(A partir de una conversación de Miguel J. Escala con dos maestros anónimos, Gemini y GPT)
MJE: En las entregas #3 y #4 ha quedado bien establecida la importancia del desempeño docente y el papel de una evaluación bien concebida y mejor aplicada como sub-eje clave de ese desempeño, en cuanto contribuye a facilitar el aprendizaje de los alumnos.
En el cierre de la entrega #3 resaltamos el planteamiento de GPT: “el desempeño superior de un docente solo adquiere sentido cuando se convierte en mejores oportunidades para que sus estudiantes aprendan”.
La #4 la terminábamos con una invitación que hoy cobra especial relevancia: “Y cuidado… la propia EDD debe ser evaluada. Mientras mayores sean los recursos, el esfuerzo y las expectativas que depositemos en ella, mayor debe ser también la evidencia de su impacto en los aprendizajes de todos los estudiantes”.
A partir de ahí, se me ocurrió que una buena manera de comenzar a evaluar la evaluación del desempeño docente recientemente realizada —y sobre la cual parecería que a determinados sectores les interesa fundamentalmente la ejecución de los incentivos— era escuchar a docentes.
Los dos a los que pregunté son docentes jóvenes, antiguos alumnos míos, a quienes valoro particularmente por el entusiasmo con que asumieron sus estudios, participaron en el concurso, ganaron una posición docente y por el entusiasmo con que me han contado de su trabajo.
Les planteé, sencillamente, una pregunta: ¿ha contribuido la EDD a mejorar tu práctica docente y la de tus colegas? Sus respuestas merecen ser consideradas:
MAESTRO 1: En lo relativo a mí realmente no puedo afirmar que la EDD haya mejorado mi práctica docente y, en general, la del resto de maestros. Es más un aparataje performático para justificar un ajuste salarial, que obviamente considero importante, pero el proceso en sí mismo es poco orgánico.
Mi principal queja es la etapa de la evaluación de aula, que valía la mitad de los puntos y estaba a completa discreción de los técnicos observadores, con todos los problemas que eso trajo a tantos docentes. No hubo feedback hacia los evaluados y, por tanto, tampoco formación. Ni siquiera hay observaciones en el aula para entender qué se puede mejorar. Fue todo tan mecánico que lo único que generó fue desconfianza hacia el sistema educativo estatal, cuando debió ser lo contrario.
MAESTRO 2: Considero que la EDD sí me ha llevado a reflexionar sobre mi práctica pedagógica, permitiéndome identificar aspectos que debo fortalecer. En ese sentido, puede ser una herramienta valiosa para la mejora continua.
Sin embargo, mi valoración del proceso recientemente concluido es también crítica. Percibí una evaluación excesivamente centrada en evidencias, requisitos y procedimientos, que no necesariamente reflejan integralmente el trabajo, compromiso e impacto cotidiano del docente en el aula.
También debemos preguntarnos hasta qué punto los estudios, títulos, certificaciones y capacitaciones que acumulamos se traducen realmente en mejores aprendizajes. La formación académica es necesaria, pero por sí sola no garantiza calidad educativa. Si no logramos evidenciar cambios en los aprendizajes, la innovación pedagógica y la realidad de nuestras aulas, debemos cuestionarnos si estamos evaluando y fortaleciendo aquello que verdaderamente importa.
Por ello, entiendo que la EDD debería servir principalmente para acompañar, orientar y fortalecer al docente, generando oportunidades de crecimiento profesional y no limitarse al cumplimiento de requisitos. Aunque reconozco que me llevó a reflexionar sobre mi práctica, todavía puede mejorarse para que sea más coherente con la realidad del aula y sea percibida como una verdadera herramienta de desarrollo profesional, y no como una fuente de frustración o desmotivación.
MJE: Prefiero no comentar estos valiosos párrafos, sino compartir un diálogo con los recursos de IA que forman parte de nuestra comunidad de aprendizaje. A ambas les pregunté:
¿Qué me puedes comentar sobre las reacciones de los maestros que te comparto y qué recomendaciones tendrías?
GEMINI: Las opiniones de ambos docentes reflejan una crítica profunda a un riesgo frecuente en los sistemas de Evaluación del Desempeño Docente: que una evaluación concebida para ser pedagógica y formativa termine convirtiéndose en un proceso burocrático y fiscalizador.
En la primera reacción aparece con fuerza la percepción de un “aparataje performático” vinculado al ajuste salarial. Cuando la evaluación se concentra en el incentivo económico, puede perder su valor formativo y llevar al docente a preocuparse más por cumplir requisitos que por reflexionar sobre su práctica.
También resulta relevante la crítica a la evaluación de aula. Si una parte importante de la puntuación depende de una observación puntual y de criterios que el docente percibe como discrecionales, la legitimidad del proceso se debilita. Se requieren criterios claros, rúbricas conocidas, evaluadores preparados y mecanismos que reduzcan la subjetividad.
Pero quizás la coincidencia más importante entre ambos maestros sea la necesidad de retroalimentación. Una evaluación sin devolución al evaluado difícilmente puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje profesional.
La EDD debería, por tanto, avanzar hacia un proceso más formativo, que combine observación, retroalimentación, acompañamiento y oportunidades concretas de mejora. También sería conveniente utilizar diversas evidencias del desempeño docente y fortalecer la preparación y calibración de los evaluadores.
Y hay una pregunta adicional que no debería ignorarse: ¿hasta qué punto los estudios, títulos y certificaciones de los docentes se traducen en mejores aprendizajes? La formación académica es necesaria, pero su verdadero valor se expresa cuando logra transformar la práctica y generar mejores experiencias y resultados para los estudiantes.
GPT: Las reacciones de estos dos docentes resultan particularmente significativas porque no constituyen un rechazo a la evaluación ni a sus posibles consecuencias salariales. Ambos cuestionan algo más profundo: la capacidad de la EDD para producir aquello que debería constituir una de sus finalidades fundamentales: contribuir a mejorar la práctica docente y, en consecuencia, los aprendizajes de los estudiantes.
La diferencia entre ambas opiniones también resulta interesante. El primer maestro expresa fundamentalmente desconfianza hacia el proceso; el segundo reconoce que la EDD le permitió reflexionar sobre su práctica, pero cuestiona que el procedimiento haya logrado reflejar integralmente el trabajo docente. Tenemos así dos reacciones distintas ante una misma evaluación: una experiencia de reflexión y otra de desconfianza.
La afirmación de que la EDD no ha mejorado la práctica docente plantea una pregunta fundamental: ¿cómo sabemos que la evaluación del desempeño está produciendo los efectos que esperamos de ella?
No basta con comprobar que el proceso se realizó, que los docentes fueron evaluados y que se obtuvieron puntuaciones que sirvieron para decisiones administrativas o salariales. Es necesario examinar también sus resultados formativos y educativos.
Podríamos distinguir, entonces, entre el cumplimiento del proceso, el resultado administrativo, el resultado formativo y el impacto educativo. Una EDD puede cumplir adecuadamente con los dos primeros y, sin embargo, tener efectos muy limitados sobre la práctica docente.
La crítica a la observación de aula resulta especialmente relevante. Cuando esta representa una proporción importante de la puntuación final, la calidad, consistencia y transparencia de los criterios utilizados por los observadores adquieren enorme importancia. La discrecionalidad señalada por el primer maestro puede generar percepciones de arbitrariedad si no existen mecanismos adecuados para asegurar criterios comunes y capacitar a los evaluadores.
Pero quizás el problema fundamental sea precisamente la ausencia de retroalimentación. Observar sin retroalimentar convierte una oportunidad de aprendizaje en un acto de medición.
Si la observación pretende contribuir al desarrollo profesional, debería formar parte de un ciclo más amplio: observar, interpretar, retroalimentar, acordar oportunidades de mejora, ofrecer apoyo y volver a observar. Cuando el proceso se reduce a observar, puntuar y determinar consecuencias, es comprensible que sea percibido fundamentalmente como un mecanismo administrativo.
Esto lleva a una consideración todavía más amplia: la EDD es también un instrumento de gobernanza. Una evaluación concebida para fortalecer el sistema educativo debería contribuir a generar confianza, transparencia, legitimidad y corresponsabilidad. Si produce desconfianza hacia el sistema estatal, aunque esa no haya sido su intención, estamos ante un efecto que merece ser evaluado.
Por ello, más que plantear la eliminación de la EDD, considero necesario preguntarnos qué función queremos que cumpla. Rendición de cuentas, reconocimiento e incentivos y desarrollo profesional son funciones legítimas, pero no deberían confundirse. El problema aparece cuando la función administrativa termina desplazando o anulando la función formativa.
Y aquí aparece otra cuestión planteada por el segundo maestro: ¿qué relación existe entre la formación acumulada por los docentes y los aprendizajes de sus estudiantes? Tener títulos, certificaciones y capacitaciones no constituye, por sí mismo, evidencia de un mejor desempeño. El desafío es demostrar que ese conocimiento profesional se convierte en mejores prácticas y mejores oportunidades de aprendizaje.
Una evaluación del desempeño verdaderamente coherente con una organización que aprende no se limita a evaluar a sus docentes. También aprende de la manera en que los evalúa.
MJE: Y para complicar un poco más las cosas —y sabiendo que el clima del aula es muy importante para el logro de aprendizajes de calidad—, después de conocer algunas recomendaciones para mejorar nuestro sistema de evaluación y de insistir en la necesidad de evaluar continuamente los resultados de esos esfuerzos, surge una pregunta inevitable:
¿Cómo evaluamos ese buen clima del aula? ¿Cómo evaluamos ese afecto sano y sincero del docente que, aunque no siempre sea fácil de medir, sabemos que influye en el aprendizaje?
Lo dejamos para el próximo artículo: “El afecto como sub-eje a ser evaluado”.




