Mukien Sang Ben: “Los ciudadanos podemos militar a favor de las causas sociales sin atarnos a partidos políticos”

Lito Santana: Mukien Sang Ben…he oído y leído tantas veces este nombre en su condición de maestra, escritora, historiadora, activista social, que no sé cómo empezar. ¿Con cuáles de estos atributos, se identifica más?

En mi papel timbrado personal yo tengo Mukien Adriana Sang Ben, mujer, escritora y maestra. Esas son las tres esencias en mi existencia. Para mí ser mujer, defender los derechos de la mujer, sin la irracionalidad que a veces percibo en algunos sectores feministas, de una defensa a ultranza por el hecho de ser mujer, es optar por el compromiso de participar en la lucha económica y social. Y soy maestra, y lo he dicho en decenas de ocasiones, porque lo decidí desde que era niña, desde que abrí los ojos al mundo. Nosotros somos de dos camadas de hijos, nueve hermanos. Yo era la mayor de los chiquitos y la menor de los grandes. Yo era la mayor de los chiquitos y jugábamos a la escuelita y Yo era la maestra. Y escritora, porque además de historia, me gusta otros tipos de escrituras como “la escritura de la razón y la escritura del corazón”.

Y estas escrituras la combino con una columna periodística titulada “Encuentros”, que tengo ya 30 años publicando y que comencé escribiendo en el periódico Última Hora, y cuando Última Hora cambió, yo me alojé en la Revista Rumbo. Y Osvaldo Santana era mi receptor de artículos. Recuerdo que para ese tiempo, en los años 90, tenía que llevar mis artículos en CDs plásticos a la redacción. Y en esos “Encuentros” Yo hablaba de mis experiencias, de mis reflexiones vitales, pero también de aprendizajes adquiridos.

Entonces estos “Encuentros”, como le digo, que ya tienen 20 y tantos años en el suplemento “Areíto” del periódico Hoy, le llamo encuentros del alma y la razón. Hice una lista de las cosas que yo quería aprender sobre soberanía, sobre todo cuando los nacionalistas comenzaron con aquello de la Soberanía Nacional, que yo hice una reflexión que iba desde la Edad Media, hasta el presente, de cómo iba cambiando el concepto de soberanía. Y sobre ese particular, te voy hacer un cuento (risas). Recuerdo que un día, como ama de casa que soy, voy al supermercado y se me acerca un señor y me dice: “¿Usted es Mukien Sang Ben?”. Yo le digo que sí, que esa soy yo. Y él me dice: “yo compro el “Periódico Hoy” todos los sábados por Usted, pero le voy a decir una cosa… Usted me tiene “Jarto” con ese tema de la soberanía. (risas) Yo no quiero que Usted me vuelva a hablar más de eso. Cámbieme el tema”.

Eso me ayudó bastante, porque tuve cerca de cuatro meses hablando de ese tema y aprendí mucho de eso. Hay otros lectores que no les gustan mis textos personales y he tenido que responder a ese tipo de críticas.

Hubo en una ocasión que respondí a otro lector que no le gustan mis textos personales. Y escribí un artículo que le respondí a uno de esos seguidores que me hizo la crítica. Le respondí en primera persona. Fue un artículo muy contundente que titulé: “En primera persona”: en primera persona es que escribo, en primera persona es que siento, en primera persona razono, en primera persona conozco y en primera persona siento. No sé si le gustó. (risas).

¿De dónde viene esa vena suya, esos genes?

Yo no sé, porque mi papá, que era un chino migrante, muy inteligente y entregado. Vino jovencito, tenía 17 años cuando cruzó el océano. Se forjó a base de lucha, pero no era escritor. Y mi madre era una trabajadora, maravillosa, pero tampoco escribía. Y a mí desde niña me gustaba escribir. Tenía mis libros de poesías, poesías existenciales y de todos los tipos. Siempre me gustaron las novelas, la literatura. Aunque me he ido más por los temas históricos y geográficos. Fíjate que me siento muy bien, como cuando me pasan cosas como los otros días que duré cerca de doce horas frente a la computadora, aunque con pequeños intervalos para comer. Estaba feliz, descubriendo cosas nuevas. Entonces tu escudriñas y encuentras respuestas a tus interrogantes, eso es maravilloso. La curiosidad de aprender y desarrollarte.

Y lo otro, la literatura. Siempre me ha gustado y he escrito varios ensayos en ese sentido, como mi monólogo “Yo soy Minerva”, que ganó un Premio Casandra. Y también está un libro que acabo de publicar el año pasado, que se llama “La Mujer China”, donde retrato una realidad china a través de dos fuentes. Una, los textos originales de la cultura china, que se basan en cinco textos y novelas sobre la mujer de ese país. Lo dividí en dos partes. El último capítulo se llama “Desde el fondo de mi alma”. Como esa realidad de la mujer china, que yo no la viví en casa, porque papá siempre nos enseñó a empoderarnos, y ese libro me encantó, porque fue mi primer ensayo como literatura. La verdad es que mi marido, que es mi principal lector (se refiere a Rafael Toribio, ex rector de la Universidad INTEC “Instituto Tecnológico de Santo Domingo, y coordinador del Consejo Económico y Social (CES) me dijo: “oye este es uno de los mejores libros que tú has escrito”. Y la verdad es que me sentí muy satisfecha porque fue un experimento nuevo.

Hablar ahora de su participación como mujer abordando este tema se ve sencillo, pero para su tiempo debió ser difícil. ¿Cómo ha logado mantener ese estilo y compromiso?

Esa pregunta me la han hecho muchas personas aquí como fuera del País. Me preguntan: ¿tú cómo china te has sentido excluida? Que si yo como hija de migrante me he sentido excluida, o como mujer? Si me he sentido excluida y tercero, si como mujer en un mundo de hombres me he sentido excluida. Son tres exclusiones por las que me han preguntado.

Sobre el tema de migrante, de mujer hija de migrantes, es posible que pasara, pero yo no me di cuenta, porque papá nos enseñó que en la vida hay que caminar y si te caes cien veces, tiene que levantarte ciento una vez. Sin hacerle daño a nadie.

Tú tienes que ir a donde tu trabajas todo el tiempo. Como mujer no me he sentido discriminada porque papá a diferencia de otros chinos, y eso se lo agradezco en el alma, siempre les decía a sus hijos, éramos nueve, cuatro mujeres y cinco hombres, les decía, a diferencia de la cultura tradicional china, que las mujeres tenían que ser empoderadas de su futuro.

Él explicaba: “Yo no quiero que mis hijas dependan de un marido. Que se casen está bien, pero que siempre sean económicamente independientes. Eso me hizo entender, y tengo ya muchos años de casada, que no puedo estar pisoteando a mi marido, ni que él trate de pisotearme a mí. Sino al lado, codo a codo, ni yo detrás de él, ni el detrás de mí. Sino al lado, que no es lo mismo. Es necesaria la igualdad total.

Y como historiadora, esto es interesante, yo no sentí rechazo de la comunidad de historiadores. Lo tengo que confesar, al principio yo llegué jovencita de mis estudios en Francia y creía que traía a Dios bajo el brazo, que sabía todo, pues hice un Doctorado en Historia, en París, eso fue desde 1981 a 1985. Pero después que llegué me di cuenta de que aquí mucha gente había leído, aunque no había muchos doctorados para esa época. Y entré a trabajar en el ámbito magisterial. Primero entré a Intec y luego en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, donde llevo ya cerca de 30 años.

Y te voy a decir que en la Academia Dominicana de Historia siempre me sentí aceptada. Incluso cuando fui propuesta como miembro correspondiente por el extinto obispo Hugo Eduardo Polanco Brito. Fui acepada a unanimidad como miembro de número. Y cuando fui propuesta como presidenta de la Academia Dominicana de la Historia por Frank Moya Pons y el profesor José Chez Checo, fui acogida de la mejor manera.

Yo siento que mi trabajo ha sido reconocido. Han reconocido que soy una persona con vocación y de oficio como historiadora. Y tuve la suerte de tener una directiva en la Academia con el apoyo de Don Adriano Miguel y de Manolito García Arévalo. Le agradezco infinitamente a Adriano Miguel. Él fue mi profesor y gané mi primer concurso bajo las directrices de él. Yo soy historiadora gracias a Adriano Miguel Tejada.

Para estos días ¿cómo te sientes profesional y socialmente?

Tranquila. Le comentaba a un amigo que la vida no me ha dado para tener dinero, porque me casé con otro educador, Rafael Toribio, que tiene una historia maravillosa, pero no dinero… pues tú sabes lo que gana un educador, y aunque tenemos mejores ingresos que un profesor de escuela pública, no puedes hacer una fortuna. Pero esa fue una opción de vida que yo personalmente hice. Si hubiese querido dedicarme a hacer dinero, pude entregarme a eso, pero no era mi vocación, sino escribir.

Y me siento una mujer feliz, “una joven de 66 años” de edad (risas) porque todavía tengo sueños y muchos planes. Si no tienes esos planes pierdes la esperanza y el deseo de contribuir para el bienestar de tu país. Pero si puedo aportar algo, lo hago.

En el 1996, cuando el presidente Leonel Fernández convocó al Diálogo Nacional, yo dirigía el proyecto Identidad Democrática y participé en ese proceso. Y solamente participé, y no me dieron nada, ni buscaba nada, que no fuese aportar mis ideas en beneficio de esta iniciativa.

Después en el año 2000, a pesar de mis encontronazos con Hipólito Mejía, porque le dije lo que yo pensaba de su liderazgo, que era tradicional… tú te acuerdas de ese match, trabajé muchísimo con Milagros Ortiz Bosch, que era vicepresidenta de la República, en proyectos de ciudadanía, que trabajamos de manera intensa. Todavía me encuentro con personas en las calles que participaron de esos debates y me lo recuerdan con orgullo.

Después con Danilo Medina cuando pidieron las veedurías, yo me integré ¿y qué me dieron nada?… pero participé y era dura con esos temas.

Ahora cuando me llamaron con el tema de la Policía Nacional, a Osvaldo Santana, a mí y a otros ciudadanos, lo hicimos honoríficamente y trabajamos como burros.

Usted se ha involucrado en muchos procesos, sin embargo, no ha sido visiblemente parte de ninguna entidad política. ¿Una decisión calculada?

Yo tomé una decisión hace 25 años de que no iba a militar políticamente en ningún partido, porque yo soy una librepensadora. Yo recuerdo que en el 1996 yo escribí un artículo en el desaparecido periódico El Siglo, y recuerdo que escribí “De alianzas y fracasos” criticando la alianza del PLD con el Partido Reformista en el Frente Patriótico.

Hice un análisis, de cómo los liberales habían tenido que aliarse a los conservadores para tener un proyecto político estable. O sea, los liberales no han podido mantener un proyecto político con estabilidad. Han formado proyectos puntuales que han tenido que aliarse con sectores conservadores. Sin embargo, yo después ayudé.

Por eso tomé la decisión de que uno puede ser una activista social, participar activamente en los movimientos sociales, sin militar políticamente, porque mi posición de mujer en búsqueda de conocimientos no me permitía asumir una doctrina como única. Esa es una. Lo segundo es que yo pienso que una debe tener un poco de conciencia y demostrar que el interés pecuniario no es lo único en la vida. Yo no sé si soy muy taoista, pero cuando tú te mueres, lo único que debes dejar a tus descendientes no es el dinero, es el nombre, tu ejemplo, tu trabajo. Por ejemplo, a mi papá en Santiago lo recuerdan como el primer día y el murió hace más de 30 años y le pusieron su nombre a una calle.

No dejó dinero, pero nos dejó educación y una vida de trabajo. Entonces yo pienso eso. Esa fue una opción de vida que yo hice. No ser rica económicamente, sino dedicarme a la educación, porque creo en la educación y dedicarme a mi pasión de manera total, porque como dice José Luis San Pedro, para mí escribir es vivir. Yo no puedo vivir sin escribir.

¿Cuál es tu legado para la juventud?

Oh, la educación. Yo sigo en las aulas. Yo coordino tres programas doctorales, una maestría en historia, una en estudios caribeños y otra en estudios políticos.

Un mensaje final para nuestros lectores.

Las mujeres tenemos muchos retos. Yo por suerte tengo un marido que no sólo me ha acompañado, sino que vuela conmigo, pues si Rafael no comprendiera todo esto, no hubiéramos podido tener este matrimonio tan largo. Pero no es fácil ser mujer.
Yo creo que hay que comprometerse y luchar por su sueño, porque el que no sueña es un pesimista. Hay que soñar y tener esas ilusiones. La sociedad es difícil y con los procesos que vive el mundo, la guerra entre Rusia y Ucrania, el fracaso de algunos gobiernos en los que la gente tenía puestas sus esperanzas, y no pueden dejarse atrás, esos anhelos de un mundo mejor.

¡Muchas gracias!

Lito Santana

Lito Santana

Nació en Tamayo. Locutor y periodista. Ha trabajado en distintos medios de comunicación. Aboga por la participación de todos los sectores en la solución de las dificultades por la que atrevieza el País.

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