Por Héctor Linares
El sector externo continúa como el mayor proveedor de sorpresas para la economía dominicana, unas agradables y otras preocupantes. Y en ese comportamiento, las remesas monetarias se mantienen liderando a los sectores generadores de divisas.
El petróleo y sus derivados, con una extrema carga de volatilidad en sus precios, se mantiene como el factor de mayor amenaza a la estabilidad económica, por su elevado impacto en precios y costos de la economía.
Desde finales de febrero, cuando comenzó la guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán, la cotización del llamado “oro negro” y sus derivados han estado moviéndose violentamente al alza, produciendo un clima de inflación mundial del cual la economía dominicana no ha escapado.
El resultado ha sido un panorama de susto y alivio casi siempre simultaneo, con el sector externo como territorio por donde transitan los factores transmisores.
Mientras la cotización del petróleo se convierte en una nube negra para la economía, las remesas y otros generadores de divisas han atenuado las amenazas, cual si fueran rayitos de sol.
Cuando empezó el conflicto en Medio Oriente, que terminó en el cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente el 20 % de la producción petrolera mundial exportable, el barril de crudo promediaba alrededor de US$65.00. La volatilidad llevó los precios en varias ocasiones a superar los US$100 dólares. Esta semana de octubre el crudo se ha cotizado sobre los US$94.00. Cualquier precio superior a US$62.00 referidos en el Presupuesto General del Estado (PGE) 2026 reestructurado es una chispa de incertidumbre para la economía dominicana.
Como bálsamo o ungüento para la quemadura que genera en la balanza de pagos en particular y la economía en general el alza de la factura petrolera, que drena las reservas internacionales, el sector externo, con remesas y turismo a la cabeza, ha reflejado un comportamiento con aportes crecientes al flujo de divisas.
En febrero, el mes cuando inició la confrontación bélica, fue la única ocasión en la que, en comparación con igual mes del 2025, el flujo de remesas disminuyó. A partir de ahí la solidaridad de la diáspora ha crecido, en algunos meses sobre los dos dígitos, frente a periodos similares del 2025.
La proyección del Banco Central es de que la economía dominicana recibirá por los diferentes conceptos de ingresos, un volumen superior a US$50,700 millones al cierre del año. con las remesas aportando casi una cuarta parte, un 24.85% o US$12,600 millones.
El entre enero y septiembre de 2026, las remesas recibidas sumaron US$9,489.8 millones, reflejando un aumento de US$577.0 millones, igual a un 6.5 %, respecto al mismo periodo del año 2025. En forma individual, durante el mes de septiembre se recibieron US$1,057.1 millones, monto que excedió en US$65.3 millones (6.6 %) la cifra reportada en septiembre de 2025.
El BCRD dijo que el crecimiento en septiembre ocurrió a pesar del complejo entorno internacional que prevalece actualmente. “La persistencia de los conflictos en Medio Oriente, que han mantenido elevados los precios del petróleo y sus derivados, generando mayores presiones inflacionarias y reduciendo el ingreso disponible de los hogares”, detalló.
Explicó que este comportamiento responde, principalmente, a las transferencias enviadas por los dominicanos residentes en Estados Unidos, país del cual provino el 80.9 % de los recursos formales canalizados en septiembre, con un monto de US$780.1 millones. Este resultado se mantiene estrechamente vinculado al desempeño de la economía norteamericana.
Enfatizó que, de igual modo, la tasa de desempleo general en Estados Unidos se ubicó en 4.2 % en septiembre de 2026, levemente por encima del 4.1 % reportado en agosto de 2026, con la creación de 29,000 nuevos puestos de trabajo.
Asimismo, la institución destaca la recepción de remesas a través de vías formales originadas en otros países en el transcurso de septiembre. Al respecto, España registró transferencias por un monto de US$59.9 millones, lo que constituye el 6.2 % del flujo total. Este resultado la consolida como el segundo país de procedencia, cónsono con la cantidad de dominicanos residentes en dicho territorio. Seguidamente, se situó Italia, contribuyendo con un 1.3 % del total, acompañada de Haití con un 1.2 % y Suiza con un aporte de 1.1 %. El resto de las divisas se distribuyó entre naciones como Francia, Canadá y Alemania, entre otras.
Estas entradas de divisas han favorecido la estabilidad relativa del tipo de cambio que se observa en la actualidad, de tal manera que, al 30 de septiembre de 2026, la moneda nacional se apreció 5.4 % frente al dólar estadounidense con respecto a diciembre de 2025, expuso el BCRD, destacando que esos mayores flujos externos permiten también mantener un nivel adecuado de reservas internacionales, las cuales al cierre de septiembre se ubicaron en US$15,239.9 millones, representando un 10.5 % del PIB y cubriendo unos 5.4 meses de importaciones, indicadores por encima de los umbrales recomendados por el FMI.
Indicó que sus mas más recientes perspectivas para el sector externo contemplan que persista la evolución positiva en la captación de divisas durante 2026 y que proyecta que los ingresos por turismo superen los US$12,200 millones, mientras que las remesas se ubicarían en torno a los US$12,600 millones.
Asimismo, anticipa que las exportaciones totales se estiman superen los US$17,200 millones y la inversión extranjera directa (IED) sobrepasaría los US$5,300 millones. “El dinamismo de estos flujos, en conjunto con el resto de los servicios exportados (aproximadamente US$3,300 millones), permitiría alcanzar un total de ingresos de divisas superior a los US$50,700 millones al cierre de 2026., con las remesas aportando casi una cuarta parte, un 24.85% o US$12,600 millones”, dijo.
Prometió que “continuará dando seguimiento al desafiante panorama internacional y su potencial impacto económico en la economía dominicana, reafirmando su compromiso con su objetivo de inflación y con la estabilidad macroeconómica”.
Ya para el próximo mes inicia la temporada alta para el turismo, un elemento favorable para el sector externo y su aporte a la estabilidad cambiaria y económica.




