La violencia intrafamiliar

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Por Federico Pinales

La violencia doméstica hace tiempo viene siendo tratada superficialmente, enfocada básicamente en las agresiones de los hombres hacia las mujeres, sin ir al fondo del problema y sin tocar las raíces de los femenicidios, los cuales no se erradicarán solamente condenando a los victimarios visibles, quienes a veces son más víctimas que las personas a las que ellos les quitan las vidas.

Con lo anterior no estoy justificando los asesinatos de mujeres por parte de los hombres, ¡Dios me libre!, porque tengo una madre, 8 hermanas, dos hijas, dos nietas, cientos de primas y una legión de amigas fieles, a quienes amo y adoro casi con pasión.

Nunca he tocado en forma violenta a ninguna dama, ni siquiera a mis hijas, para disciplinarlas cuando eran pequeñas y luego adolescentes.

He sido seriamente provocado en múltiples ocasiones, por damas que, primero me han jurado amor eterno y luego han hecho hasta lo imposible para destruirme, moral, espiritual, material, económica y físicamente.

Si hubiera sido un ignorante desequilibrado, sin formación académica, espiritual y moral, hace tiempo que estuviera preso a cadena perpetua por violencia doméstica, mientras las supuestas víctimas estuvieran en las calles riéndose a mandíbulas batientes, sin ningún remordimiento, como probablemente esté sucediendo en muchos rincones del mundo.

Es imperativo y urgente que este tema empiece a tratarse con más seriedad y una profundidad objetiva en beneficio de todo el núcleo familiar, no solamente de la mujeres, algunas de las cuales abusan descaradamente de todos los factores que les favorecen. Sentimentales, legales, sociales, sexuales y hasta familiares.

Si el Congreso de la República no modifica la ley discriminatoria que crea el Ministerio de la Mujer y que garantiza la erogación de fondos del Estado solamente para la defensa de ese sector, se estará haciendo cómplice de los crímenes silenciosos cometidos por algunas damas contra los hombres y hasta contra sus propios hijos.

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