Por Federico Pinales
Los motoristas constituyen un grave peligro público, ya no solamente por los atracos, por manejar sin licencia, sin cascos protectores, cruzar las luces rojas y rebasar imprudentemente sin control, por cualquier lado de las vías; ahora cruzan las luces rojas en vías contrarias, sin que aparezca un policía y los detenga.
El desorden es tan mayúsculo, que me imagino que hasta a la policía se le dificulta controlarlos.
Lo que vi y sufrí, impotente, del primero al diez de octubre en curso, en distintas calles de la Capital, San Cristóbal, Haina, Nigua, Yaguate, Semana Santa, Los Alcarrizos y otras localidades urbanas y rurales, no tiene padre ni madre y a cualquiera le pone la piel de gallina.
En la intersección de las calles Caonabo y Rómulo Betancourt, una mañana vi a 25 motoristas cruzar la luz roja en vía contraria, rebasándonos a quienes esperábamos pacientemente el cambio de luz.
Situaciones similares observé en distintas calles de Los Alcarrizos, donde un desesperado motoconchista intentó insultarme llamándome “anciano”, lo cual le agradecí amablemente, deseándole suerte para que puediera llegar a mi edad.
El lunes 5 de octubre otro desesperado motociclista me chocó de frente lana Toyota blanca, modelo 2024, y huyó, obligándome a cambiarle el bómper completo a un vehículo prestado.
Probablemente el motorista carecía de licencia y seguro, porque no se detuvo.
El cuadro que presencié en Madre Vieja Norte, el pasado 9 de octubre, en la Autopista Vieja frente al juzgado de Paz de ese sector de San Cristóbal, es algo preocupante para los peatones que sienten la necesidad de cruzar la vía.
Los conductores de todo tipo, incluyendo obviamente a los motociclistas, no les importa la suerte de los peatones y es la de sálvese quien pueda.
Me vi en la obligación de cruzar dos veces consecutivas a llevarle algo a uno de los fiscales del referido juzgado de Paz, y sin exagerar, hube de esperar más de media hora, porque nadie tenía la cortesía de cederme al paso, aun viéndome la cara de “anciano”, como me dijo, a modo de insulto, el motorista imprudente y agresivo de Los Alcarrizos.
En conclusión, el de los motoristas es un problema complejo que merece una atención especial y urgente, para evitar más muertes por falta de prevención.




