jueves, abril 25, 2024

Me fueron a matar, pero no era mi hora

Mis tiempos como dirigente estudiantil transcurrían en tránsitos de una vida normal, y por períodos en clandestinidad. Un sábado en la mañana salí de mi escondite y fui a visitar a mis padres y hermanos a donde vivían, en la calle Anacaona, esquina Francisco Vásquez del sector Savica, en Barahona.

Después de besar la mano a mi madre y verlos a todos, decido sentarme unos minutos en la galería de la casa de familia, muy confiado, debido a que creía que físicamente las autoridades policiales y militares no me conocían.

Muy distraído y confiado, sorpresivamente y sin advertirlo, se aparecen en la parte baja de la galería de la vivienda tres “matones” del Servicio Secreto de la Policía Nacional a punto de desenfundar las armas, porque tenían las manos sobre su cacha, solo los conocía como Pantaleón, Cáscara Amarga y Cananero. El primero era sargento de la uniformada.

Y me preguntan a mí mismo: -Y Melton Pineda ¿está aquí?

Sin inmutarme, y tal vez porque no me conocían, les dije, creo que salió muy temprano para la finca con su papá, para Tamayo.

Pantaleón, me dijo: -Y tú mamá, ¿está?, le contesté que sí, y me ordenó que la buscara.

Le dije: -Sí, déjeme ir a buscarla, para que hablen con ella.

Me paré sigilosamente y le informe a mi madre, Carlita Féliz, que “ahí están esos criminales de la Policía, tenga cuidado, que preguntaron por mí y como no me conocen yo le dije que había salido para la finca en Tamayo con mi papá. Dígale eso mismo”, mientras, yo preparaba mi retirada por la parte trasera de la casa. 

Fui a la habitación, me enganché la pistola calibre 45, y otro artefacto.

Brinqué la pared trasera de la casa de nuestros vecinos Puyú y doña Emma, pasé por el patio, por debajo de una empalizada de alambre de púas de otros vecinos y salí a la calle Esteban Cuello. 

Pernocté por unas horas en la vivienda de confianza de Grecia Boroh y sus hijos, próximo a la casa de mis padres. Allí hasta almorcé.

Posteriormente, supe que a mi hermano mayor Nelson Pineda, que salió a la galería a indagar quiénes me buscaban, lo apresaron y lo golpearon y se lo llevaron al cuartel policial, en la creencia de que era yo.

Ese mismo día, alisté viaje para la capital, porque entendía, que esos matones tenían la determinación de eliminarme físicamente, no de apresarme.

Luego supe que un dirigente reformista que pasó frente a nuestra casa fue quien informó a los agentes que yo estaba ahí.

Me salvó que mi contextura física era muy enjuta, con un  peso de unas 110 libras y eso los confundió y no procedieron a apresarme de inmediato.

Llegué a la capital, acudí de inmediato a la redacción del Listín Diario a denunciar lo sucedido y posteriormente fui al Sindicato Nacional de Periodistas Profesionales (SNPP), cuyo secretario general era el doctor Emilio Herasme Peña, (fallecido), quien hizo público el peligro que corría en la ciudad de Barahona, como otros 15 periodistas de provincia que habíamos llegado a la capital temerosos de ser apresados o asesinados, por el estado de represión de las autoridades de la época.

Recuerdo que en l970, durante la administración del presidente Joaquín Balaguer, el país vivía una cruenta represión, desaparición de jóvenes y asesinatos de izquierdistas.  Era la primera reelección de Balaguer.

Dando una supuesta demostración de democracia, el mandatario colocó en la Presidencia de la República al doctor Manuel Bergés Chupani, entonces presidente de la Suprema corte de Justicia.

Para entonces, el presidente Balaguer se pelea con su vicepresidente Francisco Augusto Lora, por su decisión de buscar la reelección presidencial, violando un compromiso que había hecho de darle paso a su segundo hombre, quien luego formó el Movimiento Independiente Democrática Antirreeleccionista (MIDA). 

Fuimos llevados donde el entonces jefe de la Policía Nacional general Elio Osiris Perdomo, quien nos dio una tarjeta a cada corresponsal con la advertencia de que no podíamos ser molestados por la autoridad policial.

Pero la represión contra los periodistas del interior del país era muy dura, y los atropellos no cesaban y luego tuve que huir de la represión a que fui sometido en Barahona.

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