domingo, abril 21, 2024

Refocilado por la marcha exitosa, el PLD debe decidir por dónde se enrumba hacia el reto de 2024

Por Osvaldo Santana

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) amaneció el pasado lunes 11 de julio refocilado, gozoso, con la celebración de su marcha de la esperanza en el Distrito Nacional, y de verdad podría considerarla como un triunfo después de la larga temporada de infortunios desde 2020.

Aunque sus adversarios podrían hacer reparos, lo que se ha visto es que la marcha impactó de manera positiva, toda vez que después de tantos pesares, constituyó una demostración de fuerza como para decir que todavía hay peledeísmo: aún viven.

Pero ese impacto momentáneo no puede llevar al PLD a los habituales devaneos que suelen padecer líderes y organizaciones, que con cualquier musaraña en los escenarios tienden a desentenderse de las realidades, olvidar la historia, incluso la más reciente.

No puede creerse ahora que es “El llanero solitario”, que, junto a Toro, va a protagonizar la película en proceso de filmación. Debe considerar que quedó muy debilitado tras la división y de la derrota. Más el lastre de los escarnios de la persecución judicial que no termina, y que arrastra a figuras prominentes, algunas detenidas.

La marcha de la esperanza fue útil para mejorar la percepción del PLD en la historia de la gobernanza dominicana, que encabezó cinco períodos de gobierno, y como heredera de la vida y la obra de Juan Bosch. Y que actualmente puede ser un instrumento en la defensa de los intereses de quienes aún confían que puede aportar a la construcción democrática dominicana.

También ayuda la marcha de la esperanza para reposicionar al PLD en medio de la coyuntura electoral, ante la población votante, y singularmente, frente a sus viejos compañeros del mismo litoral opositor para una eventual negociación, pero no para creerse que pueden llegar demasiado lejos como el llanero de la serie cinematográfica.

Las divisiones no han sido ajenas a la política dominicana. El Partido Revolucionario Dominicano (PRD), enzarzado en rivalidades y sucesivas confrontaciones, propició precisamente la permanencia del PLD en el poder, hasta que se produjo la división, y el descrédito en que devino el ejercicio del poder, condujo al triunfo del Partido Revolucionario Moderno (PRM).

El alborozo al que conduce la marcha de la esperanza es una oportunidad que podría servir para alimentar en el mejor sentido el ejercicio político, fundamentalmente, si rechaza los estados emocionales, los resentimientos y los odios, y actúa como una organización con vocación de poder y  sentido de la historia.

Es lo que puede hacer entender al PLD que la vía expedita a una nueva aproximación al poder es una línea de alianza con quienes pueden tener mayor vocación de proximidad por los lazos que los vinculan, por sus raíces y por los intereses comunes que los alientan para volver al poder. 

En esa perspectiva, la marcha no solo alivia al PLD de sus pesares. Lo estimula para avanzar en la larga marcha hacia el 2024.

Las elecciones municipales constituyen su principal reto para obtener determinados cargos o posiciones de gobierno. Desde ya, para definir de qué lado se coloca en la dramática historia que le ha tocado vivir desde la división de 2019 y la pérdida del poder en 2020.

LA POLÍTICA DE ALIANZAS

Hasta ahora, el PLD camina bajo una confusa política de alianzas. Tras la reunión del comité político del 12 de junio pasado, cuando se anunció la constitución de una comisión negociadora, compuesta por su presidente Danilo Medina, el candidato presidencial Abel Martínez, Francisco Javier García, Charles Mariotti, secretario general, Jaime David Fernández Mirabal, Danilo Díaz y Carlos Amarante Baret, no se perfila claramente hacia dónde conduce la política de aliados morada.

Lo más conocido fue la exposición del secretario general Mariotti, cuando, al término de la reunión del comité político dijo: “El PLD no pactará ningún tipo de alianza con el partido de gobierno ni con otra organización, agrupación o movimiento político que haya hecho acuerdos con el PRM, por lo que tanto el PRM como esas organizaciones políticas quedan excluidas de toda conversación o negociación de cara a todos los niveles de elección de 2024”.

Desde entonces, al menos dos dirigentes, Danilo Díaz, representante ante la Junta Central Electoral (JCDE) y José Dantés, secretario jurídico, han hecho “precisiones” sobre lo dicho por Mariotti, que sugiere que la Fuerza del Pueblo, que pactó en el pasado proceso electoral con el PRM, quedaba excluida de la política de aliados del PLD. 

El dato no ha sido contextualizado al más alto nivel. Lo han dejado correr como algo confuso, que no se conozca con calidad cuál es el punto de vista, la posición formal de la organización sobre alianzas. Que quede sujeto a interpretación, pese a que se habla de contactos y reuniones con la Fuerza del Pueblo.

Ese proceder puede ser parte de un propósito: fortalecer su candidato presidencial y al propio partido, alicaído desde la pérdida del poder y las persecuciones judiciales. La marcha de la esperanza igual puede ser un esfuerzo razonable, dentro de ese propósito.

Osvaldo Santana
Osvaldo Santana
Osvaldo Santana es periodista.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

spot_img

Las más leídas

spot_img

Articulos relacionados