Por Yancen Pujols
Vaya Mundial de Fútbol el que disfrutamos.
Con alegría y lamento, hermanos inseparables que se rotan el control del escenario sin que nada se lo impida, y hasta un toque de política por la llamada del presidente Donald Trump para que le retiraran una sanción al estelar de los Estados Unidos, Folarin Balogun, suspendido por una tarjeta roja ante Bosnia-Herzegovina, lo que automáticamente le impedía jugar en el siguiente partido.
El castigo fue levantado, algo que no se ve todos los días, pero los norteamericanos perdieron 4-1 de Bélgica, cuyo estelar Romelu Lukaku tras marcar uno de los goles, imitó el baile de Trump en el festejo de los llamados “Diablos Rojos”.
La intervención del mandatario 45 y 47 en los registros de la nación de Washington, que contactó al mandamás de la FIFA, Gianni Infantino, generó muchos comentarios y después llegaron las burlas por todos los rincones, incluida la celebración de Lukaku, que si no gana el Mundial puede esperar su “cajetazo” de Trump, un jefe de gobierno que no olvida.
Estados Unidos está eliminado, lo mismo que Países Bajos, probablemente la selección que más derrotas dolorosas tiene a juzgar por el talento que ha presentado en cancha en los anales de la Copa del Mundo.
México, por igual, estará de luto por unos meses tras ser descalificado una vez más. Sede por tercera ocasión del torneo, un hecho sin precedentes, la nación azteca sufrió otro revés, esta vez ante Inglaterra, que de seguro destapó mucho escocés para celebrar mientras los anfitriones agotaron el tequila que combina a la perfección con ríos de lágrimas y corazones destrozados.
Portugal sucumbió ante España este lunes, con marcador 1-0, y ese resultado provocó el adiós de Cristiano Ronaldo de estas lides mundialistas.
El luso, uno de los grandes en la historia, se marchó, como bien diría José Luis Perales, cantante español, dicho sea de paso, sin saborear una final y mucho menos una corona.
Para muchos, no fue en Mundiales lo que se vio en otras competiciones. Preguntar si quedó a deber en este torneo no es descabellado.
En este deporte, levantar ese trofeo de monarca del orbe tiene un peso específico. Edson Arantes do Nascimento (Pelé), Diego Armando Maradona, Franz Anton Beckenbauer y Lionel Messi se separan del resto porque han ganado al menos un Mundial.
Ronaldo salió del terreno con el rostro surcado por el líquido que emana de los ojos, dolido por otro desenlace funesto en su sexta y última aparición en la justa que se celebra cada cuatro años.
Lionel Messi, el ídolo argentino, sigue vivo junto a los campeones de la pasada edición. Estuvieron perdiendo ayer de Egipto 2-0 hasta el minuto 79, cuando asistió para el primer tanto de su equipo y luego lo empató con un golazo y la albiceleste finalmente se impuso 3-2, enviando a los de la tierra de las pirámides a llorar para el Desierto Occidental, sin un oasis cerca y sin permiso para refrescarse en el Nilo. Estuvieron cerca, pero al campeón hay que “matailo-mataito”, como dicen en el Cibao.
Messi, que falló un penal, lo que le concede el récord de más penales fallados en los mundiales y es el único que no ha podido ejecutar en dos intentos seguidos desde los famosos 11 pasos, se reivindicó al cierre, a la hora buena, cuando los hombres se separan de los muchachos. A los grandes los persigue la historia.
También están en competencia Kylian Mbbapé, el monstruo francés, y el implacable Erling Haaland junto a Noruega. Ambos tienen siete goles en sus respectivas cuentas. Nunca antes tres jugadores habían compilado al menos siete tantos en una edición.
¡Esto es un espectáculo!
A Trump, muy probablemente, le toque entregar la copa al campeón, partido programado para el 19 de este mes en el MetlLife Stadium en New Jersey.
¿Será a Argentina, que busca repetir? ¿Francia, que perdió la final pasada? ¿Habrá un nuevo dueño de la poltrona para el primer lugar?
Atentos, que esto se pone bueno y cada día se acerca más el tramo final de un tremendo Mundial de Fútbol.
Eso sí, tenga claro que se llorará en cantidades industriales, por felicidad o por haber sucumbido.
Los hermanos alegría y lamento no fallan en el deporte.







