Por Rafael Céspedes Morillo
Cualquiera que ame la decencia debe odiarte, y algunos hasta te desearán la muerte, y quién sabe qué más o peores cosas te habrán deseado.
La verdad es que yo no soy admirador de lo negativo, y para mí, tú eres negativo. Eres una inteligencia mal encauzada o mal usada, aunque hayas logrado lo que muchos no han podido, hacer dinero, para algunos un objetivo.
Pero no te deseo lo malo, ni te odio, me encantaría, eso sí, que no existiera del modo que existes, que de existir lo fuese de modo positivo y eso no es imposible. Confío en que algún momento el Señor te ilumine y sea de apoyo a lo bueno.
Eres un fenómeno, pero negativo para la sociedad, al margen de que haya sido positivo para tus finanzas y para algunos de quienes te rodean. Y aquí surge la primera pregunta que la gente como yo nos hacemos: ¿es justo y correcto hacer fortuna haciéndole daño al país? No voy a poner la respuesta, porque entiendo que se deduce de lo referido.
Claro que algunos políticos se te acercan buscando tu aprobación; creen que eres capaz de impulsar el voto hacia donde decidas encauzarlo.
¡Wao! Qué lástima que seas así, aunque, afortunadamente, no es grande el segmento que en esa dirección puedas influenciar. Y te explico el porqué.
La capacidad de entretener no es igual a la capacidad de motivar. Los seguidores de Cuquín Victoria, de Boruga y de otros no los catapultan para que sus admiradores, como artistas, sean ni remotamente los mismos si decidieran postularse. Sus admiradores se limitan a seguirlos dependiendo de para qué quieren que los sigan. A ti te siguen porque eres capaz de decir cosas que otros no nos atrevemos; sabemos decirlas, pero respetamos nuestra sociedad y a nosotros mismos.
A gente como yo le apena mucho que ese gran talento que tienes para crear y manejar cosas, escenarios y situaciones, no lo hayas encauzado por mejores senderos, con mejores formas y maneras.
Por ejemplo, en vez de decirle a alguien “mama g…”, dile incapaz; dile cómo capacitarse, cómo ser y actuar para progresar.
Hay posiciones —y algunas de las tuyas parecen ir por ahí— de que al pueblo se le da lo que le gusta. Pero los que pensamos en ayudar y no en aprovecharnos de eso, hacemos lo que le conviene al pueblo.
Quizás tú nunca has tenido hambre; quizás fuiste a una escuela; y lo más importante, no hay duda de que usas el cerebro, cosa que muchos no hacen, pero no es porque no quieren, sino porque no saben cómo hacerlo.
Ese sería un mejor papel para ti: enseñar al pueblo a cómo usar el cerebro, y no a cómo decir vulgaridades, ni a exhibir capacidad de producción con una desatención de los más mínimos elementos de urbanidad y decencia. ¿Será que, si usaras la decencia en el lenguaje, sientes que no serías tú, que no sería igual la alta producción que dices tener?
Muchos te usan, y seguirá siendo así, creyendo que eso les proporciona beneficios. Yo no estoy seguro de que sea así, pero hay muchos que te envidian, que se preguntan: “¿Por qué no se me ocurrió hacer eso?”. Otros nos decimos: “Jamás sería yo capaz de hacer dinero con el mal a otros”. Y más aún, muchos dirán: “¿cómo lo toleran?, ¿por qué el gobierno, en vez de apoyarlo, no lo saca de circulación?”
Son muchas las interrogantes que surgen en torno a ti. Muchos no entienden cómo un pueblo puede sentirse bien viendo y escuchando tantas cosas sin valor de ningún tipo. Hay quienes dicen que es por una simple razón: la falta de educación y de propósito en la gran mayoría de tus seguidores.
Quién sabe hasta cuándo durará tu “reinado”. Confío y espero que sea poco, pero también pienso que no acabará por ahora, porque en el campo de la realidad, ese pueblo que te sigue por vulgar no conoce de otra cosa; no sabe distinguir porque no puede comparar, y mientras sea así, te seguirán.
Pero yo confieso que a veces me he preguntado: si este tipo (tú) encauzaras su inteligencia y capacidad de crear y trabajar dentro del marco de los valores éticos, morales y cívicos, qué bueno sería. Así pediríamos que surjan cientos y hasta miles de Alofokes.
Esto es un simple comentario, sin pretensiones de que sea tomado como consejo, pero si así fuese, ¡ALELUYA!.







