadie que Venezuela será más fácil de doblegar mientras persista la división interna. Allí hay demasiados recursos y muchos intereses que desean engullirlos.
Los venezolanos se enfrentan a una profunda y delicada encrucijada, están de frente a dos caminos disímiles: O se abocan a reconstruir una sociedad perdurable que se ubique por encima de los atrincheramientos políticos-ideológicos, o se deciden por el caos destructivo al estilo Haití.
La segunda opción estaría cargada de luchas intestinas interminables y potencial pérdida de soberanía. Venezuela tiene que ir, por tanto, más allá de los auxilios y ayuda humanitaria, tiene que plantearse dar ahora un gran salto hacia su progreso.
La magnitud del desastre arroja más de 60 mil edificaciones destruidas, según apreciación de la NASA de Estados Unidos. Se estima igualmente que hay más de 6 millones de ciudadanos afectados y unos 600 mil niños que requieren asistencia, mientras se calcula que las muertes se elevan a casi dos mil, en un trágico, doloroso, dramático y creciente conteo.
“Los devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron a Venezuela el 24 de junio y sus constantes réplicas han sumido a la vida de los venezolanos en una grave crisis”. Por eso es por lo que hay que evitar que la catástrofe sea mayor adoptando medidas acorde a esta realidad.
El liderazgo de la nación del Gran Simón Bolívar debe despojarse de sus actuales maleficios políticos (muchos impuestos desde fuera). Tiene que sobreponerse a sus diferencias ideológicas, económicas y financieras, y partir de cero para dar paso a la construcción de “La Nueva Venezuela”.
Tiene que imponerse “un gran diálogo para salvar a Venezuela”, hacerla próspera y aprovechar esta oportunidad para sacarla de las vicisitudes. Urge que armen una magna discusión, un magno debate donde participen los partidos políticos, empresarios, industriales, sindicatos, estudiantes, sociedad civil y otras fuerzas de la sociedad.
La discusión se debe centrar en los efectos de las actuales problemáticas, debe incluir cómo zafarse de las imposiciones de directrices extranjeras. Lograr por sí mismo un mayor aprovechamiento de sus reservas petroleras, oro, agua y otros recursos. Igualmente, establecer mecanismos para la industrialización y mejorar la calidad de vida del venezolano, con miras a llevarla a un nivel comparado con sociedades desarrolladas.
Puede surgir en el ínterin un tercer enfoque que sirva para enfrentar el marasmo que asola a los venezolanos (físico, emocional y espiritual causado por los sismos).
El futuro de Venezuela debe perfilarse –sin ser pesimista- en un cambio radical de estrategia, el impulso de programas y métodos que permitan convertir en oportunidad lo que hoy han sido los devastadores efectos de los terremotos; convertir todo, no en una desgracia, pese al dolor y el sufrimiento, sino en progreso.
El espejo de Haití
Existe un refrán dice que “para muestra basta un botón”. Veámonos en el espejo del terremoto de Haití. Con los haitianos hemos tenido que vivir una cercana y lacerante experiencia, a raíz del terremoto ocurrido en la vecina nación. Once años después del temblor de magnitud 7.0 acontecido en enero del año 2010 en Haití, se produjo el magnicidio (julio de 2021) que segó la vida del presidente Jovenel Moise.
Desde entonces esa nación no ha sido la misma, ha sufrido descalabro, surgimiento del caos, migraciones masivas y el accionar de bandas paramilitares que siembran terror y miles de muertes. Todo esto ha devenido después del fatídico sismo que asoló la tierra de Jean Jacques Dessalines y Toussaint Louverture.
Las dos tragedias explican la crisis actual de Haití, las cuales han “dejado un saldo combinado de cientos de miles de muertos y un colapso institucional total”.
¿Podría pasar algo similar en Venezuela, salvando las diferencias?
Todo es posible en esta América nuestra. Primero, en Venezuela se produjo un ataque sorpresivo con decenas de muertos y el secuestro del presidente Nicolás Maduro por parte de tropas de Estados Unidos. Y como colofón, se produjeron “dos devastadores terremotos consecutivos de magnitud 7.2 y 7.5” que sacudieron la costa norte central de Venezuela y provocaron pánico, más de mil muertos y daños estructurales severos en Caracas.
Por eso insisto en esta pregunta incómoda, ante las coincidencias en los hechos ¿Ocurrirá en Venezuela lo que acontece ahora en Haití?
Visión del liderazgo
Todo dependerá de la visión del actual liderazgo venezolano (oficialistas y opositores), el cual deberá adoptar inmediatas y futuras decisiones, –que según nuestro entender- podrán conducir al progreso integral, o en caso contrario, a conformarse con un tutelaje internacional, o sea, hacer lo que decidan líderes mundiales en las grandes capitales de los imperios, lejos de las realidades venezolanas.
Se impone en Venezuela “una tregua inmediata” en el accionar del partidarismo.
Antes de los sismos y producto del cerco económico y financiero que sufre este país por parte de Estados Unidos y Europa, la economía venezolana atraviesa de hecho una fuerte crisis. Con estos terremotos las cosas empeoran, la nación sudamericana se plantea un nuevo reto, enfrenta más contracción y dificultades como para iniciar con éxito un proceso de recuperación.
“La situación económica posterior al desastre se caracteriza -según expertos-, por la “destrucción de la infraestructura”. En este caso ha implicado el “colapso de viviendas (60 mil de acuerdo a un informe preliminar de la NASA), carreteras, redes de energía y fábricas”.
Desafiar la escasez
En Venezuela, específicamente en Caracas, La Guaira y zonas aledañas se han roto “las cadenas de suministro y se ha detenido el comercio (destrucción de bodegas, maquinaria y hay escasez de productos básicos) debido a los daños y al pánico”. El doble sismo y las secuelas han impactado con mayor severidad al estado de La Guaira, partes de Caracas, Carabobo, Miranda y Aragua, “dejando una estela de destrucción” que ha conmovido a media humanidad.
La situación da lugar a que la escasez de alimentos y materiales de construcción provoquen alzas en los precios de estos bienes, se impacta la inversión masiva en reconstrucción y los gobiernos –en este caso el venezolano-enfrentarán un fuerte endeudamiento, aumentos en los impagos de préstamos bancarios y la quiebra de muchas pequeñas empresas.
Los expertos estiman que la recuperación total de las pérdidas iniciales suele tomar entre 2 y 5 años, “dependiendo de la magnitud del sismo, los seguros disponibles y la capacidad económica del país o la región afectada”. Igualmente se agravan los servicios básicos como los de salud, transporte, combustibles, los ciudadanos enfrentan cortes de electricidad e internet, y por ende, sube la inflación.
En tanto, potencias económicas como Estados Unidos y Europa han ofrecido más de 300 millones de dólares para asistencia y salvataje, mientras “retienen más de 30 mil millones de dólares en activos congelados a Venezuela” y sostienen sanciones que empobrecen y provocan una masiva emigración de sus habitantes.
Analistas señalan que “solo este año el gobierno de Trump ha incautado a Venezuela más de 5 mil millones de dólares por venta de petróleo venezolano”.
Diatribas politiqueras
Pero no obstante la acuciante situación que vive la patria de Simón Bolívar, las cúpulas políticas y empresariales ahondan sus diatribas politiqueras y de control del poder, en vez de sentarse a discutir cómo van a superar estas calamidades, cómo buscar una salida a la catástrofe.
“Esta emergencia humanitaria ha polarizado aún más el escenario político. Una respuesta insuficiente o politizada amenaza con exacerbar el descontento social, mientras que ambos bandos buscan proyectar mayor eficacia ante la opinión pública”, precisan observadores.
Y es por esa razón que hay que hacer frente a esta crisis y eliminar toda posibilidad de que Venezuela derive en un Haití. Es necesario que el gobierno que preside la encargada Delcy Rodríguez, las cúpulas políticas chavistas y opositoras con Corina Machado a la cabeza, los líderes empresariales, industriales, estudiantes, sindicatos y la sociedad civil realicen una magna reunión que debate la problemática de ese país.
En ese encuentro se discutirán varios temas, entre ellos:
-Ponerse de acuerdo para recuperar los 30 mil millones de dólares y el oro congelados en el exterior. Aprovechar esos recursos para construir de manera consensuada una Nueva Venezuela.
-Ejecutar un plan nacional de reconstrucción consensuado entre todos los sectores.
-Definir un amplio programa de industrialización, conversión del petróleo y otras materias primas en productos terminados para exportación y consumo local. Retornar el control de la producción y venta de petróleo y sus recursos destinarlos a la modernización de Venezuela.
-Incentivar una masiva producción agropecuaria para producir alimentos para consumo local y exportación.
-Aplicar políticas para incentivar el retorno de los venezolanos a su patria.
*El autor es periodista.







