Por Rafael Céspedes Morillo
Los líderes políticos, para fines de votación, no necesariamente son lo que realmente son, porque casi siempre —por no decir siempre, aunque existan excepciones— pasan a ser lo que la gente cree que son, o lo que la estrategia los convierte en lo que aparentan ser.
Creí importante referir esta diferencia porque algunos políticos dicen practicar el “yo soy como soy”, auténtico y genuino. En esos casos, seguirán siendo eso, pero jamás serán otra cosa, porque el votante no elige a un candidato porque sea auténtico; lo elige porque le resulte conveniente, y todo lo que esto significa a la hora de la votación o de emitir el voto.
“Fulano me parece auténtico, pero no es el momento para él”. Eso pasa muchas veces. Difícil de romper, por no decir imposible.
Siguiendo nuestro análisis del escenario político dominicano a futuro cercano, veamos el caso de Carolina Mejía. Tiene el total apoyo de su padre, segundo líder en el PRM, aunque desmejorado por no tener control del poder y sabiéndose que ya no podrá ser candidato.
Carolina, en lo personal, tiene una serie de condiciones que le favorecen: simpatía, buena imagen, humildad, carácter agradable y algunos niveles de experiencia que deberían servirle de apoyo importante. Sin embargo, las está reservando, no las reconoce o no sabe utilizarlas. Lo real es que su candidatura no avanza en los niveles que, desde el punto de vista de la lógica, debería avanzar, o por lo menos lo que muchos esperaban, entre los que me encuentro.
Las acciones de ese sector parecen indicar que esperan que otros se decidan; no buscan, solo esperan. Eso es lo que parece, aunque no necesariamente sea así, pero mientras ellos esperan, los que pudieran apoyarle, también esperan a que cambie lo que luce como indecisión.
Todos los otros precandidatos a la presidencia en el PRM parecen buscar algo diferente, pues, según los veo, andan perdidos y no saben dónde llegar.
Un caso especial es el de la vicepresidenta. Ella volvió a dormirse y no ha despertado, por lo que el sueño que tuvo se desvaneció o fue una visión auto dirigida, o no real. Sin embargo, puede ser una pieza clave cuando, en unos meses, se cierren puertas de manera formal y se abran otras: las de las negociaciones.
Entonces, podríamos ver a Raquel Peña continuar en sus funciones de vicepresidenta, fruto no de un sueño propio, sino de un acuerdo entre otros; en el que ella solo participe como pieza de ajedrez bien manejada.
En el PLD insistimos en marcar que allí hay una sola línea: Danilo. No hay nadie por encima, ni siquiera en paralelo con él. Allí se hace y se repite lo que decida y diga Danilo; lo demás es silueta.
Gonzalo Castillo, a quien veo por encima de todos los otros precandidatos del PLD, tiene, sin embargo, un techo muy bajo. No se le ve hacer nada para traspasar ese límite. Se repite a sí mismo, les habla a los suyos, y de esa manera no tiene forma de crecer; por ende, probablemente no llegará ni siquiera a donde llegó la vez anterior.
Francisco Javier es trabajador, pero sus sembrados, por una u otra razón, no nacen, no crecen, no se reproducen, no paren; de modo que sus cosechas están siendo y serán escasas.
Abel Martínez no dice nada, pero, si no me equivoco, lo veo hablar con su silencio y algunos actos, de manera diferente. La vez pasada llegué a sugerirle públicamente algunas cosas y, a veces, parece decirme que es ahora cuando me hará caso.
Creo que él piensa saltar y lo vamos a ver trabajar, en unos meses, por una candidatura indefinida y sin aparente color; una candidatura que, como buen camaleón, veremos convertir su morado en una tonalidad más de la naturaleza y, con los meses, transformarse lentamente en verde.
Claro, asumo además que busca ser el segundo, aunque todavía no sabemos cómo real y efectivamente sería recibido, de ser cierta mi visión.







