domingo, mayo 26, 2024

Los desvaríos de la diplomacia estadounidense hacia China

 

Por María Fe Celi Reyna

Tomado de RT

En abril pasado, Antony Blinken, secretario de Estado de EE. UU., estuvo en China. Fue la segunda visita desde que asumió su actual cargo. Ambas se han dado en el lapso de diez meses. Según el comunicado de la parte china, fue a solicitud de Washington, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich.

Lo curioso es que, esta vez, lo principal de la visita no se dio durante el tiempo en que Blinken estuvo en China, sino días antes. Los políticos estadounidenses tomaron una serie de medidas que, si bien no sorprenden, empeoran aún más la relación entre ambos países. 

El secretario de Estado llegó con actitud de "policía malo" que viene a poner orden. Creyó que había sentado las condiciones para someter a China, pero como dice el dicho popular, vino por lana y se fue trasquilado.

Jugando con la línea roja: Taiwán

Unos días antes de llegar, el Senado estadounidense aprobó un paquete de 95.000 millones de dólares para armamento. Si bien el foco mediático estuvo en Ucrania e Israel, 9.000 millones fueron destinados al separatismo en la isla de Taiwán.

  1. UU. no reconoce a Taiwán como territorio independiente. Por lo tanto, están en territorio chino sin autorización del Gobierno.

Lai Ching-te, del Partido Progresista Democrático (PPD), asumirá el liderazgo de la región taiwanesa. El político pertenece al ala más radical de su partido, que busca declarar la independencia de la isla.

El contexto es ideal para exacerbar tensiones en la zona y alterar el desarrollo pacífico de Asia. El mismo gobierno regional admitió que autorizó la presencia de tropas estadounidenses a menos de dos kilómetros de la parte continental de China. Cabe recordar que EE. UU. no reconoce a Taiwán como territorio independiente. Por lo tanto, están en territorio chino sin autorización del Gobierno.

El nuevo financiamiento solo busca "echar más gasolina al fuego".

Intentos de contener el avance tecnológico de China

Junto con los 95.000 millones, también se aprobó la ley que obliga a la empresa ByteDance a vender TikTok a una empresa estadounidense, a pesar de que esta ha invertido millones en almacenar sus datos en la empresa Oracle en EE. UU. y seguir todos los requerimientos del gobierno.

Obviamente, el motivo no es la seguridad, sino la guerra que ha iniciado EE. UU. contra el avance tecnológico de China. La misma secretaria de Comercio, Gina Raimondo, ha dicho literalmente que China es la mayor amenaza de su país y que están dispuestos a lo que sea por evitar su desarrollo tecnológico.

En los últimos tiempos, también han emprendido una guerra contra los autos eléctricos (AE) chinos y productos relacionados a tecnologías limpias, como paneles solares y baterías de litio. 

Días antes de la visita de Blinken, Janet Yellen, secretaria del Tesoro de EE.UU., estuvo en China. Por mucho que intentó caer bien, su comentario sobre la supuesta sobrecapacidad de producción china agrió toda su visita. 

Según Yellen, el problema principal es que empresas chinas van a hacer que bajen los precios y empresas occidentales no podrán competir. Este comentario llega después de que Elon Musk, dueño de Tesla, declarara que se necesitan barreras arancelarias frente a los AE chinos porque son muy buenos y no tendrán competencia.

En cuanto a los AE, más del 85 % de la producción china está destinada a la demanda interna. Lo mismo sucede con otros productos relacionados a tecnologías limpias. Las empresas chinas están lejos de poder suplir la demanda internacional. Tienen una competencia férrea dentro del mercado interno. Por ello, se han vuelto tan competitivas. 

Los países occidentales, cada vez más decadentes, no pueden competir. Necesitarían, primero, cambiar su sistema político y económico, así como brindar mejores condiciones a sus poblaciones.  

Por otro lado, cabe preguntarse cuál es el problema con AE, y demás productos del rubro, de calidad y a buen precio, en estos tiempos en los que se necesita depender lo menos posible de los combustibles fósiles. Para los consumidores, es una muy buena noticia. 

La ilusión de romper el vínculo sino-ruso

El tercer punto en la agenda de Blinken era la relación entre Rusia y China. Según la parte estadounidense, Rusia no ha colapsado por el vínculo comercial que mantiene con China. En otras palabras, quieren responsabilizar a China de su fallida política de sanciones económicas. 

La posición china frente a la guerra entre Rusia y Ucrania da para un texto aparte, pero cabe resaltar algunos puntos.

Primero, China también es el mayor socio comercial de Ucrania. Este país era un punto neurálgico de uno de los corredores de la Franja y la Ruta. Los chinos han perdido muchísimo en medio del conflicto.

No habrá forma de romper el vínculo entre Rusia y China.

Asimismo, desde hace mucho, China ha publicado un documento con su propuesta de paz. Es una posición muy diferente a la de países occidentales, que solo se dedican a inyectar dinero para armamento. También, el enviado especial ha viajado a Ucrania y otros países europeos, obviamente, sin tener mucho éxito.

Segundo, el triunfo de Rusia es también una cuestión de supervivencia para China. Los chinos tienen claro que esta es, en realidad, una guerra proxy entre Rusia y la OTAN. Entienden que, si Rusia fracasa y fuera dividida, los siguientes en la lista son ellos, y les tocaría luchar desde una posición más vulnerable porque tendrían su frontera del norte a merced de países con gobiernos vasallos de EE. UU.

Por ello, no habrá forma de romper el vínculo entre Rusia y China.

El fiasco de Blinken

Blinken llegó primero a Shanghái y luego viajó a Pekín. Los internautas chinos, inmediatamente, resaltaron que fue recibido sin alfombra roja, una señal de que el momento no es bueno.

En Shanghái, además de asistir a un partido de baloncesto e ir a comer a una zona tradicional de la ciudad, se reunió con el alcalde. Entre los temas discutidos, pidió un trato justo para las empresas estadounidenses en China. Sí, pidió aquel trato que no dan a las empresas chinas en su país. 

En Pekín, Blinken se reunió, primero con Wang Yi, con quien se dice tuvo una reunión muy tensa, que incluyó una advertencia del canciller chino sobre el comportamiento de EE. UU. con relación a Taiwán.  Luego, lo recibió Xi Jinping.

El lado chino repite lo mismo cada vez que hay reuniones: tenemos la obligación de llevarnos bien, el mundo es lo suficientemente grande para los dos países, debemos ayudarnos mutuamente y no herirnos, etc.

Luego de la partida de Blinken, el Gobierno chino anunció que apoyaría el pedido de Rusia de exigir una investigación independiente sobre el atentado a los gaseoductos de Nord Stream en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ese también fue un mensaje para Washington.

Esta vez, a diferencia de las anteriores, sí hubo una mayor insistencia en que la parte china tiene un comportamiento consistente, mientras que la contraparte dice algo y luego hace otra cosa. En otras palabras, se están hartando.

Solo se mencionó a Ucrania en el comunicado de la reunión con Wang Yi y como un mero intercambio.

Las bases endebles de la relación sino-estadounidense

Lo cierto es que el vínculo entre ambos países se construyó sobre bases endebles. EE. UU. decidió abrir relaciones con China no solo para hacer contrapeso a la Unión Soviética, sino también bajo la creencia de que la liberalización económica conllevaría a la liberalización política.

Los estadounidenses también estaban muy contentos con una China que producía productos sin valor agregado y de bajo costo, lo que permitía a la oligarquía del país ganar mucho, a costa de la clase trabajadora estadounidense.

El "romance" terminó cuando China empezó a desarrollar su propia industria tecnológica. Eso sí les resulta inaceptable y, como hicieron con Japón hace unas décadas, han emprendido una guerra contra China desde varios frentes. Les encanta el libre mercado, siempre y cuando sean ellos los que ganen.

Blinken llegó derrochando la típica arrogancia occidental. Aún no entienden que ya no son el centro del mundo o no quieren aceptarlo. Por ello, sus acciones parecen más desvaríos de una persona enferma que diplomacia del país más poderoso del mundo.

El problema para ellos es que China no es Japón y cuando creyeron que pondrían las condiciones, los chinos le voltearon la partida. Solo recibieron a Blinken para marcarle los límites. Aun así, después de las reuniones, este siguió amenazando con sanciones.

Una vez pasada la risa por el ridículo estadounidense, empieza la preocupación. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar EE. UU. en su guerra contra China? Mientras más hagan, no solo ponen en riesgo a los ciudadanos de ambos países, sino al mundo entero.

 

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