Albert Pujols y su cruzada llena de intolerancia

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Por Yancen Pujols

Arrogancia y petulancia comienzan con a y p. Esas son las mismas iniciales del segundo nombre y del primer apellido de Albert Pujols, un grande con el bate, mas no así con el uso de la palabra.

El legendario primera base de los Cardenales de San Luis, entre otros equipos, anda con un generador de intolerancia cuya potencia guarda similitud con Punta Catalina y no pierde un segundo en arrojar sus descargas hacia la crónica deportiva dominicana, la misma que, mucho o poco, respetó y se hizo eco de sus hazañas sin pedirle nada a cambio ni, mucho menos, salirse del terreno de juego.

A pesar de su personalidad adusta, la misma que ahora aflora a raudales, solo se hablaba de sus hazañas con el bate y el guante. Las colecciones de los periódicos no mienten al respecto.

Quien hoy anda con ínfulas de faraón borró por completo las cantidades industriales de titulares que lo tenían como protagonista principal. Era lo justo, pues lo que hizo en el terreno fue grandioso y razón de orgullo para la República Dominicana.

Eso se hizo por convicción, por criterio, que es una de las columnas de cualquier oficio. No recuerdo una declaración de Pujols en la que rechazara los piropos de aquel entonces ni arrojara cubos de soberbia a los colegas que asistían a actividades en las que era el protagonista. Se entiende: a nadie le amarga un dulce.

Los cuestionamientos de meses recientes no fueron contra el beisbolista. Se dirigieron al capataz de uno de los equipos que más atención ha recibido en los registros del deporte local.

La selección dominicana que participó en el pasado Clásico Mundial era un conjunto de ensueño. No hay almacén que guarde tantas herramientas.

Ahí radica uno de los primeros pasos errados de sus botas altaneras: no se ha hablado del pelotero, sino del mánager.

Quiero pensar que eso no es difícil de conceptualizar, aunque ha costado bastante que se quite el chip de los 700 jonrones y actualice el sistema operativo al rol de estratega. De nuevo: no es al futuro miembro del Salón de la Fama, es al mánager.

Ser el capitán de un barco en el deporte provoca elogios y críticas. Los primeros se toman con humildad, pero no de la secreta, y los segundos, con la altura que debe tener todo aquel que desea aprender. El conocimiento se obtiene escuchando, no hablando, y mucho menos desde el rechazo a un conglomerado que juega su papel y cumple con su trabajo.

Muchos fanáticos entendieron que Pujols no pasó la prueba como timonel en la cita de marzo pasado en Miami.

En lugar de prestar atención, ha construido una coraza para rechazar todo lo que vaya en contra de su pensar, que es ley, batuta y Constitución.

Quien no quiere ser objeto de inquietudes no debe aceptar puestos públicos o de exposición ante los fanáticos.

En vez de tomarlo como fogueo para futuras ocasiones, Pujols muestra una faceta que resta en lugar de sumar.

¿Cómo pretende llevar las riendas de un equipo de Grandes Ligas si solo desea las preguntas cómodas? ¿Le dirá una sarta de candelazos a quien no comulgue con su doctrina? Hasta donde tengo entendido, a las ruedas de prensa van periodistas y cronistas.

Las focas están en el océano y en los parques acuáticos.

Aunque el periodismo es un constante ejercicio de dudas, voy peso a cabo e’ tabaco a que en su entorno sobran los ejemplos de saber darse su trago de “calmalina 700” cuando se escucha lo que no se quiere.

Mientras más elevado se está, más grande es la dosis. Un presidente, el cargo más alto de una nación, debe darse varios al día, y cuidado, porque el fenecido Joaquín Balaguer llegó a hablar de barriles, pero de estiércol, término que prefiero utilizar, por respeto a quienes me leen, en lugar de la palabra que le atribuyen al líder de Navarrete varias reseñas periodísticas de su última égida en la casa de mando de la Delgado.

John Wooden dijo una vez: “El talento es un don de Dios, sé humilde. La fama te la da la gente, sé agradecido. La vanidad te la das tú mismo, ten cuidado”.

Albert está en su derecho de sentarse a conversar con el entrevistador de su preferencia. Eso no es problema. Inventarse una teoría de conspiración contra personas de una clase que solo cumplen con su horario como empleados es inaceptable.

Es bueno que sepa que varios miembros de la prensa dominicana a los que actualmente desea zarandear aún lo esperan para hablar del Clásico. Estoy seguro de que antes de que se vaya el año tendremos esa oportunidad de conocer el porqué de algunas decisiones, porque solo somos canales que llevan información a muchas personas con inquietudes.

En lo que el hacha va y viene, no ha podido darnos ese privilegio y ha preferido iniciar una cruzada para solapar sus fallas. Aguardamos esa convocatoria. Nada como hablar de frente y sin rodeos. Asistiremos fieles a la cita, sin que el desdén mostrado por su persona nos limite. Ya sabemos que no somos de su agrado, pero el deber de buscar noticias se impone.

Señor Pujols, la crónica deportiva dominicana cuenta con dignos representantes. Está lejos de ser perfecta, como todo lo que habita encima de la tierra y debajo del sol. Encomia y cuestiona, como manda el manual, y si algo ha hecho desde el siglo pasado es darle apoyo al talento quisqueyano en cantidades industriales.

Usted lo vivió como pelotero, aunque la ingratitud se imponga y se extienda hasta su ceremonia de exaltación en el Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, donde la mayoría de quienes han entrado han reconocido el respaldo de la prensa local.

Tenemos el micrófono y la pluma como armas. Ningún hombre las calla. Solo el Señor, porque Él fue quien las dio. Nuestras voces están preparadas para hacerse oír por encima de los ruidos que quieran inundar el ambiente.

El respeto es de doble vía. Nunca lo olvide. De rodillas solo ante el Creador; de pie ante el mundo.

Yancen Pujols
Yancen Pujols
Periodista

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